Dos sujetos que se movilizaban en una motocicleta, asaltaron al periodista Néstor Arce, encargado de las redes sociales de LA PRENSA, a quien despojaron de su billetera y de la tableta que usaba para el manejo de las diferentes cuentas de redes sociales de este Diario. El asalto, con características de un operativo de “inteligencia” de los órganos represivos del Estado, ocurrió a la medianoche del domingo 2 de marzo, cuando el periodista se dirigía a su domicilio después de terminar su extendida jornada de cobertura de las elecciones regionales de la costa Atlántica.
El lunes 3 de marzo, a las 8:40 minutos de la noche, precisamente cuando Daniel Ortega “apareció” en el Aeropuerto Internacional de Managua para recibir al cardenal Leopoldo Brenes, desde la cuenta de Twitter de la sección juvenil de LA PRENSA, Aquí Entre Nos, se envió y repitió el siguiente mensaje: “Espere nuestro reportaje especial de la muerte del ‘bachi’ Daniel Ortega”. “El bachi”, como se sabe, es un popular apodo de Ortega que le puso el caricaturista Manuel Guillén en El Azote, el suplemento humorístico dominical de LA PRENSA .
Al parecer, la intención del asalto con tufo a operativo de seguridad del Estado que sufrió nuestro periodista Néstor Arce era achacar a LA PRENSA la responsabilidad por el rumor que circuló intensamente dentro y fuera de Nicaragua, acerca de que Daniel Ortega había muerto en un hospital de La Habana, Cuba. Suponemos que de esa manera se pretendía desacreditar al Diario LA PRENSA —por ser el periódico más antiguo, de mayor circulación, con más credibilidad e irreductible posición en defensa de la democracia y denuncia de la dictadura y la corrupción—, presentándolo como un propalador de rumores.
Por cierto que, LA PRENSA más bien manejó con prudencia y con su acostumbrada responsabilidad informativa la prolongada, inexplicada e injustificada ausencia de Daniel Ortega a lo largo de 12 días, durante los cuales canceló eventos oficiales tan importantes como la visita del presidente de Ecuador y la conmemoración del 36 aniversario de la muerte de Camilo Ortega, guerrillero sandinista hermano del actual dictador de Nicaragua. Ausencia que puso en evidencia, una vez más, la arrogancia de Daniel Ortega y su irrespeto al pueblo de Nicaragua, pues aunque él sea un presidente inconstitucional, sin embargo, es el principal empleado público del país y, por lo tanto, tiene la obligación de informar sobre sus andanzas y sus ausencias, inclusive o sobre todo si es por razones de salud.
Pero con la “aparición” de Ortega, el lunes por la noche en el aeropuerto, donde se declaró “resucitado” por el cardenal Leopoldo Brenes, no se aclaró cuál fue la razón de su prolongada ausencia. ¿Fue acaso un montaje para justificar el manoseo político de la llegada del nuevo cardenal de Nicaragua, y, al mismo tiempo, atentar contra la credibilidad de LA PRENSA? ¿O fue tal vez para sondear cómo reaccionarían sus propios compañeros en el poder en caso de que falte definitivamente? Sería bueno saberlo, pero en el reino del secretismo gubernamental que es ahora Nicaragua, solo ellos saben lo que han pensado acerca de una eventual sustitución de Daniel Ortega.
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