Querida Nicaragua: Panamá ha demostrado su hidalguía, la defensa de los valores democráticos y su prestigio como nación erguida frente a los tiranos.
En lo más crudo de la lucha del pueblo nicaragüense contra la dinastía somocista, cuando aparecían los cadáveres en la cuesta El Plomo y cuando los Becat, seguramente drogados, apaleaban a diestra y siniestra, necesitaba el movimiento insurreccional nicaragüense dar a conocer en el mundo la tragedia que estaba viviendo.
Fue entonces cuando Panamá ofreció su asiento en la OEA, para que don Miguel Descoto Brockman denunciara la barbarie que estaba ocurriendo en nuestro país. En aquel tiempo la OEA era un organismo prestigioso donde las democracias denunciaban sin temor a los regímenes que violaban los derechos constitucionales de los pueblos. El secretario general de la organización era don Alejandro Orfila, y luego de la denuncia de Descoto la OEA envió a Nicaragua una comisión para observar la situación que se vivía, la cual presentó su respectivo informe que naturalmente fue desfavorable para el régimen de Somoza Debayle. Aquel fue un golpe contundente a la dictadura, gracias a la oportunísima colaboración de la República de Panamá al ceder su asiento para que el mundo supiera la tragedia de Nicaragua.
Unos días después, el 20 de ju
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nio de 1979, vino el golpe de gracia para la dictadura cuando un guardia nacional puso de rodillas y asesinó de un balazo al periodista de ABC News, Bill Steward. La escena fue filmada por un compañero del periodista asesinado y fue presentada en la OEA y en la televisión mundial. Con este acto brutal quedó marcado definitivamente el destino de la dictadura de Somoza.
Lo que Panamá hizo en 1979 al ofrecerle a Descoto su asiento en la OEA, fue precisamente lo que hizo ahora cediendo su asiento a la diputada y líder opositora venezolana María Corina Machado, la que fue impedida de presentar su denuncia contra la dictadura venezolana de Nicolás Maduro, gracias a la intervención del representante de Nicaragua, al sugerir que la denuncia se hiciera en privado y no en público.
Panamá le tendió su mano generosa a Nicaragua en 1979 para que se denunciara la barbarie, y ahora es la propia Nicaragua la que se opone a que la oposición venezolana denuncie la barbarie del dictador Nicolás Maduro. Esta es casi una ofensa para Panamá, el país gracias al cual Nicaragua logró denunciar su tragedia ante el mundo. Bien dice el dicho popular: “Mal paga el diablo a quien bien le sirve”.
María Corina Machado con toda cortesía agradeció a quienes votaron por dejarla participar y sonriente se retiró a dar una conferencia de prensa de cubrimiento internacional. Es decir, que la innoble acción del representante de Nicaragua no significa que la barbarie que vive Venezuela pueda ser ocultada o mantenida en secreto.
Los que debieran sentir vergüenza en estos momentos son los representantes de aquellas “democracias” vergonzantes incapaces de proclamar sus valores morales a cambio de unos cuantos barriles de petróleo que probablemente no puedan conseguir en un futuro cercano.
Pero es que la vergüenza, la dignidad, el prestigio no se compran en ningún almacén ni se venden en ninguna pulpería. Estos son atributos que se llevan dentro y que se aprenden desde la niñez viendo el ejemplo de familias honorables cuya palabra vale más que su propia firma.
Por ahora ¡Cómo brilla reluciente y pura la bandera panameña! Panamá ha logrado distinguirse como la única república latinoamericana que no tiene miedo de defender su democracia y de salvaguardar su dignidad de nación. No le teme a los gorilas aunque estén bañados de petróleo, sigue ofreciendo su asiento en la OEA para que hable María Corina Machado. Y tiene disponible ese asiento para todos aquellos pueblos que padezcan dictaduras oprobiosas. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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