Cartas al Director

MPeso o el pelo en la sopa

Desde que se anunció la modernización del sistema de transporte de la capital, fui una de sus más entusiastas defensores. Había lógica. Que era más moderno, nos evitaba la incomodidad de andar monedas en el bolsillo, mayor rapidez y unos largos etc. Las razones eran muchas y variadas. He aquí mi error:

1.- Si recarga 50 córdobas, equivale a 20 pasajes, pero como los validadores no indican el saldo restante de tu tarjeta, cuando uno ha usado 7 u 8 pasajes, ya la tarjeta se quedó en cero, sin que nadie se responsabilice por el saldo restante. Ni hable, que ya lo perdió.

2.- Si uno quiere hacer un reclamo, de manera maliciosa te dan un número de celular para reclamos o consultas de saldo, a sabiendas que la gente anda sus recargas de celular limitadas. Y si no andas celular o saldo para llamar, ¿qué pasa? ¿Por qué no ponen un número 1800 que es gratuito? Ya todo el mundo sabe que llamar a una de estas compañías es pegarse media hora escuchando una maquinita o la consabida música de la central telefónica de la empresa, y ahí es donde veo la malicia de MPeso, pues saben que nadie estará pegado gastando su saldo de celular, pues le saldría más caro la llamada que el reclamo. Vivos los señores, ¿no?

3.- Dice MPeso que también la población tiene la opción de ver su saldo en línea. ¿Creerán que la mayoría de las personas que usan el transporte público tiene internet en su casa? Ya sea, que en el trabajo agarren la computadora y ahí se fijen en un par de minutos. Y si no hay computadora o acceso a ella en tu lugar de trabajo, como sucede con los trabajadores de la construcción u otros. ¿Qué paguen un cyber?

4.- Si una persona recarga 200 córdobas de saldo, ¿cree usted que pueda llevar la cuenta de 80 pasajes de manera mental? O uno debería andar lápiz y papel para llevar su conteo, antes de abordar el autobús. ¿Por qué los validadores no te permiten que ahí mismo leas tu saldo pendiente? Me fijé, y está la opción de consulta de saldo vía validador, pero no funciona.

5.- Por último, está el problema de las recargas. Si uno busca y tiene la dicha de encontrar un centro de recarga, resulta que no hay disponible. Los centros de recargas son insuficientes y es de entender. Los de MPeso le aplican la ley del embudo a los dueños de centro de recargas. Lo ancho para mí, lo angosto para vos. Creo que el pago por comisión no llega ni al 2 por ciento y así nadie está dispuesto a trabajar en esas condiciones tan desventajosas.

Me sigue pareciendo una buena idea la modernización del sistema de transporte público, incluyendo su pago electrónico, pero con el pelo en la sopa de una empresa tan irresponsable como MPeso, no quiero probar otra cucharada de ese caldo.

Jennifer Zapata.

Tarjetas TUC

Desde hace unos cuantos días gran cantidad de habitantes de esta ciudad se ha visto impotente ante un abuso más de estas administraciones que no tienen en cuenta el daño causado con la implementación de unas novedosas ideas tal como la tal tarjeta de una tal empresa que nació sin ningún viso de legalidad (MPeso/TUC). Me pregunto hasta cuándo se va a seguir hollando la paciencia de una población considerable al tratar de imponerle un método o forma que de ninguna forma beneficia al usuario de un servicio que es de los más desastrosos en Latinoamérica.

El asunto del transporte urbano es un caos y las soluciones que se “inventan” con estos procedimientos solo tienden a empeorarlo. Ahora existe una clara manifestación de exclusión si un usuario no puede tener acceso a tal “tarjeta” y tiene que esperar hasta horas para poder movilizarse a su destino. No hay una normativa en nuestra Constitución que se vea reñida con este abuso. ¿Y quiénes son los que la violentan solo en beneficios muy personalistas? Mientras el Cosep no se pronuncia como sector que se puede ver afectado en muy corto plazo como producto de estos inventos de muy mal agüero.

