Por Amalia del Cid
Hay un país donde los muertos pueden tomar forma de “pajarito”, trinar bendiciones y cantar victorias electorales. Una nación donde los vivos cuentan con un viceministerio para la felicidad, y la “misteriosa” desaparición de cuentas en la red social Twitter es uno de los mayores problemas de Estado. Se trata de la Venezuela de Nicolás Maduro, heredero de Hugo Chávez y, hasta la fecha, aliado político de Daniel Ortega Saavedra, inconstitucional presidente de Nicaragua.
Desde que Chávez partió de este mundo el pasado 5 de marzo, en ese país suramericano conviven dos realidades, la de Maduro y la del resto de los venezolanos.
En el universo de este mandatario campechano y bigotudo, “Spiderman” es culpable de la violencia de los jóvenes y Hugo Chávez está por convocar a una asamblea “constituyente en el cielo” a fin de reformar la Iglesia en la Tierra.
¿Qué ocurre con Nicolás Maduro? “Es histrionismo. Trata de demostrar a toda costa que él puede ser como Chávez… y Chávez era histriónico”, considera la psicóloga nicaragüense Lorna Norori.
Quienes padecen el trastorno histriónico de la personalidad actúan de manera exageradamente emocional y dramática para ser el centro de atención de los demás. El histrionismo de Maduro, señala Norori, se expresa en los “disparates que dice y hace”.
Por ejemplo, que esté en guerra contra Twitter en un momento en que su país tiene una de las diez mayores inflaciones del mundo. O que haya decretado una Navidad de dos meses poco después de que el Banco Central de Venezuela reportara una escasez superior al 41 por ciento, que ha borrado de los establecimientos comerciales de Caracas productos tan básicos como el azúcar, la leche, el aceite y el papel higiénico.
A inicios de los noventa conducía una unidad del metro de Caracas. Conoció a Hugo Chávez en 1992, cuando este guardaba prisión tras su intento golpista, y ya nunca se separó de él. Maduro fue chofer hasta que se unió a la campaña electoral de Chávez, en 1998.
Su siguiente parada fue la Asamblea Nacional, la cual presidió después de estar cinco años como diputado. El 7 de agosto de 2006 le fue entregado el cargo de ministro de Exteriores. Y tras las elecciones del 7 de octubre de 2012, fue nombrado vicepresidente de Venezuela.
El pasado 1 de junio hizo una visita sorpresa a Nicaragua, justo cuando se realizaba una auditoría a los fondos del Alba. Recorrió el Puerto Salvador Allende y prometió “mayor y mejor cooperación”.
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Sin embargo, hay algo más. “A Maduro le quedó grande Chávez y le quedó grande Venezuela”; por esas razones podría estar imitando al difunto caudillo para sentir que va por el camino correcto, haciendo lo que es debido, analiza la especialista. Se trata, dice, de “pensar, hacer, resolver y expresarse como él”; lo que a su vez deja en evidencia que “carece de identidad propia y que verdaderamente no es un líder, porque viene a ser nada más que una copia burda de Chávez”.
Pero tal vez Maduro no imite precisamente a Chávez, podría ser que solo esté copiando una fórmula de gobierno que a aquel le funcionó. Esa es la teoría del periodista Ernesto Ecarri, editor de Política del diario venezolano El Universal. Según él, “la gente que vota a favor del chavismo se va más por la afinidad que por la racionalidad. Y a eso está jugando Nicolás Maduro en este momento”.
LOS ANTECEDENTES
El poder le llegó de pronto. El 8 de diciembre de 2012, en la recta final de su batalla contra el cáncer, Hugo Chávez apareció por última vez ante las cámaras para nombrar como sucesor político a su vicepresidente, Nicolás Maduro.
Cuatro meses después, Maduro asistió a comicios presidenciales; pero su victoria sobre el candidato de la oposición, Henrique Capriles, tuvo tintes de derrota. Ganó con una ventaja de apenas un punto porcentual y medio; lo que significó una caída de casi nueve puntos porcentuales en relación con los votos obtenidos por Chávez en las elecciones del 7 de octubre de 2012.
Con el tiempo, las cosas no mejoraron. Sus primeros 100 días de gobierno fueron calificados como “malos” o “muy malos” por el 56 por ciento de los venezolanos encuestados por la firma Hernández Hercon. La misma empresa, en un informe divulgado en los primeros días del pasado agosto, le adjudica una tasa de rechazo que ronda el 56 por ciento.
Además, según un estudio del Instituto Venezolano de Análisis de Datos, el 43.4 por ciento de los ciudadanos consultados cree que el Gobierno es el principal responsable de los problemas del país.
Ante la crisis económica y la ausencia definitiva del padre del chavismo, Maduro “utiliza la imagen de Hugo Chávez para tratar de controlar el poder”, considera el periodista venezolano Ernesto Ecarri. Y afirma que “no es casual que la use en prácticamente todo lo que tiene que ver con su gobierno y su campaña electoral”.
Tampoco son casuales los chistes y las visiones. “Yo no estoy tan seguro de que todo lo que tenga que ver con el tema del pajarito o el ver a Hugo Chávez reflejado en el subsuelo del metro de Caracas sea una cosa para generar risa. Yo creo que él lo está haciendo adrede para generar recordación. Si él no hiciera esas cosas, a Nicolás Maduro no lo recordaríamos por absolutamente nada, porque no es carismático”, analiza Ecarri.
Chávez cantaba, contaba chistes e inventaba palabras. Maduro está usando la misma fórmula, señala el periodista. Sin embargo, agrega: “Cuando uno se pone a analizar de manera fáctica sus resultados de gobierno, no existen. Lo que existe son elementos efectistas para generar la sensación de que se está gobernando”.
Por supuesto, aclara, el presidente genera las burlas de prácticamente todos los sectores del país. Pero en el público que a él le interesa, las clases muy bajas de la población, se despierta el deseo de protegerlo, “porque se le está haciendo daño a alguien que dejó Chávez”.
Para dar legitimidad a su gestión de gobierno, Maduro puede apelar al recuerdo de Chávez o a su carácter de hijo legítimo del caudillo, considera Ecarri. Después de eso, se pregunta, “¿A qué más puede apelar Maduro? ¡A nada!”.
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