Emprendedores anónimos

Rosa María Vivas M.

Hoy me toca contar la historia del profesor Rafael Alcaraz. Hace unos meses, gracias mis labores como docente en la Universidad Americana (UAM) tuve la oportunidad de escuchar a un magnífico conferencista, reconocido experto en la elaboración de planes de negocios en Latinoamérica y autor del libro de consulta obligada para todo emprendedor El emprendedor de éxito.

Con esta breve presentación introduzco al señor Rafael Alcaraz, mexicano, docente del Tecnológico de Monterrey y persona muy simpática. La conferencia se titulaba Los cinco pilares del éxito. Desde el principio y dada mi naturaleza un poco audaz —y eso que advertí que no suelo hacerme juicios previos de las personas— supe que la conferencia abordaría como eje central las motivaciones y las razones por las que emprendemos distintos proyectos en nuestras vidas. Y así fue efectivamente, con su carácter afable y sorprendentemente dinamismo el señor Alcaraz nos introdujo desde la realidad de una Latinoamérica abatida por la pobreza, hasta un escenario de lo que podemos aportar cada uno de nosotros.

Antes de continuar con esta reflexión, he de admitir que me divertí soberanamente con el señor Alcaraz. Soy una persona que si en siete minutos el conferencista no ha captado mi atención, me pongo a pensar en los correos que tengo que revisar o en los pendientes que debo atender. Debe ser mi inevitable tendencia a distraerme en lo que me puede hacer producir más.

Pero afortunadamente con el señor Alcaraz salí sumamente satisfecha, porque se confirmaron mis teorías: ser un emprendedor sí se puede enseñar en un aula de clases, pero el asumirlo, el vivirlo, el convertirse en él no es posible si no se desea profundamente. Y esos deseos son mucho más complejos y profundos de lo que un muy talentoso profesor pueda explicar.

Por esta vez y dado que este valiosísimo espacio lo tengo limitado, me dedicaré a hablar del primer pilar que, de acuerdo al señor Alcaraz, debemos tener para alcanzar el éxito, y este es: querer. El firme convencimiento de querer un cambio de vida o la motivación de dejar un legado. Se dice que un hombre vale por sus acciones, la causa que lleva a cabo y las huellas que deja en la vida, y ante esta premisa nadie puede ser indiferente. Todos, con menos o mayor fuerza, deseamos un reconocimiento en lo que creemos que puede hacer la diferencia y es por ello que encontramos emprendedores en diversas categorías, en los negocios, en lo social, en lo político, en lo religioso y en las familias. Aunque cuando hablamos de emprendedurismo, suele ser notable la tendencia a los negocios y a las empresas, por aquello de la recompensa financiera, ¡lo cual no está en absoluto mal! Al contrario, todos deseamos prosperidad en nuestras vidas, lo que pasa que en algunos casos fue precisamente la carencia de estabilidad económica que los llevaron a producir sus más geniales aportes a la humanidad.

Es precisamente ante un escenario poco esperanzador que el querer toma tanta fuerza y sentido, se desarrollan los talentos como la pasión por la tecnología o la escritura, se innova, se superan complejos o se compensan los vacíos. Y tal como lo expresó el señor Alcaraz, si hay solo una mera búsqueda de la prosperidad económica, el emprendimiento o proyecto fracasará. Para mí una persona es excepcional cuando su conocimiento y educación puede ser compartido y asumido por otros deseosos de superación.

La autora es Directora Ejecutiva Foro EDUQUEMOS.

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