Rigoberto Mejía Chavarría.

Dejen de sangrar al pueblo

Quiero con este breve comentario hacer una pequeña reflexión sobre la frase “dejen de sangrar al pueblo”, que se refería a la explotación del hombre por el hombre, pero que se esgrimía en contra de los gobiernos dictatoriales, y de aquellos que, enamorados del poder, se han resistido siempre a abandonarlo.

En la época de Somoza se decía que este “sangraba al pueblo”, en lo económico y en lo político; y se le achacaban todos los males de la nación, a él y a una supuesta burguesía o clase media alta que nunca supo encarar a la dictadura con entereza.

Pero la frase folclórica de “sangrar al pueblo” hoy más que nunca está en plena vigencia y ejercicio. Un ejemplo claro son las nuevas multas por el mal estacionamiento, sin hacer ninguna crítica a la medida en sí, porque es parte del progreso si se aplica bien; pero resulta que el cobro es excesivo, ajeno a nuestra realidad económica y social, porque para un trabajador una multa de 500 córdobas equivale quizá a una semana de alimentación para su familia.

En el “depósito vehicular municipal”, frente al Estadio Nacional, habían por lo menos 200 motocicletas y una centena de carros. Y también una centena de jóvenes inconformes esperando poder recuperarlas. En la calcomanía que te colocan en el parabrisas, si no te encuentras presente en el momento de “inmovilizar el vehículo”, se lee en la esquina superior derecha, muy reluciente, con el color de la “nueva época revolucionaria”, rosado chicha; “2013/ Bendecidos, prosperados y en victorias”. ¿Qué les parece? Sin duda cuando yo era más joven, hablábamos otro idioma. Y, como decíamos entonces: “Ya dejen de sangrar al pueblo”.

Álvaro Quintanilla Martínez

Tomas Ruiz: ¿Otra vez rechazado por indio?

El 27 de agosto del 2013, la Asamblea Nacional aprobó la Ley No. 844, que declara el 29 de septiembre como el Día Nacional del Abogado, fecha coincidente con el natalicio del Prócer de la Independencia Centroamericana, Miguel Larreynaga, considerado el Primer abogado de Nicaragua. Larreynaga, un criollo nicaragüense, de padres españoles, fue un destacado abogado, escritor, jurisconsulto, quien desempeñó exitosamente importantes puestos bajo mandato de la Corona española en Guatemala y en México. Sin desestimar sus méritos, algunos abogados pensamos que esta no ha sido una elección justa, por considerar que la declaración debía de haber sido, en honor al Primer Abogado indígena centroamericano nacido en Nicaragua, como fue el Padre Tomás Ruiz Romero, prócer revolucionario de la independencia Centroamericana, hijo de caciques nicaragüenses y que según palabras del doctor Carlos Tünnermann Bernheim, “…fue la encarnación de los curas liberales de la época, entusiasmados con la Revolución Independentista que en México encabezaron los curas Morelos e Hidalgo, su visión era aprovechar la independencia para cambiar las estructuras sociales injustas de la Colonia, dándole más justicia social, haciendo más distributiva la riqueza y rescatando la dignidad de los indígenas…”.

Condición indígena que fue la verdadera razón para ser bloqueado por el sistema de la época cuando pretendía alcanzar algún puesto en la jerarquía eclesiástica, siendo evidente el trato despectivo al llamarsele “padre-indio”. Cuentan que en una ocasión al verlo el Obispo de León en el atrio de la Iglesia de Sutiaba removiendo unos huesos recién exhumados, le preguntó en tono despectivo — ¿Qué haces allí, padre-indio? Y Ruiz le respondió: —Tratando de encontrar en estos huesos la diferencia entre el indio y el blanco. ¿Será que aún debemos seguir removiendo huesos exhumados?

Guillermo José Zelaya Carranza. Abogado Especialista en Derecho Laboral.

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