En 1979, los demócratas con Jimmy Carter en la Casa Blanca impulsaron de manera indirecta dos derrocamientos de dictadores: el shah de Irán y Somoza de Nicaragua. Desde entonces ambos países continúan con una inestabilidad política, sus pueblos no han salido de la pobreza y el bienestar solo llega para la cúpula del poder. Lo que tanto criticaban, lo repiten; llaman enemigo al que los denuncie, los funcionarios y empleados públicos no tienen libertad para opinar y son obligados a convertirse en borregos por la necesidad de mantener el trabajo, los que llegaron al poder son enemigos de la democracia y creen que deben mantenerse en el poder porque están seguros que sin ellos los pueblos no son capaces de decidir su destino. Llaman democracia controlar los medios independientes de comunicación, controlar los alimentos y hasta la religión que deben profesar sus seguidores, niegan trabajo a los que no se arrastren a sus pies y preparan a su prole para que el poder continúe en sus manos y enriquecerse hasta más no poder. Y se obsesionan con borrar de la faz de la tierra a Israel, el pueblo de Dios.
Assad ha llegado a la línea roja, como dice otro presidente demócrata, solo porque ahora en vez de utilizar bombas para asesinar a su pueblo decidió cambiar de método y utilizó armas químicas, lo que se conoce como gas sarín. Murieron como mil trescientas personas, pero se dice que antes habían muerto más de cien mil personas y el presidente de Estados Unidos (EE. UU.) Obama, no amenazaba como lo hizo ahora.
Assad, aunque abandone el poder será el responsable de lo que venga para el pueblo sirio por no haber salido cuando tuvo la oportunidad, igual que Somoza no quiso adelantar la elección presidencial y es el responsable del sufrimiento del pueblo nicaragüense hasta ahora. Ortega es un engendro de Somoza, todo lo que vivió lo está aplicando al pueblo nicaragüense.
En Irán los teocráticos reprimen también a la mujer sometiéndola a un simple objeto y de esto sus aliados no dicen nada. Igual la corrupción y el enriquecimiento ilícito predominan en las altas esferas del régimen islámico, enemigo de EE. UU.
Pero ¿qué viene después de Assad? Los rebeldes no saben gobernar y la ambición es llegar al poder e iniciar una cacería contra los que formaron parte del ejército. Sus creencias religiosas atrasadas por completo, pueden llevar al país a una guerra religiosa y el país puede quedar igual que Afganistán o Irak, y seguro que los rebeldes darán la espalda a los que ahora les ayudan a derrocar al dictador.
Los rebeldes han manifestado que las personas tienen que convertirse a musulmanes porque de lo contrario morirán. El fanatismo religioso lo viene imponiendo en los territorios que han ocupado, a los musulmanes les permiten que trabajen pero expulsan al destierro a los cristianos o los asesinan.
En Siria ¿qué será mejor, el remedio o la enfermedad?
En Nicaragua hubiera sido preferible que Somoza hubiera realizado las elecciones libres. En los noventa Ortega tuvo suerte al aceptar realizar elecciones. En ambos casos a los rebeldes se les decía delincuentes o sea que Ortega es delincuente porque así lo dijo Somoza. El autor es presidente de la Comisión Electoral Municipal PLI Managua.
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