Me acabo de encontrar con el viejito, de cara jovial que tiene una barba blanca bien tallada y siempre anda vestido con unos pantalones rojos bombachos que se los mete en unas botas altas negras. Se le puede ver también con unos tirantes sosteniendo sus pantalones bombachos.
A veces lleva una chaqueta roja adornada en las orillas con una especie de piel de zorro blanco, un gorro rojo también adornado de la misma manera. Es el mismo que viene todos los años por esta época. Yo lo encuentro muy simpático y divertido. Le pregunté ¿qué lo traía nuevamente por estos lados? Me dijo que venía por invitación de las casas comerciales que cada año lo acaparan más y más para el fin de año. Claro a él le gustaba venir y él cree firmemente que trae alegría, sobre todo a los niños, pero también dice que la comercialización se ha degenerado.
Dice que ya no aguanta la mal interpretación de su persona. Que a él le gustaba la idea de que daba la oportunidad para reunir a las familias, pero que, en realidad, en general se ha olvidado lo que Navidad representa.
Me siguió diciendo que, en efecto, el día de su santo es el 6 de diciembre, y que había nacido en Izmir en Turquía. Ahí él fue obispo y el día de su cumpleaños solía salir por el pueblo para dar regalos a los niños pobres y unas monedas para que los padres pudieran comprar víveres.
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Agregó que esta tradición la había seguido todos los años de su vida. Una vez pasaron unos hombres del norte de Europa por Izmir y encontraron la costumbre muy bonita y se la llevaron con ellos para instalarla en sus países. Así ésta tradición llegó a Europa, se propagó sobre todo en el Norte de Europa y en los países escandinavos. Hasta hoy se celebra en estos países la Sankt Nikolaus el 6 de diciembre.
Los niños dejan sus zapatos o calcetines cerca de la cama y los encuentran llenos de confites y regalos. Añade que desgraciadamente fue una de esas compañías grandes, Coca Cola, que se apoderó de su figura e hizo de él, como se le conoce hoy en día, Santa Claus.
Apareció por primera vez en los años 20 del siglo pasado. De ahí fue como una bola de nieve rodando que se hacía más y más grande todos los años. Lo que a él no le gusta es que a le dan el rol principal de las fiestas navideñas, ha sido transferido a la Natividad de Cristo, ha opacado al Niño Jesús. ¿Y qué es eso de ir en un trineo con los pobres venaditos que lo deben jalar? No lo encuentra chistoso, todavía se pregunta de dónde fueron a sacar esa idea. Ya sabe él que la tradición varía de región en región como su vestimenta, también lo ponen acompañado de un caballo blanco o de una mula.
Eso no le importa a él, lo que él quisiera es que le den más significado a la Natividad de Nuestro Señor, pues lo que se celebra es el nacimiento del Niño Jesús. El que vino a propagar amor en el mundo.
En realidad es triste pero él ve que ya no se puede parar la mundialización de Santa Claus. ¿Por qué no celebrarlo el 6 de diciembre e intercambiarse pequeños regalos? Ahora es entre más grande el regalo mejor es. Puede ser que a través de los regalos la significación es mi amor al prójimo es más grande. No lo cree. O por qué no celebrar con más amplitud el día de los Reyes, que esto tiene más significación, pues eran ellos que traían los regalos al Niño Jesús. No, él no estaba contento del todo. Pero qué hacer, él ya ni era dueño de su nombre, se lo han cambiado, falsificado e introvertido.
Lo vi triste al viejito bonachón que sin querer ha invadido nuestros hogares. Su tristeza es que en parte nosotros los cristianos hemos olvidado lo que significa Navidad. Tanteamos de recordar que estamos celebrando el día del nacimiento de un hombre que quiso cambiar al mundo, a través de amor, comprensión, tolerancia hacia los otros.
Compartamos nuestra alegría con los más necesitados, no pensemos en lo que nos vamos a poner esa noche para lucir bien, o lo que vamos a comer para llenar nuestras panzas. Mejor partamos en la mitad nuestros gastos y hagamos una obra humanitaria con algunos necesitados que no solo necesitan un apoyo pecuniario, si no que demostrémosles que existen a través del amor.
San Nicolás se despidió de mí diciéndome que estaba muy de acuerdo conmigo, y no se despidió con el ho, ho, ho que le hacen decir, sino que con que el amor y paz reine en nuestras familias, así también las familias puedan propagar este amor y paz por el mundo. La autora es escritora
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