En Nicaragua se suele monitorear oficialmente solo la “línea de la pobreza”. No cuenta, para la burocracia económica del país, la gran cantidad de nicaragüenses que pertenecen a las clases medias y luchan a diario por permanecer en la “línea de la sobrevivencia”.
Según el último Informe Mundial de la Ultra Riqueza 2012/2013 —elaborado por la compañía Wealth X de Singapur, con patrocinio de la sociedad financiera suiza UBS—, Nicaragua pasó de tener 190 millonarios en 2012 a 200 en 2013, dueños de más de 30 millones de dólares cada uno sumando en total 27,000 millones de dólares. O sea que un ínfimo 0.029 por ciento de los 6 millones de nicaragüenses tiene más de 30 millones de dólares de fortuna, en un país pobre que exhibe un PIB per cápita de 1,730 dólares anuales.
Según datos oficiales, del año 2005 al 2009 la pobreza disminuyó en Nicaragua de un 48.3 por ciento a un 42.5 por ciento de pobres corrientes y de 17.2 por ciento a 14.6 por ciento de pobres extremos. Pero esta exigua reducción de la pobreza es aparente, por el crecimiento poblacional, de manera que en realidad actualmente hay más pobres e indigentes que hace ocho años.
Se conoce que una economía sin clase media no es sostenible a largo plazo. La clase media es la que más compra, demanda bienes y servicios en volumen suficiente para hacer crecer la economía, la producción y el empleo. Sin clase media no hay demanda, sin demanda no hay producción y sin producción no hay empleo y por lo tanto se aumenta la brecha entre ricos y pobres, como acontece en Nicaragua. La clase media genera riqueza, mientras que los pobres solo generan más pobreza, en un círculo vicioso imposible de revertir.
Por el lado de la demanda, el nicaragüense promedio ha visto disminuido su salario real en un 15 por ciento (según datos oficiales del BCN). Ahora con el salario se puede comprar solo el 85 por ciento de los alimentos, ropa, enseres domésticos etc., que se compraba seis años atrás. Por el lado de la oferta, las Mipymes, fuente de ingresos de la clase media, han sufrido una mayor inflación este año lo que significa mayores costos de producción, a lo cual se suman las mayores dificultades por encontrar financiamiento. Todavía el movimiento de no pago promovido años atrás por el inconstitucional presidente Ortega, sigue haciendo estragos en las microfinancieras del país. Las 21 entidades financieras de Asomif pasaron del 2010 al 2012, de 220 a 181 sucursales y de 265 mil clientes a 210 mil, con una cartera en mora que pasó del 0.8 por ciento al 4.7 por ciento. Esto ha impactado a la clase media empresarial que ha reducido la generación de empleo en el campo y la ciudad.
El llamado “impuesto inflación” que se sufre en Nicaragua es el más regresivo de todos, ya que ataca más el poder adquisitivo del pobre que el del rico, pues el primero no puede ahorrar para proteger parte de su salario de los efectos de la inflación.
La causa de una mayor inflación es el meganegocio orteguista del petróleo, que encarece la luz, el riego, el transporte y los costos de todos los bienes y servicios, empobreciendo a muchos nicaragüenses mientras se incrementa la riqueza de la familia gobernante. Pero esto también es una acumulación de contradicciones que en algún momento tendrá que estallar.
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