El virus pandémico de la contienda tocó las puertas de Miss Nicaragua y Nastassja Bolívar ha sido depuesta de su reinado por la empresa que regenta el certamen. No vengo a considerar quién tiene o no la razón en este asunto sino la poderosa capacidad del nicaragüense por destruirse a sí mismo.
No progresamos porque buscamos en otros la culpa que cada uno tiene como sepulturero de la nación que el Creador nos dio. Somos especialistas del cataclismo y voceros del apocalipsis. No importa qué tanto miedo causemos o qué sensación de angustia induzcamos porque lo fundamental es revolver las aguas y proclamarnos libertadores aunque después terminemos como causa del mal causado.
La ignorancia seguramente al leer este artículo terminará preguntando al articulista que en qué país vive, pero también eso es parte del problema porque los bandos solo están bien con los que piensan igual que ellos y descarrilan la diversidad de las distintas visiones porque borraron de su diccionario la tolerancia y el respeto para los demás.
Para buscar culpables de todo lo que pasa en Nicaragua en su historia más contemporánea lo único que debemos hacer es vernos en el espejo y tendremos frente a nosotros el rostro de quien derramó la primera gota de sangre y produjo las guerras; al que habla del corrupto pero sin incluirse; al que acusa la traición pero con el puñal en la mano; al que pide lealtades y te vende; al que te promete y no cumple; al que miente y difama por resentimientos; al que asesina la esperanza por la mezquindad de su politiquería.
Somoza es una historia solo para recordar nunca para repetir; la década de los ochenta es una referencia oscura que no debe tener ni presente ni futuro; Chamorro, Alemán y Bolaños en los noventa con sus aciertos y desaciertos fueron la base de lo que se construye ahora y lo que tenemos hoy es un gobierno cuyos dirigentes maduraron, que no son lo que creíamos que serían y que aunque esté aplazado institucionalmente no podemos decir lo mismo de las políticas sociales, económicas y culturales que tejen un concepto de democracia nuevo donde los esquemas tradicionales se rompieron.
Pienso que debemos reflexionar junto a ese rostro que vemos en el espejo en la búsqueda de culpables y darnos cuenta que es imposible avanzar con la celeridad que quisiéramos si minamos el camino de quien gobierna pensando que con eso le hacemos daño al presidente de turno. Las ambiciones políticas de quienes desean retomar el poder como una opción distinta al FSLN deben primero ser satisfechas alcanzando su propia unidad y como eso lo veo francamente lejos yo recomiendo a los de arriba y a los de abajo que comencemos a ser nicaragüenses.
Dado que el mundo nos ve, que el gobernante arregle lo que está mal, pero que los gobernados dejemos de vender guerras que nunca pelearemos. En necesario que todos respetemos la inteligencia popular y así dejemos de modelar fantasmas que no existen y que solo están en la borrachera del poder o en la incapacidad de los “opositores” profesionales. El autor es periodista.
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