Leónidas Tapia Sánchez
“El 27 de febrero de este año inició la cuenta regresiva para que las 57 universidades en el país (públicas y privadas) ultimen su proceso de autoevaluación para cumplir con planes de mejora, según lo establece la Ley del Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación (CNEA). Dicho proceso durará dos años y con base en los resultados del mismo se elaborará un plan de mejoras por tres años más.
Con este proceso inicial de autoevaluación y acreditación, las universidades tendrán que lograr el mínimo de calidad establecido, tomando en cuenta parámetros como la docencia, gestión institucional, investigación científica y proyección social. En el caso de que no cumplan con los requisitos, se les puede cancelar la personalidad jurídica, entre otras medidas.
En términos generales, se busca mejorar la calidad de la Educación Superior. Dentro de los parámetros para determinar dicha calidad, la docencia es de suma importancia. Hoy en día existen muchos docentes (empíricos y titulados) que hacen su mayor esfuerzo para brindar una educación con calidad.
El currículum docente debe de ser evaluado con base en la experiencia laboral, estudios de pregrado, posgrado, maestrías y doctorados, y sobre todo la capacidad y aptitud. El ser docente, allende del dominio de la materia que se imparte, requiere el ser motivador e investigador, tener empatía con los alumnos y sobre todo requiere ser integral o conocedor de otras ciencias.
La calidad docente se alcanza con capacitación continua, una mayor motivación al trabajo, mejora salarial acorde a la realidad del alma máter, y la continua evaluación para lo cual los alumnos tienen la última palabra. Los alumnos a fin de cuentas son los que interactúan con el docente, nadie más que ellos puede dar fe de su calidad educativa. Por eso dentro de este proceso de autoevaluación los estudiantes toman un lugar preponderante.
Con respecto a las instalaciones, las universidades siempre de alguna u otra forma pueden presentar deficiencias, pero pueden ser solventadas con una mejor logística para invertir en infraestructura (bibliotecas, servicios higiénicos, aulas bien equipadas, laboratorios, etcétera).
Las universidades pueden hacer encuestas con sus mismos alumnos para determinar sus fortalezas y/o debilidades en lo que respecta a su infraestructura, la calidad docente, tecnología, publicidad, gerencia de servicios, entre otros.
Hay que determinar en qué la universidad está fallando para crear una política interna consensuada acorde a las necesidades y problemas coyunturales. Dicha política debe tener su respectivo seguimiento, porque como empresa la universidad realiza su propia planeación, dirección y control. La oferta de carreras nuevas, acordes a la realidad socioeconómica nacional y mundial, es también un punto importante.
Con este proceso, las universidades públicas y privadas podrán crecer más porque identificarán sus principales debilidades. En el caso de sus fortalezas podrán ser consolidadas. La mayoría de las casas de estudios no nacen con todas las herramientas necesarias, pero con el tiempo las adquieren. Este proceso mostrará qué universidades se han preocupado realmente por mejorar con base en todos los parámetros de la autoevaluación.
El alcanzar una mejor calidad educativa en las universidades es un reto en conjunto, para lo cual se requiere de un proceso serio, continuo y sistemático, que hará de Nicaragua un país más competitivo en términos educativos, fomentará el clima de la inversión y el desarrollo económico y social”. El autor es abogado y docente universitario.