Fernando Centeno Chiong
En un chiste de Bienvenido se encuentran dos amigos con muchos años sin verse y uno de ellos le cuenta al otro que se casó y que tiene doce hijas. El amigo le responde que si a las doce les da de comer y el primero le responde con una carcajada: “A veces a las doce y media”.
El amigo no entiende y le pide que repita cuál es el chiste y luego de varios intentos el padre prolífero termina dándose por vencido al descubrir que no hay manera de explicarle a su amigo, llegando a la conclusión que, no entiende o no razona , o no quiere razonar.
A veces creo que a los nicaragüenses nos está pasando lo mismo ya que dentro de la política, la economía, lo social, o simplemente los hechos rutinarios están ocurriendo acontecimientos que resultan sencillos pero no logramos entenderlos o no queremos entenderlos por la falta de capacidad de reacción.
¡Cómo entender, por ejemplo, que en las elecciones generales de hace ocho años cuando retomó el poder el actual titular, aún estaba pendiente el resultado final con un 8 por ciento sin escrutar y que aún así fuimos a dos elecciones con el mismo tribunal con resultados que nacional e internacionalmente fueron calificados de anómalos y estamos a la puerta de otra elección!
¡Qué decir cuando este mismo titular se reeligió en forma ilegítima irrespetando la Carta Magna, y que los magistrados del más alto tribunal de justicia del país, del tribunal electoral y más de dos docenas de funcionarios nombrados por la Asamblea Nacional ocupan también sus cargos ilegalmente aun cuando el partido de gobierno tiene los votos necesarios para sustituirlos!
Cómo entender que el país más pobre de Centroamérica, según una firma internacional cuenta con 200 ultrarricos con un capital de 27 mil millones de dólares, mientras que su vecino Costa Rica el más desarrollado del istmo, tiene apenas 100, con capitales que suman 14 mil millones.
Qué podemos decir que siendo el país más privilegiado de la región por sus recursos naturales y con mayor cantidad de mano de obra disponible, estemos comprando quinientos millones de dólares al año a Costa Rica, de los cuales más de la mitad son frutas, hortalizas y otros alimentos, mientras nosotros solo le vendemos 100 y que las mayores exportaciones al Asia, no son productos agropecuarios sino que chatarra.
Cómo explicarnos que según la empresa privada somos el país que ha tenido más crecimiento en los últimos años, ha mejorado el nivel de inversión, de competitividad y se han creado casi 30 mil empleos formales, pero de una Población Económicamente Activa (PEA) de casi tres millones de personas, solo un 20 por ciento labora en el sector formal y cuenta con prestaciones sociales y al resto les depara un futuro incierto en su vejez y tienen que peregrinar de trabajo en trabajo para sobrevivir.
Y para no cansar con casos de carácter económico o político, me señalaba un extranjero un ejemplo al cual no pude dar explicación, cuando me recordó como somos inverosímiles hasta en el deporte, cuando un boxeador retirado tapudo se convierte en aficionado a las artes marciales, llena un estadio en un espectáculo coreado y sobredimensionado por los cronistas y cuando lo derrotan estrepitosamente, la afición nacional vitorea a un extranjero desconocido, regocijándose de observar a su paisano en la lona.
¿Qué está pasando? —me preguntó mi amigo— hemos perdido el valor o la vergüenza o la inteligencia como el del chiste para no entender, analizar, proponer, reaccionar o actuar ante diferentes acontecimientos?
No soy psicólogo, ni especialista en ciencias políticas…. ¡Pero que alguien me ayude a explicar por favor! El autor es periodista y abogado.