Ariel Fiszbein
En días recientes tuve la oportunidad de visitar Managua con motivo del lanzamiento del Informe de Progreso Educativo Nicaragua 2014, realizado por Eduquemos. Durante dos intensos días pude conversar con muchos nicaragüenses comprometidos con el cambio educativo y conocer muchas iniciativas de origen privadas orientadas a mejorar la calidad de la enseñanza.
Al ver estas iniciativas es difícil no admirar el progreso que observamos en términos de la participación activa del mundo empresarial en los esfuerzos de mejorar la calidad educativa. La gran noticia es que la vieja idea que la educación es responsabilidad de todos se está convirtiendo en una realidad.
Hacia fines de los años noventa, yo trabajaba en el Instituto del Banco Mundial sobre el tema alianzas público-privadas. En aquel momento, entendíamos que el modelo en el que los ciudadanos, y en particular los empresarios, se “lavaban las manos” de los problemas sociales, estaba agotado y que un nuevo modelo en el que los actores públicos y privados colaboraban de manera sistemática para lograr resultados sociales debía reemplazarlo. Para demostrar este argumento, nos dedicamos por dos años a estudiar estas alianzas buscando entender cuáles eran los factores que las facilitaban o dificultaban. La realidad es que recibimos muchas miradas de duda y escepticismo, inclusive cuando publicamos un libro sobre el tema.
A partir del año 2000 asumí otras responsabilidades y me alejé por varios años de esta agenda. La realidad que reencontré recientemente al hacerme cargo de la dirección del programa de educación del Diálogo Inter-Americano (Preal), es una radicalmente distinta. Empresarios por la educación, es hoy no solo un concepto sino un factor fundamental en el rumbo que están tomando los países de nuestra región.
Los primeros pasos son siempre los más difíciles, y ya han sido dados con gran éxito. Existe hoy un reconocimiento en el mundo empresarial que la preocupación por la calidad educativa no es solo un tema de filantropía o conciencia social, sino una condición sine-qua-non para el desarrollo sustentable de un ambiente positivo de negocios y de avance en la competitividad. Del mismo modo, de manera creciente, los gobiernos, la prensa y la ciudadanía comienzan a reconocer que el sector empresarial tiene mucho para contribuir en los procesos de cambio educativo.
Vale la pena reconocer que no es solo un tema de recursos financieros. El sector empresarial tiene los recursos organizativos, gerenciales y técnicos para cumplir un rol de liderazgo y ayudar a destrabar procesos de cambio profundo en la manera que se gestionan las políticas educativas en nuestro continente. Sin menospreciar en lo más mínimo el trabajo que muchos empresarios hacen para contribuir con fondos y apoyos diversos a las escuelas, debemos reconocer que esos esfuerzos no son sustentables si, al mismo tiempo, no logran mejorar las políticas educativas: desde cómo se financia a cómo se administran y gestionan las escuelas, desde cómo se contrata a cómo se evalúa a los docentes.
Quince años atrás, nos costó encontrar buenos ejemplos de cómo el mundo empresarial se organizaba para influir en la calidad de las políticas educativas. Hoy, lo vemos ocurrir, en menor o mayor grado, en todos los países de la región.
Pero el desafío es todavía grande y requiere de la persistencia en el camino que se ha iniciado. Los empresarios movilizados por la educación van a continuar siendo un actor clave en la mejora educativa por muchos años. Mi visita a Nicaragua me sugiere que esa movilización será aún más importante si los muchos esfuerzos en curso se articulan unos a otros en el marco de una verdadera estrategia de cambio educativo que busque afectar el desempeño de las escuelas de un modo comprensivo y sistémico.
El autor es Director del Programa para la Reforma Educativa de América Latina y el Caribe PREAL.
PREAL@Inter-American Dialogue