Mientras el Banco Central de Nicaragua reporta tasas moderadas de inflación, la realidad nicaragüense delata con claridad objetiva las evidentes dificultades económicas por las que atraviesa el pueblo; esos aprietos sin escape que las estadísticas oficiales no pueden esconder.
Los trabajadores que devengan salario mínimo se quejan del estancamiento del salario real que ha venido disminuyendo su capacidad de compra. Los consumidores aseguran que el dinero, hoy día, compra la mitad de lo que podían adquirir hace cinco años.
Esta es una economía de rendimientos decrecientes, principalmente en el sector agrícola donde muchas variables del proceso productivo no están bajo el control del empresario y, en general, esta deficiencia se debe a una situación técnica inestable. Un complemento funesto con grandes y modernas empresas que, si bien logran mantener una estructura de costos decrecientes, poseen cierto poder “monopólico”.
No es coincidencia, pues, que el alto número de nicaragüenses que devengan salario mínimo se encuentren exigiendo mayores ajustes salariales, argumentando que el precio de la canasta básica sigue en aumento. La canasta básica (bienes y servicios indispensables para que la persona pueda cubrir sus necesidades esenciales) en Nicaragua incluye 23 alimentos, 11 productos del hogar, así como las tarifas de alquiler, luz eléctrica, agua y transporte. Estos alimentos, como señalamos anteriormente, provienen de un sector caracterizado por costos crecientes, los productos del hogar son proveídos por empresas con reducido control sobre sus costos y las tarifas citadas dependen de los elevados precios de los combustibles que provienen de una industria con alto “poder de mercado”; es decir, con capacidad de aumentar los precios de sus productos con relativa facilidad.
En situaciones como esta, la demanda de bienes y servicios tiende a disminuir y los niveles de desempleo aumentan. La contracción económica es evidente, pero aquí también el Banco Central de Nicaragua reporta tasas de crecimiento económico que contrastan con nuestra realidad. Esto permite que los males económicos se vayan acumulando. Sin embargo, este gobierno dictatorial se empecina en moldear figuras macroeconómicas favorables para obtener la aprobación de las organizaciones internacionales y así poder calificar y obtener préstamos adicionales. Detrás de esa cortina de humo el gobierno mantiene un régimen de asistencialismo, proveyendo migajas para mantener políticamente cautiva a una población carente de recursos.
Obviamente la inflación en Nicaragua no es causada por exceso de demanda, ya que no existe esa alta capacidad de consumo. La experiencia de Nicaragua es lo contrario, dentro de un ambiente de alto desempleo y subempleo donde la demanda agregada no es excesiva la inflación se manifiesta en el lado de la oferta; reflejando el aumento de impuestos, mayores costos de producción y la capacidad de cada empresa de transferir esas alzas de costos a los consumidores, en forma de precios más elevados.
Entre las numerosas consecuencias negativas de la inflación vemos los caprichosos efectos redistributivos de los ingresos. De manera general, la inflación es como un impuesto para aquellos que reciben ingresos monetarios relativamente fijos y, consecuentemente, son como un subsidio para aquellos que devengan ingresos monetarios flexibles o son propietarios de bienes raíces, etc. Esto incluye al Gobierno, como recipiente de ingresos monetarios flexibles (en forma de recaudación de impuestos).
Cuando este gobierno dictatorial trata de manipular las estadísticas de esta naturaleza, solo contribuye a escarbar más profundamente el lugar de su eventual terminación y hundimiento. Cuidado este dragado se adelante a las excavaciones canaleras de las que tanto se habla en estos días. El autor es economista y escritor.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A