La relación entre Centroamérica (CA) y la Unión Europea (UE) se remonta a la década de los ochenta y ha pasado por tres etapas claves: el diálogo de San José para la pacificación y reconstrucción centroamericana en los años ochenta; el auge y la profundización de la cooperación en la década de los noventa; y la firma del Acuerdo de Asociación (AdA UE-CA) en el 2012, cimentado este en la evolución de los componentes de cooperación y diálogo político y el crecimiento del comercio como base para el desarrollo humano sostenible y la prosperidad de ambas regiones.
En esta línea de tiempo, el año 2013 adquiere un valor simbólico muy especial para los lazos históricos que unen a la Unión Europea y a Centroamérica. Primero, porque marca el inicio de una asociación estratégica ambiciosa, que pretende aportar más y mejor a la calidad de vida de los centroamericanos, con la entrada en vigor del pilar comercial del AdA, de momento en Honduras, Nicaragua y Panamá, y esperamos que muy pronto en el resto de los países. Y, segundo, porque este año concluimos la fase de cierre del Programa de Reconstrucción Regional de América Central (PRRAC), creado ad-hoc y con carácter de emergencia por la UE para apoyar a los países de Centroamérica afectados por la destrucción provocada a finales de octubre de 1998 por el paso del huracán Mitch. Ambos acontecimientos dejan un mensaje positivo y esperanzador porque demuestran que, a pesar de las vicisitudes, la relación UE-CA ha seguido madurando hasta el punto de superar el esquema de donante-receptor de antaño para iniciar con el AdA una alianza entre socios asentada en intereses y valores comunes.
Hoy, con la finalización de los proyectos ejecutados en Honduras, la UE realiza en Tegucigalpa un modesto pero simbólico acto de cierre del PRRAC. Consideramos este el momento ideal para destacar la relevancia de uno de nuestros buques insignia de la cooperación de la UE en Centroamérica. La ejecución del PRRAC ha marcado un hito importante en la cooperación birregional, porque nos permitió llevar nuestra ayuda a las poblaciones más vulnerables de la región y así comprender mejor sus necesidades, a pesar de las complejidades que implica toda reconstrucción y de las secuelas que deja en la sociedad un desastre natural de las dimensiones del Mitch. Asimismo, el PRRAC contribuyó al crecimiento de las instituciones gubernamentales, del sector privado y de la sociedad civil, que participaron en los diferentes proyectos, y aportó lecciones y conocimientos que serán de gran utilidad para que, juntos, continuemos mejorando el impacto y la calidad de nuestras acciones.
El PRRAC ejecutado en El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua contó con un presupuesto total de 250 millones de euros. El programa se llevó a cabo en base a tres temáticas, agua y saneamiento, educación y salud, alineadas con las estrategias de los cuatro países para reducir la pobreza y con las Metas del Milenio y también con las estrategias de cooperación de la UE. Antes de la ejecución del PRRAC, e inmediatamente después del paso del huracán Mitch, la UE procedió también a la activación de los sistemas de atención de emergencia de su Oficina de Ayuda Humanitaria (ECHO), a través de la cual se ejecutaron más de cien proyectos por un valor total de 38.5 millones de euros.
Las primeras intervenciones del programa se iniciaron en el año 2000 y finalizaron en 2007. Durante este tiempo, los proyectos se enfocaron a garantizar una continuidad eficaz, más allá de la rehabilitación, entre la fase de emergencia y la de cooperación para el desarrollo; se buscó reducir la vulnerabilidad de la población frente a futuros desastres naturales; se promovió la organización y la participación activa de la sociedad civil y se crearon sinergias con otros proyectos de la UE. Todo lo cual se llevó a cabo desde una visión de sostenibilidad, desde el respeto a la identidad y la diversidad cultural de las poblaciones indígenas y desde una perspectiva de equidad de género que permitió que, en muchos proyectos, las mujeres tuvieran un papel protagónico.
En total el PRRAC ejecutó setenta y ocho proyectos que cumplieron con los tres objetivos centrales marcados, a saber: rehabilitar, mejorar e incrementar las infraestructuras y el equipamiento en los sectores de educación, salud pública, saneamiento ambiental y vivienda; reforzar los servicios educativos, de salud pública y saneamiento, incluida la capacidad de gestión de las instituciones gubernamentales competentes, con el fin de mejorar la eficiencia, la calidad y el acceso, principalmente a los estratos más desfavorecidos de la población; y el fortalecimiento de las administraciones locales y la sociedad civil, mediante el fomento de la elaboración y ejecución de planes de rehabilitación y desarrollo, y del apoyo a la preparación y puesta en marcha de un marco normativo de prevención de riesgos.
Como reflexión final, y más allá de las cifras considerables invertidas por la UE en el PRRAC y de los logros cuantitativos alcanzados con su ejecución, queremos destacar la aportación del programa a la consolidación de los lazos de cooperación entre la Unión Europea y Centroamérica. Resulta difícil cuantificar el aprendizaje institucional que situaciones adversas como el Mitch brindan al presente y al futuro de nuestras relaciones y, en particular, a la definición de la nueva estrategia de la UE en la región para el período 2014-2020, que previsiblemente, continuará priorizando áreas como el medioambiente, la integración regional y el desarrollo económico comercial. La Unión Europea no olvida ni olvidará su ya antiguo compromiso con Centroamérica y los centroamericanos. El autor es embajador, jefe de Delegación. Delegación de la Unión Europea en Nicaragua, Costa Rica, Honduras, El Salvador y Panamá.
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