Elízabeth Romero
II y última entrega
“Yo empecé con los estudiantes y poco a poco después con el Mined”, recuerda Paladino.
Ella impulsa talleres mensuales donde capacita a los lugareños sobre la importancia de no lanzar los envases plásticos en cualquier lugar. Les expone sobre el tiempo que lleva el plástico para desintegrarse y el daño que le causa al medioambiente.
Para captar el interés de los alumnos, dice que, junto con profesores, al principio les ofrecían una bola de futbol por 20 sacos de botellas aplastadas.
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Como ahora en la mayoría de las comunidades rurales hay acceso a la salud y educación, a través del proyecto se ha buscado otras modalidades de ayuda, como la atención a 35 niños discapacitados. Y han incluido a las madres en las capacitaciones. Una vez que el Estado empieza a resolver a la comunidad sobre algún tipo de necesidad que en ese momento resuelve el proyecto, entonces incursionan en otro tipo de demandas de los pobladores. Es por ello que actualmente promueven los microcréditos agrícolas de subsistencia a los campesinos y las “becas préstamos”, para que los estudiantes puedan cursar estudios.
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El interés por la protección de las riquezas naturales de las que está rodeada la población de Altagracia, isla de Ometepe, llevó a algunos sectores de la población a la búsqueda de alternativas para la conservación del medioambiente y, muy en particular, de las playas del lago de Cocibolca.
Son varias iniciativas, pero todas están relacionadas con el reciclaje, en especial de las botellas plásticas. Esto porque, como lo informan sitios especializados por internet, una botella de plástico abandonada en un entorno natural puede tardar hasta 1,000 años en biodegradarse, ya que están hechas de tereftalato de polietileno (PET), un material duro de degradar.
Y si estos envases llegan a las incineradoras, aumentan los riesgos de emisiones tóxicas, ya que pueden generar subproductos nocivos como el gas clorado o ceniza similar a los metales pesados, refieren estos sitios. Es por eso que uno de los principales interesados en impedir que las botellas no caigan en la basura es el proyecto Ometepe Alemania.
Alcides Flores, responsable del proyecto, explicó que a través del mismo promueve una novedosa alternativa para deshacerse de los envases plásticos: fabrican bloques tamaño piedras canteras.
Las botellas envueltas en una malla son recubiertas con la mezcla de cemento y arena. Así evitan que los desechos sean arrastrados a las playas o al mismo Gran Lago, cuyas aguas están al alcance de sus habitantes.
Los bloques fabricados son utilizados en la construcción de viviendas para beneficio de habitantes de escasos recursos.
A la fecha se han construido 170 casas para beneficio de 90 madres. Las últimas que se construyen están dirigidas a beneficiar a madres con niños discapacitados. Las casitas tienen un tamaño de 13 metros cuadrados y han sido levantadas en casi todas comunidades de Altagracia.
A la isla entra mucho producto en envase plástico, lo que en su momento representó una verdadera “invasión”.
La iniciativa de recubrimiento de las botellas empezó sin ningún plan, iniciaron con una pared en la entrada principal del hotel finca Santo Domingo. Fue después que pensaron en fabricar bloques tipo piedra cantera con las botellas adentro.
El proyecto empezó con la construcción de casas para beneficiar a familias cuyos ranchos resultaron afectados con el paso del huracán Mitch. Posteriormente, lo hicieron para beneficiar a otras familias y madres con niños discapacitados.
Aunque Flores dijo que la fabricación de la piedra les representa un poco más de costos, en comparación con el precio de otros materiales de construcción, con esta iniciativa evitan la contaminación.
Y es que si de algo están orgullosos los ometepinos es de conservar la reserva de biosfera como está certificada la isla por la Unesco, lo que les ha permitido la atracción del turismo.
Estimaciones de Rubén Ribera, coordinador del Gabinete de Turismo de Ometepe, y Pablo Arcia, coordinador local de un proyecto de responsabilidad social empresarial, unos 60 mil turistas, tanto nacionales como extranjeros, visitan anualmente la isla.
EMPLEO CON RECICLAJE
Además, con financiamiento de la Unión Europea (UE), a través de la Alcaldía, 10 mujeres de comunidades de ese municipio fueron integradas a participar en un colectivo de recolección, clasificación y manejo de desechos que incluye el plástico.
El proyecto no solo permitió a estas 10 mujeres obtener algún ingreso para “el sustento diario” de sus familias, sino que a través del mismo llevan educación a la población sobre la importancia de contribuir a la conservación del medioambiente.
“Nos dan una contribución, se entiende no es un pago por recoger lo que cada uno de nosotros estamos llamados a limpiar”, expresó Fanny Díaz Cajina, quien es responsable del colectivo de mujeres que cuenta con un centro de acopio en Altagracia.
Muy convencida del trabajo que desempeña, Díaz destacó la importancia de la labor que realizan pues sirve para que “nuestro gran lago Cocibolca y nuestra reserva de biosfera no se deterioren y no se siga dañando con las botellas y basura que le llega”.
“Vamos educando a la gente y, al mismo tiempo, le vamos tocando la conciencia porque esto es para todos, porque todos vivimos en la isla, todos respiramos aire puro, si nosotros limpiamos. Si no limpiamos, se nos va a dañar la ribera del lago. Eso no queremos, dependemos del agua. Cuando se contamina, perdemos todo, no solo el agua”, explicó la coordinadora de las recicladoras.
Cristina Flores es una de las recicladoras. Ella relata que la mayoría de las que integran el colectivo no contaba con un empleo. Y aunque actualmente la ayuda de la UE está por finalizar, ellas siguen adelante.
El trabajo es cansado porque las mujeres no cuentan con un medio para trasladar los sacos y para ello deben recorrer largas distancias para trasladar lo recolectado hasta el acopio, que luego venden a compradores de Managua a precios ridículos. Por un kilo (2.2 libras) recolectado les pagan 5 córdobas. El total adquirido deben dividirlo entre las 10 mujeres.
Pese a todo, entusiasmada por la labor que realiza, Díaz dice: “Nos sentimos que somos útiles, emprendedoras. Es un trabajo tan honroso, me siento útil contribuyendo a las presentes y futuras generaciones, para entregarles una reserva de biosfera y un lago que no es contaminado”.
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