Marta Leonor González
Nació en mayo, en 1961, en Managua. Ha sido dirigente político. Hoy no es raro verle promoviendo talleres de escritura y lectura entre niños, maestros y jóvenes autores que quieren destacar. Henry Petrie es directo, critica a sus colegas escritores sobre “los vicios” que les rondan, igual puede mirársele en algún diario, hablando de educación o criticando el sistema político del país.
No está ajeno a decir qué le hace falta a la literatura nacional, quiénes son sus maestros, cómo enfrenta los procesos de creación. Cuando la tarde cae en Managua, desde su casa, la plática inicia como un breve recorrido para pulsar lo que pasa con los narradores de hoy y su escritura.
Hace años dejaste la política y ahora te dedicás a la literatura, ¿qué tal ha sido ese cambio en tu vida?
Me fueron en 1998 (risas, risas, risas), y lo digo con cierto orgullo, pero no significa que hasta ese momento empezara escribir, ya lo hacía. Desde antes de estar en el Frente Sandinista cuando era chavalo en 1975, tenía mis poemitas de niño y adolescente que los llevaba en un cuaderno. A partir de 1998 me dedico más al estudio y profundización en el oficio de la escritura. Es decir, vengo más a reflexionar como escritor para profundizar en técnica, estrategia, y estructuras en la narrativa.
¿Cómo te ves desde que tomaste la decisión de solo escribir?
Muy bien porque tengo mi propio ritmo y mi propio universo literario. Aunque a veces, en el mundillo literario, siento que estoy en la esfera política, porque hay vicios y no sé si es por herencia o por alguna otra razón.
¿A qué vicios te referís?
La soberbia, por ejemplo. Escritores que solo buscan el figureo o la cerruchadera de piso, que acribillás al otro escritor que nunca lo has leído, pero decís que es malo. Una serie de cosas que son vicios de la política y del poder, y eso se manifiesta cuando algunos tienen una estatura literaria internacional, y usan el poder para sus propósitos, y cortan espacios a otras iniciativas.
EL MERCADO ORIENTAL
Tu novela Guanuca retrata una época en el país, los ochenta, ¿cómo la recordás hoy?
Guanuca ha sido calificada como una novela fragmentada. La empecé a escribir en los ochenta, cuando viví cinco años en Matagalpa, retrata la ciudad de aquel entonces, lo principal para mí en este tipo de novelas es transpirar el ambiente en el cual estoy escribiendo.
Retratás los mitos urbanos como en Fritongo Morongo, una novela del Mercado Oriental. ¿Cuál fue el reto?
Mi reto fue vivir el mercado. Fritongo Morongo me llevó cinco meses convivir con mercaderas en el Oriental, hice todo un itinerario de visitas al lugar desde la madrugada hasta muy noche.
Hice amigos, ahí un par de ellos todavía están. A mí me gusta no hacer de la literatura sociología, que cuando voy a escribir una novela tenga que ver con un determinado epicentro como lo fue indagar ese microcosmo dentro de Managua y para tener un mejor dominio hay que transpirar el mercado. Además para mí fue un reto porque nací a unas cuadras de ese lugar en el barrio Los Ángeles.
“Entre ellos destaca Joaquín Pasos Argüello, sobre todo su poema Canto de guerra de las cosas, que lo he venido estudiando. Los miserables, de Víctor Hugo; El Quijote, al cual siempre acudo cuando estoy en situaciones de riesgo, es decir, cuando me siento triste y tengo momentos difíciles. A Honore Balzac y José Luis Sampedro que descubrí en los noventa y que es un extraordinario maestro, todavía antes de morir era quien lideraba el movimiento de los indignados en España, y La insurrección solitaria, de Carlos Martínez Rivas.
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Tu constante es la marginalidad y los personajes alrededor de ella, ¿por qué?
La marginalidad está presente diario, aquí se habla de crecimiento económico, pero es una espuma, porque quienes crecen es donde se concentra la plata, por otro, está el crecimiento de la pobreza, vemos que no está creciendo la clase media, aquí hay un elemento sociológico de por medio que no es ajeno en mi literatura.
¿La novela que más te enorgullece?
