No es función de los medios de comunicación indicar a los políticos qué es lo que deben hacer, ni decirles cómo tienen que ser sus estrategias y tácticas. Los roles de los medios de comunicación y de los políticos son diferentes, independientemente de que ambos actúen en los mismos ámbitos de interés social.
Sin embargo, los políticos no pueden ni deben hacer lo que quieran. Lo que hacen o dejan de hacer los políticos afecta a toda la sociedad y por lo tanto interesa a los medios de comunicación. Los políticos están obligados a tomar en cuenta los intereses y sentimientos de los ciudadanos, ante todo de los que votaron por ellos; mientras que los medios de comunicación tienen la misión de informar pero también de opinar y transmitir las opiniones que se expresan sobre todo lo que es de interés público, incluyendo lo político.
Ahora bien: ¿cuál debe ser, a nuestro entender, la actitud de la oposición parlamentaria con respecto a las contrarreformas constitucionales de Daniel Ortega, que al menos ellos tienen la posibilidad de discutir y cuestionar en el ámbito institucional?
Se ha conocido que a pesar de que algunos diputados de la oposición se oponían a la participación en el debate de la contrarreforma constitucional en la Asamblea Nacional (la cual ya no es independiente sino que está sometida a los intereses de Daniel Ortega), la Bancada Democrática Nicaragüense decidió que es necesario participar.
En realidad, es importante que los diputados democráticos intervengan en el debate constitucional. La oposición no tiene nada que perder con participar en este debate, pero en cambio puede ganar mucho con la divulgación de sus planteamientos sobre los verdaderos cambios constitucionales que son necesarios para defender la libertad, proteger la propiedad, fortalecer la democracia y, en fin, para responder a las aspiraciones y los intereses reales de la población nicaragüense. Y para poner al desnudo los aspectos perversos de la contrarreforma constitucional orteguista.
Es cierto que el cambio constitucional de Daniel Ortega ya está decidido y la oposición nada podrá hacer para evitarlo. Y es cierto también que la participación de la oposición en esa discusión oficial se podrá prestar para que personas desorientadas, o mal intencionadas, la acusen de legitimar el destrozo de la Constitución que ha fraguado y está imponiendo el orteguismo.
Pero no es cierto que la oposición vaya a legitimar con su participación la contrarreforma constitucional orteguista. La legitimaría solo si en vez de cuestionarla y rechazarla, cometiera la sin razón de votar a su favor.
En la actualidad, la oposición democrática se encuentra en una difícil etapa de curación de heridas, de recuperación de la credibilidad de la población, de acumulación de fuerzas y de preparación organizativa y política para librar las inevitables grandes batallas políticas por la restitución de la democracia. Y en esta tarea acuciante la oposición no debe dejar ningún espacio vacío, ni desperdiciar cualquier oportunidad que dignamente se pueda aprovechar. El ausentismo es una forma de radicalismo casi siempre estéril y contraproducente. Es un infantilismo que alguien, hace ya mucho tiempo, calificó como el sarampión de los políticos.
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