La Iglesia católica lamentó por medio de un comunicado dado a conocer por la Santa Sede en Ciudad del Vaticano, el sesgo anticatólico del informe presentado por el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas que estudió las denuncias de abusos sexuales contra niños, cometidos por sacerdotes
En las “observaciones conclusivas” de dicho Comité que se dieron a conocer el miércoles de esta semana en Ginebra, se habla de los abusos cometidos por sacerdotes pedófilos como si la Iglesia se hubiese desentendido de ellos y los hubiera consentido. Incluso el informe hace caso omiso de la condena de la Iglesia a tales abusos y de la minuciosa información presentada al mismo Comité por una representación del Vaticano, el 16 de enero pasado, sobre las medidas que se han venido aplicando para erradicar ese terrible mal y sancionar a los culpables.
Al parecer, las “observaciones conclusivas” ya estaban redactadas cuando la delegación del Vaticano fue recibida por el Comité y este desestimó la información, con datos verificables, sobre todas y cada una de las medidas que la Iglesia Católica ha dispuesto contra los sacerdotes culpables de abusos sexuales contra niños.
El observador delegado del Vaticano en las Naciones Unidas, monseñor Silvano Maria Tomasi, declaró al respecto que aunque han sido pocos, relativamente, los casos de violaciones de niños por parte de sacerdotes católicos, en relación con los millones que se cometen en el mundo, “¡la Iglesia ha respondido y reaccionado y continúa haciéndolo! Debemos insistir sobre esta política de transparencia, de no tolerancia de abusos, ¡porque incluso un solo caso de abuso de niños, es demasiado!”
Pero eso no lo reconoce el Comité de los Derechos del Niño de la ONU, que más bien ha acusado a la Iglesia de no hacer nada y de ser prácticamente cómplice de los curas pedófilos. Peor todavía, como lo ha señalado el Vaticano en su comunicado sobre el informe y las conclusiones del Comité de las Naciones Unidas, este pretende “interferir en la enseñanza de la Iglesia católica sobre la dignidad de la persona humana y en el ejercicio de la libertad religiosa”. Se refiere a la pretensión de la ONU de dictarle a la Iglesia cómo debe enfocar los temas del aborto, la planificación familiar y la homosexualidad, y cambiar su doctrina de que la vida humana es un don de Dios y existe desde el mismo momento de la concepción en el vientre de la madre.
La preocupación de la ONU por los niños que son abusados sexualmente por sacerdotes católicos, y su exigencia de castigo a los culpables, es meritoria. Pero también tiene la obligación de reconocer lo que está haciendo la Iglesia en contra de esa aberración delictuosa. Y sobre todo, la ONU debe respetar la libertad religiosa, que incluye el derecho de la Iglesia católica y de todas las iglesias y creencias para determinar, difundir y defender sus valores religiosos y sus doctrinas morales sobre la vida y la conducta individual y social de las personas.
Además, como ha observado la punzante escritora cubana española, Zoe Valdez, ¿por qué la ONU no se preocupa también por el turismo sexual pedófilo que se practica en ciertos países, como Cuba, y por el vergonzoso hecho de que algunos estados miembros de esa organización son gobernados por pedófilos reconocidos?
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