Annabelle Sánchez

Vivir bonito, vivir los buenos modales

Desde que inició la campaña que anima a vivir mejor, en todos los aspectos, en nuestro país, pensé que debía desarrollar este tema que tanto me inquieta pues en todo el mundo hay desvalorización de los buenos hábitos de respeto a sí mismo y a los demás, en lo concreto, de poner en práctica lo que comúnmente se llama “normas de urbanidad” o “las buenas maneras”.

Las buenas maneras, contrariamente a lo que muchos puedan opinar en el siglo veintiuno, no son simples decisiones convencionales de un siglo ya superado. Es muy común escuchar que “hay que ser auténtico” o “yo soy sincera y genuina”. Con estos argumentos el ser auténtico, genuino y sincero se identifica con la grosería, brusquedad, zafiedad… y, lamentablemente, vamos aceptando una serie de manifestaciones que nos alejan de nuestro ser humano del cual se espera un comportamiento de altura acorde a sus capacidades intelectuales.

Indiscutiblemente la convivencia humana es mucho más agradable cuando cada persona cuida con esmero los buenos modales. Sabemos que es básico saludar a las personas aunque no las conozcamos personalmente. Como ser humano cada uno nos merecemos ese trato propio de nuestra naturaleza. Qué agradable es que nos demos los buenos días, buenas tardes, buenas noches cuando entramos a un espacio donde hay personas.

¿Hemos reflexionado alguna vez por qué nos sentimos tan a gusto con algunos, y quizá menos con otros?… puede ser que descubramos cosas muy interesantes que todos debemos vivir para potenciar la buena convivencia humana: saber escuchar, procurar comprender, detenerse con la persona unos minutos y no mostrar prisa, comunicar paz y serenidad, no imponer nuestra opinión, sugerir ideas, respetar las diversas opiniones, discreción, preguntar lo que debemos sin exagerar con una curiosidad que raya con el “chisme” o “cuecho”.

Hace poco una amiga hizo una presentación, a profesoras de un colegio, sobre los buenos modales en la mesa: filmó un breve vídeo, a la hora del almuerzo, en el área de comidas de Metrocentro. Escuché los comentarios de las profesoras, después de ver el vídeo: quedaron impactadas por el poco esmero de esas personas en su comportamiento en la mesa. Ciertamente les ayudó mucho para tomar decisiones de mejora personal a la hora de sentarse a la mesa: lavarse las manos, no hablar con la boca llena de comida, evitar ruidos al masticar, no rechinar los dientes, guardar la compostura adecuada al sentarse a la mesa, qué se come y cuánto se come para no dejarse llevar por lo que pide el estómago, no botar la comida que sobra porque nos servimos más de la cuenta, cortar la carne en pedazos pequeños, acercar los cubiertos a la boca y no la boca al plato, evitar colocar los codos sobre la mesa, usar la servilleta para limpiarse la boca…

Cosas pequeñas que revelan corrección, cortesía, higiene; manifestaciones de atención que tenemos con los demás y que, por inadvertencia, podrían molestarles si no estamos pendientes de vivirlos en la diaria convivencia. A veces estos buenos hábitos de urbanidad nos pueden parecer negativos pero realmente son positivos porque son afirmaciones que hablan de la consideración que tenemos por los demás. Además, ¿hemos pensado alguna vez cómo ayudamos a los demás cuando nosotros los tratamos con finura y elegancia, aplicando las buenas costumbres?… no podemos olvidar nunca que “el ejemplo arrastra”.

Viene a mi mente el poeta inglés William Ernest Henley con su poema Invictus : “Soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma”. Vivir los buenos modales es tener dominio de nuestra alma y de nuestro cuerpo. La autora es doctora en Pedagogía.

COMENTARIOS

  1. ciudadano
    Hace 13 años

    Para llegar a la mesa estamos un poco lejitos, pero mas adelantitos de los hermanos haitianos.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí