Editorial: Un vocero de malas pulgas
En la presentación de la entrevista de LA PRENSA con el ciudadano boliviano Ronald McLean, portavoz del empresario chino Wang Jing a quien se le otorgó la controversial concesión para construir el Canal Interoceánico por Nicaragua, se dijo que es un “vocero de pocas pulgas”, porque le molestan las críticas y no le gustan los cuestionamientos.
Tener pocas o malas pulgas, como se sabe, es una frase coloquial que se aplica a la persona de mal carácter, que es irritable y se enfurece fácilmente por cualquier motivo. Lo cual demostró ser el señor McLean Abaroda —advirtió el periodista de LA PRENSA que lo entrevistó— cuando “se le pidió que aclarara las múltiples contradicciones y pifias que ha protagonizado su jefe (Wang Jing) y que él (el vocero) dice que es problema de traducción”.
Habiendo sido según su currículo uno de los fundadores de Transparencia Internacional, escritor de libros sobre la corrupción y catedrático de centros académicos de Estados Unidos, el señor McLean debería entender la función del periodismo y no ser alérgico a las preguntas incómodas de los periodistas independientes. Pero en vez de aclarar las contradicciones de Wang Jing en puntos claves cuando habla del proyecto del Canal por Nicaragua, lo que dijo, molesto, el señor McLean al periodista de LA PRENSA fue “Hablemos de la cosa grande… es importante que un periódico como ustedes no pierda la visión de este proyecto para Nicaragua”.
“LA PRENSA es un gran periódico, lamentablemente tiene una línea que siempre está enfatizando las contradicciones”, expresó McLean, quien, cuando el periodista le explicó que “estamos tratando de aclarar las dudas que han surgido”, ripostó con la advertencia de que “cuando quiere LA PRENSA orienta. Ustedes están perdiendo prestigio, están perdiendo seriedad”.
En realidad, por sus antecedentes políticos y académicos el señor McLean debe saber que el prestigio de LA PRENSA se debe precisamente a que trata de aclarar las dudas y contradicciones, siempre y particularmente en casos como el del proyecto canalero. El prestigio de LA PRENSA se debe a que hace preguntas incómodas, que molestan a aquellos políticos y empresarios que quieren hacer negocios en la opacidad y pretenden que los medios de comunicación solo digan lo que a ellos les conviene y hacer de los periodistas sus voceros oficiosos.
El vocero de Wang Jing también recomendó a LA PRENSA que hable “de la cosa grande” y “no pierda la visión de este proyecto para Nicaragua”. Pero precisamente porque se necesita tener una visión clara del plan canalero y su significación para Nicaragua, pero no solo a partir de lo que dice la empresa de Wang Jing sino en función de los intereses de los ciudadanos y la nación es que desde una perspectiva de periodismo independiente y crítico hacemos preguntas como las que incomodan al señor McLean. El Canal es un proyecto de tanta envergadura e impredecibles consecuencias, que es lógico que algunos lo apoyen y otros lo cuestionen o rechacen, lo cual es nuestra obligación reportarlo.
Además, un debate amplio y abierto basado en una información transparente como la que pedimos al señor McLean y la empresa que representa, enriquecería el conocimiento sobre el proyecto del Canal y habría más nicaragüenses que lo entenderían y respaldarían. O que lo rechacen, si tal es su voluntad y a lo cual tienen derecho.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A