Antonio Lacayo
Los empresarios de cualquier país saben que para que sus empresas sobrevivan y se desarrollen es fundamental que la economía progrese. Los políticos en los gobiernos, por su parte, entienden que para tener el respaldo del pueblo y salir bien en las encuestas, es importante que la economía funcione.
En esto, la coincidencia de objetivos entre gobiernos y empresarios parece clara. A ambos les conviene que la economía se fortalezca, que crezcan los empleos, y la gente se sienta bien. Es curioso que siendo así, cueste encontrar países en la región donde gobiernos y empresarios trabajen en armonía. Lo normal, paradójicamente, es lo contrario.
En Nicaragua tuvimos años de algún entendimiento entre gobierno y empresarios durante el somocismo, y la economía creció. Sin embargo, la confusión estado-partido-familia debilitó al sector privado y con el tiempo se produjo un distanciamiento cada vez mayor, hasta que empresarios y políticos juntos empujaron la caída de la dictadura.
Durante el sandinismo predominó el conflicto, con empresarios encarcelados, exiliados o en la Contra, y miles de confiscados, grandes y pequeños. En consecuencia, la economía fue destruida.
En septiembre de 1990 el gobierno de doña Violeta invitó al diálogo y la concertación. Logramos importantes acuerdos después de un mes de trabajo serio entre gobierno, empresarios y trabajadores. Este entendimiento nos permitió erradicar la hiperinflación, impulsar las exportaciones, devolver propiedades a los injustamente confiscados, abrir nuevos bancos privados, dedicar recursos a educación, y otras medidas vitales para la reconstrucción del país.
El Cosep de entonces, extrañamente, se negó a firmarlos. El FSLN, con UNAG y el FNT, los respaldó, aunque los boicoteó con sus asonadas. Al Cosep le tomó tiempo entender que habíamos entrado a una Nicaragua democrática con libre mercado. Esta falta de entendimiento y el boicot sandinista atrasó el despegue.
Desde 2009, el establecimiento de una buena comunicación entre el Cosep de ahora y el Gobierno actual ha generado una economía que crece, grandes inversiones en energía, minería, turismo y agroindustria, mayores exportaciones y nuevos mercados, lo que ha traído importantes avances económicos que a todos nos benefician. El mejoramiento de la economía es como cuando llueve: todos nos mojamos, aunque unos más que otros.
Pero también es verdad que en estos últimos años nuestra democracia se ha visto fuertemente golpeada con violaciones a la Constitución y las leyes, discutibles actuaciones judiciales, invasión de propiedades, y dudosas elecciones, a la par de un fuerte debilitamiento de la oposición política producto de la división.
Este retroceso político crea frustración, y quizás por ello la opinión pública esperaba que el encuentro Cosep-Gobierno produjera resultados en lo institucional a la par de lo económico. Al haberse abordado principalmente temas económicos surgieron las críticas a la magnífica labor del Cosep.
El que la oposición no funcione, que el Gobierno sea arbitrario en temas institucionales, o no dialogue con otros sectores, no debe ser imputado a los empresarios y productores que mucho hacen con mantener a flote nuestra economía.
En lo personal considero que entre más crezca la economía y más nicaragüenses tengan empleos dignos, la clase media va a fortalecerse, las pymes crecerán en número y tamaño, los jóvenes encontrarán mejor educación y más oportunidades, y todo este desarrollo económico aumentará la presión por el respeto a la Ley y el Estado de derecho.
Es más, en la medida en que mejor se relacionen los empresarios con el Gobierno mayor serán las posibilidades de restablecer la institucionalidad que se ha perdido. No conozco empresario que acepte la incertidumbre que genera el no saber si los contratos y los derechos de propiedad serán respetados, o si las leyes serán para todos por igual o habrá privilegios para los amigos políticos.
El verdadero empresario no es el que avanza a base al amiguismo, la corrupción o la violencia, sino quien sabe competir confiado en la calidad de sus productos y servicios, y solo necesita que el Gobierno no le ponga obstáculos no contemplados en la ley.
Si el presidente Ortega quiere convertir el entendimiento logrado con el Cosep en ley, confiemos en que Cosep sabrá consensuar una ley buena para el país. Entre más armonía, diálogo y consenso exista entre Gobierno y empresarios, sea quien sea el gobierno, mejor le irá a Nicaragua. El atraso y la pobreza en nuestro país tiene sus raíces en la división, la violencia política y las guerras en que hemos vivido desde 1821, y eso es lo que hay que evitar.
Los que queremos que la libertad lograda con doña Violeta en 1990 sea para siempre, que prevalezca la convivencia pacífica y el respeto a la ley, no podemos jamás estar por la confrontación y menos atizando la violencia. Lo dijo el papa Francisco hace pocos días: “La cultura del encuentro y del diálogo es el único camino que nos lleva a la paz”. El autor fue ministro de la presidencia de Nicaragua.