El régimen orteguista es un depredador implacable de las instituciones; no solo de los poderes del Estado, la Policía y el Ejército, sino de cuanta institución se interponga a su objetivo de desvirtuar la democracia que le permitió volver al poder.
De la depredación institucional no se salva ni siquiera el Banco Central de Nicaragua (BCN), que durante más de 50 años mantuvo su independencia institucional y, por lo tanto, su credibilidad y la confianza nacional.
El socavamiento del BCN comenzó con la destitución de Antenor Rosales, quien de alguna manera se opuso al avance de Ortega, y se agravó bruscamente con la aprobación de la Ley del Gran Canal, la cual fue impugnada por el Cosep porque mediante dicha ley se renuncia a la soberanía nacional sobre las Reservas Internacionales. La Ley del Gran Canal, ratificada contra derecho por los magistrados de facto de la Corte Suprema de Justicia, pone a disposición del chino Wang Jing y los intereses extraños que este representa, todas las divisas que almacenan las bodegas del Banco Central.
Otro hecho que ha apuntado al menoscabo de la independencia y la confianza en el Banco Central es el manejo sospechoso de las cifras oficiales. En este sentido, llama la atención la insistencia en decir y hacer creer que la tasa de crecimiento en este año es mayor o igual de 5 por ciento, cuando la Cepal ha anunciado un 4.6 por ciento, el FMI 4.2 por ciento, el Programa Económico Financiero 2013 – 2017 (PEF) 4.2 por ciento, el Presupuesto General de la República (PGR) 4.2 por ciento y Funides un 4.5 por ciento de crecimiento.
Ante esta diferencia estadística entre BCN y el FMI, Cepal, PGR, PEF y Funides cabe preguntarse qué es lo que visualiza el Banco Central de la economía nacional en 2013, que no lo perciben las instituciones antes mencionadas. O mejor aún, qué es lo que vislumbran esos organismos en sus informes que se le “escapa” al BCN.
Tal pareciera que el 5 por ciento de crecimiento, al igual que una inflación del 5.5 por ciento, no son cifras objetivas sino una consigna del Gobierno para presentar datos macro económicos maquillados, con fines de exportación, tratando de engañar a la comunidad internacional y al pueblo de Nicaragua. Por algo se dice que “la estadística es el arte de mentir” y tiene que ser motivo de preocupación que en Nicaragua se esté mintiendo por medio de las estadísticas, como hacen habitualmente todas las dictaduras y regímenes autoritarios, en los cuales, por granjearse el beneplácito del poder dictatorial, los funcionarios económicos engañan a la gente que en la calle experimenta que cada vez son mayores las dificultades económicas y sociales que debe soportar.
La realidad que se vive en las alturas de los cargos superiores de gobierno no es igual a la que vive y sufre la mayoría de los nicaragüenses en la llanura, aquellas personas que viven en la “línea de la sobrevivencia” o debajo de ella, los que sufren el desempleo, el subempleo y la sempiterna pobreza que al parecer es lo único que Ortega no podrá —ni quiere— cambiar.
El orteguismo es un régimen de tipo populista y el populismo le da migajas a los pobres precisamente para perpetuar la pobreza y mantener su clientela política.
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