Cuando la actual oposición política se unifique se tendrá que trazar un objetivo común viable que logre aglutinar a su alrededor a la mayoría de la población. Luego se deberá trazar una estrategia que contemple la toma del poder en Nicaragua, lo cual implica formular las respectivas tácticas de cada operación dentro de la estrategia aprobada.
En cualquier tipo de estrategia —sea militar, cívica, política, etc.— es de rigor conocer al máximo posible al adversario (contrincante, competidor) que se proponga vencer. Se tienen que conocer en detalle todas sus fortalezas, debilidades, puntos de apoyo, aciertos, desaciertos y cuanto otro elemento más. Para entrar en combate no se puede improvisar ni actuar a la loca, como lo hace un conocido pugilista. A tapazos no se gana ninguna pelea seria.
Lo primero que hay que conocer a fondo es al jefe de la tropa, que —en el caso de la política criolla actual— es Daniel Ortega, cuya idea general es que exista una sola voz de mando, con todos los poderes del Estado a sus pies. Cualquiera diría: Pero eso es lo que existía en Nicaragua en la época de la familia Somoza. Entonces, ¿por qué Ortega entonces rechazaba ese sistema? Sencillamente porque no era él quien estaba en la cúspide de la pirámide.
Ahora está bien porque él está instituyendo ese tipo de régimen, pero si llega al poder otro personaje que no sea él mismo, ¿se someterá a esas mismas reglas que él está instaurando ahora? Es evidente que no, pues ha demostrado palmariamente que uno de sus vicios es violar la Constitución. Minutos antes de la aprobación de las “reformas” a la Carta Magna —que justifican todo lo que había hecho en contra de las leyes vigentes— ya las estaba violando. Es un violador empedernido.
Esa actitud y todos esos actos deben formar parte del análisis que la oposición política debe tomar en consideración, a fin de diseñar una respuesta adecuada, no para acomodarse, sino para hacer valer los principios y valores del tipo de sistema que se piensa que debe imperar en Nicaragua.
La verdad es que los planes de la oposición deben ir más allá de la preparación para la siguiente contienda electoral, ya que para atraer y captar la simpatía de la mayoría silenciosa se necesita presentar un proyecto viable, verosímil, confiable. De otra manera, la población se mantendrá como hasta ahora. En vez de achacarles apatía a los ciudadanos, hay que convencerlos con hechos reales, no solo con palabras.
Las pocas y desnutridas manifestaciones de protesta por los múltiples abusos de parte de diferentes entidades del gobierno no son indicativas de la aceptación ciega de los desmanes continuos y permanentes del régimen por parte del pueblo, como tampoco significa que el silencio sea encubridor (el que calla otorga) de todo lo que pasa, sino que aún no se ha llegado al punto donde una chispa tenga la capacidad de encender la pradera (por utilizar una frase común), puesto que lo que existe es prudencia y expectativa.
La oposición todavía tiene opciones, por consiguiente debe tejer muy fino en cuanto al rumbo que va a seguir en estos próximos meses y años. Tiene que deponer las actitudes de distanciamiento ante los desamparados y a la vez acomodaticias ante el poder; y bajar a la llanura, donde se encuentra la fórmula para que la población se decida a apoyar la unificación de todos los insatisfechos e inconformes con el estatus quo. El autor fue sindicalista cristiano.
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