Todavía no ha sido publicada (risas, risas, risas), y te lo digo con sinceridad está inédita, espera su turno de publicación. Pudiese decir que estoy fraguando una trilogía con Fritongo Morongo, Urbanidad Marginal y esa novela inédita que aborda lo marginal.
CONTAR HISTORIAS
Autores que dicen no leer literatura actual, ¿qué comentarios?
Creo que es una pose vieja, creí que había muerto con Francisco Ruiz Udiel, creo que es parte de la soberbia infantil del escritor nicaragüense joven de hoy en día. Es cierto, hay que leer a los clásicos, hay que leer a los escritores contemporáneos y a los que están entre los clásicos y los contemporáneos, pero también hay que leer a los actuales. Lo entiendo como un argumento tonto para decir, no soy lector en realidad.
¿Cómo diferenciás eso de contar historias y hacer literatura?
Contar historias lo hace cualquiera, hasta un cuentacuentos va y lo hace, pero hacer literatura se requiere de un arte, de una técnica que se estudia y en este caso encuentro esto como un argumento falso.
Se percibe un florecimiento de autores en el campo narrativo ¿a qué se debe?
Es un fenómeno que viene de hace rato. La promoción de la narrativa en general viene desde hace varios años, y se han impartido talleres, por distintas razones se ha impulsado más el cuento. Hay un fenómeno claro, el Centro Nicaragüense de Escritores está publicando más narrativa, porque según entiendo los poemarios no les dan resultados en términos comerciales, y entonces se van más ahora por la narrativa.
CONFLICTOS
¿Cómo visualizás la novela histórica?
La novela va a ser novela siempre que sea concebida como tal y estructurada como tal. Una cosa es hacer historia y otra es tomar la historia como pretexto de una novela, todo depende de la técnica y de la estrategia narrativa.
Si me vas a contar la vida de Sandino, tal y como la pueda leer en el Pensamiento vivo de Sandino me parece que no es novela, es mejor ir al libro de Sergio Ramírez, pero si me contás algo de Sandino que no se haya dicho en la historia oficial, pero que fue parte de esa historia oculta, eso sí, creo que aporta a la literatura nacional.
¿Qué conflictos vive un novelista en el proceso de creación y en el mercado editorial?
No me angustia mucho el mundo comercial editorial, ni me angustia el ser reconocido, ganar premios, estar en concursos, creo que eso no hace al escritor.
Uno de mis conflictos cuando escribo cómo voy a tratar la sicología que le estoy aplicando a mi personaje, sí es correcta o impostora. Me gusta que el personaje se desarrolle tal y como lo hace la gente de la calle, en el mercado con sus rasgos, su manera de pensar, creo que es lo más difícil.
Lo otro es la estructura de la novela lo que preocupa, ver cómo la voy a estructurar.
LA LECTURA
Además de escribir, sos promotor de la lectura y la escritura, ¿qué tal ha sido en la práctica?
Parte de mi filosofía es la función social y literaria como tal. Es una visión sartiana al respecto. Me preocupa que nos concentremos más en estar escribiendo y que luego nadie vaya a leer. Muchos escritores e incluso los jovencitos están preocupados de cómo ganar fama y no en joderse la vida, en cómo formar lectores, no solo para que lo lean sino para que lean a otros.
¿Qué autores recomendás para leer?
Al maestro Lizandro Chávez Alfaro y fundador de la narrativa nacional, a quien se precie de ser narrador tiene que haber leído la obra de Lizandro después Juan Aburto.
¿Qué falta en la narrativa nacional para que prospere con éxito entre los lectores?
Hay buenos narradores que tienen trayectoria y no por lazos de amistad te menciono a Juan Sobalvarro y Mauricio Rayo dentro de una generación intermedia.
El problema cuál es, que no hay editorial, no existe. No hay una promoción de los libros en el ámbito centroamericano y esa es una gran deficiencia a nivel central. Cómo vamos a promover la literatura cuando quienes tienen las grandes relaciones con las editoriales no promueven a los escritores si no les rendís pleitesías, creo que hay que promover la literatura de la dignidad en el sentido de que hay que escribir independiente de la fama y de la farándula.

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