Nicaragua a veces da la impresión de aguardar la intervención salvadora de El Chapulín Colorado, el famoso personaje cómico de la televisión mexicana, interpretado por el laureado actor y director Roberto Gómez Bolaños, quien ha marcado récord de audiencias desde sus inicios en los años setenta.
La presentación del héroe con nombre de insecto no podía ser más terrible, ofreciendo de entrada una idea nada alentadora: Más ágil que una tortuga , más fuerte que un ratón , más noble que una lechuga , su escudo es un corazón , es ¡El Chapulín Colorado!
En realidad, al no poseer súper poderes y ni siquiera un físico respetable, sus armas son —cuando logra acertar el golpe— el agudo Chipote Chillón, las Pastillas de Chiquitolina para hacerse minúsculo, la Chicharra Paralizadora que inmoviliza a sus enemigos, y desordenadas Antenitas de Vinil que entre otras funciones le alertan del peligro.
Ahora bien, con toda seriedad Si en Nicaragua la oposición oficial al menos se asemejara al Chapulín, las probabilidades de salir medianamente ilesos del atropello orteguista, a pesar de los eventos tragicómicos y sin sentido, serían más prometedoras que las actuales. La certeza que al final el Chapulín siempre vence a los delincuentes, permitiría continuar viendo el capítulo con esperanzas.
Lamentablemente la historia nuestra es otra. Daniel Ortega ha completado su ansiado ciclo —planificado por años— de someter a todos los poderes e instituciones bajo su bota o sus dólares. De aquí en adelante seamos claros, o aplasta lo que se le oponga o lo que se le oponga lo lanza a él por los aires. Lo demás es palabrería.
Por supuesto, la llamada oposición oficial no es el Chapulín Colorado a pesar que a veces, por su ridiculez, parezca serlo. Nada indica que confiar en ella asegure un buen desenlace. El orteguismo, por su parte y aunque se asemeje, no son Rufino Rufián, Tripaseca, Bulldog, la Bruja Baratuja, el Matonsísimo Kid ni Alma Negra, Sabandija ni Panza Loca, por mencionar algunos torpes villanos enemigos de nuestro querido personaje
Así que la respuesta a la exclamación que en la comedia televisiva y desde el alma lanzan los inocentes ante las amenazas de los malhechores, ¡Oh! Y ahora ¿quién podrá defendernos?, a la que el Chapulín —en mágica aparición en escena— responde con optimismo ¡Yooo!, se debe descartar. No se aplica ni en sueños para los nicaragüenses, donde sabemos más allá de cualquier duda razonable que con la astucia de los políticos profesionales no es posible contar.
Ante esta cruda realidad, cabe repreguntar formalmente, ¿quién podrá defendernos? Y la respuesta en este caso es: ¡Nosotrooos! Sí, únicamente nosotros, juntos. Porque la verdadera oposición en el horizonte son los hombres y mujeres de la calle, con ganas de ser libres y vivir en paz sin manoseos oportunistas. Esta es la única fuerza, cobijada con la Bandera azul y blanco, con el poder de mandar de paseo a la dictadura. Si no me creen, ¡pregúntenle al Chapulín Colorado!
El autor es periodista.
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