“Decidí escribir una novela de las mías y meterle crímenes, así, como quien echa sal, para ver qué salía. Y lo que salió es puro Allende”. Isabel Allende, novelista.

Juegos policíacos

La escritora chilena Isabel Allende se pasa al género policíaco en su nueva novela, El juego de Ripper, una obra de intriga, basada en un juego de rol y llena de personajes excelentes en la que procura ser fiel a las reglas de este tipo de libros pero “con humor e ironía”.

La escritora chilena Isabel Allende se pasa al género policíaco en su nueva novela, El juego de Ripper, una obra de intriga, basada en un juego de rol y llena de personajes excelentes en la que procura ser fiel a las reglas de este tipo de libros pero “con humor e ironía”.

El juego de Ripper ocurre en 2012 y está situado en San Francisco, la ciudad de California en la que ella vive desde hace más de veinte años y una tierra “optimista” donde las haya.

Ese optimismo se refleja en la novela, en la que “ocurren cosas que si sucedieran en Latinoamérica dirían que es realismo mágico, pero como pasan en Estados Unidos es medicina alternativa o new age”, comentaba la escritora.

Poco aficionada a la novela policíaca, Allende leyó varios relatos de escritores escandinavos cuando preparaba El juego de Ripper, como las de Stieg Larsson.

Pero se dio cuenta de que ella no puede escribir ese tipo de obras “porque son muy sórdidas, muy negativas, no hay ninguna redención. Todo es oscuro y yo no soy así”, aseguraba la escritora.

Para documentarse, asistió a una conferencia de escritores de novelas policiales donde aprendió “muchas cosas”. Habló con policías, detectives y médicos forenses. Y con un psicólogo especializado en asesinos en serie.

En el libro, Allende elige un juego de rol para ir contando los crímenes que conmueven la ciudad de San Francisco y alrededores. La idea se le ocurrió al ver a su nieta Andrea jugar a “Ripper”, en el que se trata de pillar a Jack “el destripador” en Londres, en 1888.

Trasladó la acción a San Francisco y la situó en la época actual, pero “la idea es la misma”. Los jugadores son unos cuantos adolescentes, más un abuelo entrañable, que es como el que le hubiera gustado tener a la escritora.

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