El logro más importante de los gobiernos democráticos del período de 1990 a 2006 fue haber resucitado la economía nacional que 11 años de revolución, estatismo, confiscaciones y atropellos a la libertad de mercado y de propiedad, dejaron en estado de coma. Gracias a ese gran logro, cuando Daniel Ortega recuperó el poder encontró la mesa económica servida, como dijera don Enrique Bolaños al entregar la Presidencia en enero de 2007.
En el proceso de reconstrucción de la economía y de estabilización macroeconómica que comenzó el gobierno de doña Violeta y culminó el de don Enrique, fue un factor fundamental la institucionalidad del Banco Central de Nicaragua (BCN), que ahora es vulnerada por el inconstitucional presidente Daniel Ortega. Nos referimos específicamente a la destitución del anterior presidente del BCN mediante un procedimiento autoritario y transgresor de la Ley. Por muy merecida que fuese la destitución del anterior presidente de la entidad financiera del Estado, y por mucha idoneidad profesional que tenga su reemplazo, la remoción tenía que hacerse de acuerdo con las normas y el procedimiento establecidos en la Ley Orgánica del Banco Central.
La evidencia histórica a nivel mundial indica que un Banco Central independiente del poder ejecutivo, sin perjuicio de su facultad de nombrarlo y pedir su ratificación parlamentaria, crea confianza y asegura mayor estabilidad macroeconómica. Más todavía, la independencia del Banco Central es considerada como uno de los pilares de la democracia, junto con las elecciones libres y limpias, la alternancia en el poder, la independencia de la justicia, el Estado de Derecho, el control del gobierno y el respeto a las libertades individuales y los derechos humanos. La falta de independencia y de institucionalidad del Banco Central durante la revolución sandinista, fue precisamente lo que ocasionó las hiperinflaciones más altas y prolongadas de la historia moderna y el enorme retroceso de la economía nacional.
Es muy importante que el BCN tenga un presidente con la capacidad teórica y la experiencia práctica necesarias para manejar la deuda interna y externa del país, controlar la inflación y promover el crecimiento del PIB. Pero es indispensable también mantener la independencia del Banco ante el ejecutivo, que a menudo manosea o pretende manosear los asuntos financieros del Estado por mezquinos motivos políticos.
En materia económica y macroeconómica es tan importante el fondo como la forma en que se actúa. La economía de Nicaragua depende fundamentalmente de factores externos y en gran medida de la relación comercial con Estados Unidos, como lo ha reconocido el mismo nuevo presidente del BCN. Y la sanidad y buena marcha de la economía depende de que esta institución sea dirigida con independencia y sentido técnico, no sometida a intereses políticos o politiqueros.
El atropello a la institucionalidad del Banco Central cometido por Daniel Ortega al remover en forma dictatorial a su anterior presidente, solo se podrá reparar si el nuevo presidente, además de desempeñar el alto cargo con eficacia, hace respetar la independencia de esa estratégica institución financiera del Estado.
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