Amalia Morales
Está en un salón, bajo techo pero a este hombre no le importa si el cielo se desparrama en agua o cae un sol de plomo. César lleva siempre el sombrero como una prolongación de su cabeza, lo mismo que la pistola al cinto, la faja de hebilla gruesa y las botas puntudas que hacen juego con las gafas doradas que pocas veces se saca de encima. Es el prototipo del macho, torpe y arrogante. No una vez, sino varias, a lo largo de una hora y 20 minutos, César se aprieta con los codos la cintura, sube los hombros, se remanga el pantalón y se agarra con una mano la entrepierna. “Soy el más macho, el que manda en este lugar”, dice sin que haga falta después de frotarse el miembro con la mano. Luego, resopla como una bestia cansada.
César es el personaje central de la obra De macho a macho , una producción teatral que espejea el machismo y que a ratos lo apalea.
De macho a macho es una de las producciones de la compañía de teatro campesina Tecum Umanii, un colectivo que se conoce poco en Managua, pero que es familiar en comunidades recónditas en el norte del país y también en ciudades de Honduras, El Salvador y Guatemala, donde ya han ido y van a presentarse.
ESPEJO CAMPESINO
Los Tecum Umanii llevan 17 años juntos, pero sus actores no han perdido la esencia que los juntó: contar y reflexionar sobre las historias del campo, que son las historias de ellos mismos.
Los personajes son creados en colectivo, lo mismo que el guion, las situaciones y la música que cantan en vivo.
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En las comunidades florecen los César que le ponen la bota a la comunidad entera, pero también campesinos que hacen arder una montaña de árboles para sembrar maíz y frijoles y atosigan la tierra con fertilizantes, como los personajes malignos recogidos en la obra El paraíso perdido , uno de sus primeros montajes.
En las obras hay personajes de mujeres sumisas, pero también las hay emprendedoras y rebeldes.
“Porque así hay mujeres. Nosotros intentamos hacer un teatro a partir de nuestras vivencias propias”, aclara Gerardo Molinares, a veces al final de las presentaciones.
En las obras de Tecum Umanii abunda la cotidianidad campesina.
“Tratamos de tener un sentido crítico de nuestra realidad”, dice Molinares, el único del colectivo que sobrevive realizando talleres de teatro.
En El paraíso perdido , el personaje de la Madre tierra, reniega y regaña a los hombres por la tala indiscriminada de los bosques, por las quemas y la destrucción de los suelos que acarrea la agricultura extensiva.
Mientras que De macho a macho es una crítica a la masculinidad.
“Dale, dale, cinchonealo”, gritaron mujeres de barrios capitalinos durante una presentación que hicieron a mediados de octubre en el centro Ciudad de Dios, del barrio Tierra Prometida.
El público se identifica con la actuación contundente y con el lenguaje natural del grupo.
Molinares recuerda que una vez, después de presentarse en una comunidad, un señor ensombrerado que estuvo callado y atento a la puesta, les agradeció y les dijo que “no sabía que había hombres como yo”. Otros se sorprenden de verlos actuando como mujeres y cuestionar el rol tradicional de los hombres.
CIERRAN PUERTAS
No siempre el trabajo crítico es bien recibido. A veces les ha cerrado puertas. Molinares recuerda que tuvieron problemas con la organización de cooperativas Cecocafen, que les encargó una obra sobre la realidad de las cooperativas. En el proceso de investigación descubrieron que habían muchas anomalías y corrupción, y eso lo reflejaron en el montaje. El trabajo no gustó y fue censurado. No volvieron a presentarlo en las cooperativas de esa organización.
Molinares dice que, viniendo del campo, también cuesta ganarse respeto entre la pequeña comunidad teatral del país.
Hace un par de meses, también, desistieron de presentarse en el Festival de Monólogo y Diálogo que organiza la compañía Justo Rufino Garay, “porque no había el mismo trato que para los grupos extranjeros”, dice Molinares.
“O nos hacemos respetar nosotros o nadie nos van a respetar”, dice este hombre que se terminó de alfabetizar en la extinta compañía de teatro Nixtayolero, dirigida por el polémico teatrista Allan Bolt.
MACHO AL RUBÉN DARÍO
A finales de este mes (el 25 de noviembre) se presentarán en el Teatro Nacional Rubén Darío en el cierre de un festival centroamericano de teatro.
No es la primera vez que suben al escenario de la sala mayor. Estuvieron en el 2008 y 2009. “Queremos demostrar que nuestro trabajo tiene calidad estética para un escenario como ese”, dice Molinares, mejor conocido como “Coco” en el ambiente teatral.
Entonces, cuando se abran los telones del Rubén Darío, para ver De macho a macho, la agrupación habrá regresado de su gira por ciudades y comunidades de Honduras, Guatemala y El Salvador. César, el antihéroe de la obra, será el mismo personaje repelente que se aprieta muchas veces la entrepierna.
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