Cuando las fuerzas británicas se rindieron a un ejército franco-americano en 1781 en la última gran batalla de la revolución estadounidense en Yorktown, la banda de guerra inglesa tocó una melodía popular en esos tiempos cuyo título era El Mundo al Revés.
Esa misma frase —el mundo al revés— me ha venido varias veces a la mente en los últimos días viendo el curioso espectáculo que se está dando en Costa Rica. En esa hermana república, desde la revolución de Pepe Figueres en contra de Calderón Guardia en 1948, nuestro vecino al sur se ha proyectado mundialmente como la “Suiza de Centroamérica”. Si bien Costa Rica acepta todavía que es parte de Centroamérica, maneja el discurso de que es un país aparte o excepcional del istmo. Sucesivos gobiernos costarricenses han cultivado la imagen que Costa Rica se distingue por ser un país amante de la paz y de la democracia; un país que se preocupa por preservar el medioambiente; y una país vanguardia que ha acogido con entusiasmo los retos de la globalización.
Esta imagen se ha fundamentado en algunas realidades. Por ejemplo, uno de sus presidentes —Oscar Arias— recibió el premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos en pro de la pacificación de Centroamérica después de los años ochenta. Además, Costa Rica abolió a su ejército después de la revolución de 1948 aunque ha mantenido fuerzas paramilitares que han sido poderosamente equipadas, a como vimos en la reciente crisis de Harbour Head. En cuanto a su democracia, con excepción del mismo presidente Arias quien enmendó la Constitución para permitir su reelección, ninguno de sus mandatarios ha servido por más de un período y sus elecciones han sido fiestas cívicas. Un tico fue el primero, y hasta la fecha el único, astronauta centroamericano. Costa Rica logró atraer la más impactante inversión de alta tecnología en el istmo cuando Intel invirtió US$$500 millones en esa nación durante la administración de Pepe Figueres (hijo). También ha sido el primero y único país centroamericano en establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China. Finalmente, ha cuidado a su naturaleza con un triple propósito: preservar su patrimonio ambiental para futuras generaciones, contribuir a su buena imagen en cuanto al medioambiente, y capitalizar esta para atraer a turistas y jubilados de países industrializados. Ha penetrado tanto su imagen como paraíso ambiental que los que vimos la película Parque Jurásico recordamos que después de que logra escaparse de la isla repleta de dinosaurios, el promotor del parque donó la isla al gobierno de Costa Rica para que administrase sus bellezas. Claro, esta película taquillera fue de ciencia ficción, pero demuestra como ha permeado mundialmente la imagen de una Costa Rica amigable a la ecología.
Pero volviendo al mundo al revés, últimamente la presidente Chichilla parece estar empecinada en socavar la imagen positiva que su país ha venido cultivando durante más de seis décadas. Para muestra tres botones.
Primero, en su afán de meterle ruido al tema de nuestro río San Juan y —por qué no decirlo— para antagonizarnos, doña Laura mandó a construir una carretera paralela al río, dizque para facilitar el acceso de turistas a la zona y sutilmente enviar el mensaje que Nicaragua no se preocupa por el desarrollo de la cuenca del río y sus habitantes mientras que Costa Rica sí. Esta iniciativa, sin embargo, fue desastrosa. El camino resultó ser una trocha que se realizó sin los necesarios estudios de ingeniería, sin contratos otorgados a empresas serias ni a través de licitaciones públicas, y sin tomar en cuenta los daños de la obra a esta zona prístina. El resultado fue un escándalo político en Costa Rica que ha contribuido a la baja aprobación que doña Laura recibe de sus compatriotas en encuestas. Y ha sido un golpe duro al medioambiente no solo en la zona del río San Juan sino que a la imagen de Costa Rica como país que cuida a su naturaleza. ¡Strike One!
Segundo, doña Laura se ha aliado con Colombia en contra de Nicaragua por el fallo de la Corte Internacional de Justicia de noviembre 19 del año pasado que nos favoreció. Pero, además, ha hecho propia la denuncia colombiana de que Nicaragua tiene una agenda expansionista, ignorando, así, la historia de nuestras dos repúblicas hermanas. Esta da amplias pruebas de que es Nicaragua la que ha estado históricamente a la defensiva en cuanto a las pretensiones territoriales de Costa Rica. Me refiero no solo a la pérdida de Guanacaste y Nicoya pero también a la manera en que Costa Rica se aprovechó de la postración de Nicaragua después de la guerra por expulsar a Walker para negociar el tratado Jerez-Cañas de 1858. Este acuerdo le concedió tantos beneficios a Costa Rica —incluyendo ciertos derechos de navegación en parte de nuestro río San Juan— que Mirabeau Lamar, el ministro (hoy se llamaría embajador) estadounidense en Nicaragua y Costa Rica describió al tratado como “cediendo todo lo que Costa Rica exigía y probablemente más de lo que ese país jamás hubiera esperado obtener”. No satisfecho con Cañas-Jerez, sin embargo, el gobierno costarricense ocupó el Castillo y partes de la ribera sur del Cocibolca. Además, pretendió anexar a departamentos meridionales de la costa Pacífica de Nicaragua. Con ese bagaje, ¿cómo nos puede tildar doña Laura a nosotros de expansionistas? ¡Strike two!
Y, tercero, en los últimos días la presidente Chinchilla —a través de su canciller— ha puesto en el tapete el restablecimiento de un ejército y ha estado indicando que el país necesita armarse más para hacerle frente a nuestro supuesto expansionismo. Quizás esto logre ganarle popularidad a doña Laura entre algunos de sus compatriotas. Pero aquellos hermanos costarricenses que son conscientes de su historia y que quieren preservar su reputación de tener una vocación pacifista, verán que todo esto es una cortina de humo de la presidente Chinchilla y del canciller Castillo. Ellos, espero yo, se opondrán a estas iniciativas. Además, los estudiosos sabrán que Costa Rica tiene un presupuesto anual para sus fuerzas paramilitares de más de US$$300 millones versus nuestros gastos de aproximadamente US$$50 millones para el Ejército de Nicaragua. En vista de esta asimetría en gastos, ¿representamos nosotros un peligro para Costa Rica? ¡Strike Three! El autor fue Canciller de la República.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A