Camino a la felicidad, segunda parte

Vivir para seguir viviendo es un ejercicio vacío. Si yo me levanto en las mañanas para trabajar, para ganar dinero, para tener un techo y comprar comida para mantenerme vivo y para seguir trabajando, mi vida se vuelve un sinsentido.

Ana Salgado, terapeuta sexual y de parejas.

2. Tener un sentido de vida: vivir para seguir viviendo es un ejercicio vacío. Si yo me levanto en las mañanas para trabajar, para ganar dinero, para tener un techo y comprar comida para mantenerme vivo y para seguir trabajando, mi vida se vuelve un sinsentido. En este sentido es necesario:

a. Tener metas: las metas son sueños con un plan de acción diario y una fecha de caducidad. Son el norte de nuestra vida y sirven para ayudarme a tomar decisiones. En la mañana, yo me acuerdo de mi meta. Durante el día, voy tomando decisiones y actuando con coherencia a mi meta. En la noche evalúo: ¿Las acciones que realicé me acercan o alejan de mi meta? Si me acercaron, bien. Si me alejaron o quedé igual, este fue un día tirado a la basura.

El tener metas me ayuda a mantener a raya mis perezas, que son, junto con la muerte, el principal obstáculo para alcanzarlas. Tiene cuatro expresiones:

*Sentirme atraída por cosas sin sentido: si lo que quiero es tener una relación saludable, pero paso jugando farmville o candicrush en vez de pasar tiempo de calidad con mi pareja.

*No sentirme atraída por cosas que me benefician, en el mismo ejemplo, cuando me aburren los “buenos” pero me siento atraída por los sociópatas, mentirosos compulsivos, infieles en cadena, alcohólicos empedernidos, mi jefe, hombres casados, etc.

*El desánimo, expresado como un ¿y para qué? Con la respuesta implícita de “para nada”. Cuando la respuesta tiene que ver con lo que yo digo que es mi meta, ¿por qué tengo que dejar de reclamar y pelearme? Porque yo quiero una relación saludable.

*Dejar las cosas para después. “Después de la novela hablamos”, y viendo la novela me quedé dormida y ya no hablamos, y mañana empieza otro día y eso nos va alejando.

b. Dejar de seguir cada sensación agradable: la investigación concluye que la búsqueda de placer instantáneo no aporta para nada a la felicidad a largo plazo.

Así, las personas más felices cuidan su cuerpo y aprecian la vida que tienen, por tanto duermen bien, comen bien, se ejercitan, tienen una vida sexual plena, todo lo cual alarga la duración y calidad de la vida. Todo esto claros de que vida y cuerpo solo hay uno y que si no los tengo, no puedo cumplir mi misión en esta vida.

¿Cómo se hace para tener un sentido de vida?

*Desarrollando una vida espiritual: que no es lo mismo que una vida religiosa. Tiene que ver con qué pasa conmigo durante el trance y después de la muerte. Desarrollar nuestra espiritualidad nos ayuda a conectarnos con nuestra trascendencia y nos brinda la oportunidad de detenernos y dedicar tiempo a actividades trascendentes, en vez de mundanas.

3. Tienen una red de apoyo: buenas relaciones con familia y amigos. En este sentido, la calidad de las relaciones, que sean significativas y profundas es más importante a la cantidad de personas con las que nos relacionamos. Las relaciones interpersonales nos permiten:

a. Mantener a raya el egoísmo: andamos por el mundo pensando que somos tan importantes. Nos enojamos, reclamamos, frustramos, impacientamos, desilusionamos, resentimos porque nuestros deseos no se cumplen, porque los demás no hacen lo que nosotros queremos, esperamos o pensamos que es lo mejor, porque no nos hacen caso.

b. Salirse de uno mismo: practicando generosidad con el agradecimiento de tener alguien por el que hacer algo. Según las investigaciones, hacer algo por alguien llena más de felicidad y de sentido al que da que al que recibe. En este sentido, las personas más felices se dan el tiempo de ayudar a los demás.

¿Cómo se hace para tener una red de apoyo?

Cultivando la sabiduría, que es el arte de saber vivir. Es el factor más importante para definir qué tan buenas o malas son mis relaciones con los demás. Mientras más sabiamente me relaciono con los demás, mis relaciones son más beneficiosas, satisfactorias y generadoras de bienestar.

Los seres humanos no somos felices naturalmente. Incluso lo que se nos enseña (competencia, compararnos, buscar la felicidad con fuentes externas) nos aleja de la felicidad. La gente que logra ser un estado permanente de bienestar trabaja todos los días para lograr establecer en ellos mismos los patrones que les permiten mantener este estado.

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