Tegucigalpa/AFP
- La epidemia, a la luz de las estadísticas oficiales que suministra cada país, únicamente parece haber “perdonado” a Panamá, que contabiliza 300 enfermos y ningún caso mortal.
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Unos 26 muertos ha dejado un inusualmente fuerte brote de dengue que azota América Central. Honduras y Nicaragua lideran la estadística de fallecidos. Costa Rica suma 17,000 enfermos, poniéndose al tope de la cantidad de afectados, cuadruplicando a países con mucha mayor población.
Con un clima cálido y húmedo todo el año y un régimen de lluvias que puede superar los 3,000 milímetros según las zonas, América Central es ideal para la proliferación de los mosquitos portadores del virus en cualquiera de sus cuatro cepas conocidas.
Ese caldo de cultivo se agrava por la precariedad en que viven los veinte millones de personas por debajo de la línea de pobreza y la desidia de millones en eliminar las aguas estancadas donde se reproduce el mosquito portador, se lamentan, impotentes, las autoridades.
La Comisión Permanente de Contingencias de Honduras (Copeco) repite una y otra vez a la población la consigna básica: “Sin criaderos no hay zancudos y sin zancudos no hay dengue”. Copeco, con la ayuda de militares, adelantan trabajos para erradicar los criaderos de larvas y fumigar a los insectos adultos.
“Se le ha dicho (a la población) hasta la saciedad que las fumigaciones no sirven de mucho si no se eliminan los criaderos del mosquito, pero no en todos los casos hay respuesta de los vecinos”, deploró con impotencia desde Costa Rica el director de la Unidad de Vigilancia de la Salud, Roberto Castro.
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