Daños sobre el río San Juan y río Colorado

Salvador Montenegro-Guillén

El desaguadero del sistema hídrico de la Cuenca 69, o de los grandes lagos de Nicaragua, está formado por el nicaragüense río San Juan, que al llegar al Delta un 90 por ciento de sus aguas se convierten en el costarricense río Colorado.

En el desarrollo histórico de las complejas relaciones políticas entre ambas naciones esta realidad natural ha sido escenario de desencuentros y tensiones  que desafían la lógica y la buena voluntad, limitando el aprovechamiento racional y la protección de este curso de agua, en detrimento de los intereses nacionales de ambos países.

En el momento actual, el diferendo  ante el más alto tribunal mundial continúa distanciando a los gobiernos, lo que prolonga la espera de alcanzar el necesario entendimiento que haga posible la indispensable cooperación tico-nica en el ámbito ambiental, social  y económico,  en el territorio en que las aguas convergen y contradictoriamente las voluntades humanas se enfrentan infructuosamente.

En la importante Cuenca 69 se observan problemas ambientales severos.  Según datos del estudio “Prioridades de política e inversión para reducir la degradación ambiental de la Cuenca del lago de Nicaragua” (Banco Mundial 2013),  la subcuenca que drena al Gran Lago Cocibolca, recibe 18 millones de toneladas anuales de sedimentos, de las cuales unos 13 millones proceden de territorio costarricense.

Según datos del estudio “Aforos líquidos y de sedimentos en suspensión, levantamiento topográfico en el RSJ de Nicaragua” (Ineter 2012), en la época lluviosa el Cocibolca descarga unas 1,250 toneladas de lodos diariamente  sobre el RSJ, y a lo largo del río los tributarios aportan diferentes cantidades de sedimentos, destacándose los aportes del río San Carlos (5,500 ton/día) y el Sarapiquí (4,500 ton/día).  Después de la confluencia con dicho tributario, el RSJ transporta 12,800 ton/día, de las que se depositan unas 5,800 ton/día en el lecho del río en su salida al Caribe, que posteriormente azolvan los caños y lagunas usadas como referentes geográficos dificultando la demarcación fronteriza.

Los aforos realizados en el Delta (donde nace el río Colorado)  establecen que el caudal  con que inicia este río  es de 934,680 litros por segundo (80 mil millones de litros de agua en un día), que transportan 6,243 toneladas de sedimentos por día en “invierno”, lo cual es suficiente lodo para llenar más de mil camiones con seis toneladas cada uno con el cieno arrastrado en un único día.  Infortunadamente, esta agua y los sedimentos arrastrados por ella son vehículo de residuos de plaguicidas, metales, materia orgánica, hidrocarburos y tóxicos que se emplean abundantemente en el área de drenaje o cuenca hídrica del río.

En  las aguas del río San Juan en el Delta, el estudio “Contribución al establecimiento de la línea de base ambiental en el río San Juan de Nicaragua” (CIRA/UNAN 2012), para las mismas fechas de los aforos,  encontró   las concentraciones de los siguientes plaguicidas (en nanogramos por litro): diazinon 554.78 ng.l-1 , metil-paration 1039.5 ng.l-1, etoprofos 2345.42 ng.l-1. Estas concentraciones  al multiplicarse por el caudal de las aguas que ingresan al río Colorado, según los aforos, indican la carga de contaminantes que recibe dicho río (en kilogramos por mes): diazinon 1,340 kg/mes, metil-paration 1,727 kg/mes,  etoprofos 5,684 kg/mes.  Evidentemente, ni Costa Rica ni Nicaragua desean tener estos sedimentos y peligrosos venenos en las áreas protegidas que ambos países se han comprometido a salvaguardar para el futuro de sus naciones.

En consecuencia, para reducir el severo impacto que los sedimentos y substancias residuales tóxicas causan en el sistema del río San Juan/río Colorado, resulta urgente implementar medidas que reduzcan la erosión, controlen  y eliminen efectivamente el uso intensivo de esos contaminantes en las muy degradadas cuencas hídricas tributarias; causas que funcionan como un boomerang sobre los intereses y patrimonio  natural tanto de Costa Rica como de Nicaragua. Lamentablemente, esto es imposible de lograr en el clima de confrontación estéril actual.

Es hora de acordar formas sensatas de entendimiento y cooperación inteligente entre ambos gobiernos y naciones, cortando nudos gordianos y solucionar de una vez la gravísima degradación del sistema fluvial, que debe ser  aprovechado y protegido conjuntamente de forma impostergable porque es responsabilidad de ambos países.

Las acciones de aprovechamiento y protección no pueden ser unilaterales, así como no puede construirse una muralla en la artificial línea fronteriza que separe el territorio que la naturaleza ha construido de forma única e indivisible, uniendo las aguas y ecosistemas.

Se ha dicho frecuentemente que los ticos y los nicas somos hermanos.  Pero esta expresión se queda muy corta: En el territorio donde las aguas convergen al RSJ y al Colorado  somos realmente gemelos siameses: compartimos el mismo cuerpo —la cuenca— y aunque tengamos dos cabezas diferentes como los famosos Chang y Eng, no podemos hacer nada sin acordarlo con el otro mellizo nos guste o no,  cediendo u obteniendo mediante negociación, porque resulta imposible  lograr  nada por imposición sobre el otro.

Por ello, indistintamente a quién favorezca el próximo fallo de la Corte Internacional de Justicia, realmente ninguno de nuestros países triunfará  hasta que logremos entender que el territorio que la madre naturaleza creó unidos los humanos no podremos separarlo, si queremos aprovecharlo y protegerlo. Ambas naciones inevitablemente tenemos que resolver unidos los problemas en la cuenca, antes que los daños sean aún más graves. Llegó el momento que ambos gobiernos con la sabiduría que necesitamos construyan  mecanismos efectivos de diálogo y cooperación.

El autor es director fundador del Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de Nicaragua.

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