“Échame ese trompo en la uña”, diría cualquier escéptico al conocer la propuesta de asilo de Daniel Ortega a Edward Snowden sabiendo que aquí los extranjeros son tratados a patada limpia cuando conviene a los intereses del Gobierno. Sin miramientos, sin explicaciones y sobre todo sin apego a las leyes el orteguismo ha expulsado del país a ciudadanos de otros países apropiándose de sus bienes y poniéndolos literalmente “en bolas” en las fronteras.
Por eso el anuncio presidencial de que podría dar asilo al norteamericano refugiado en un aeropuerto de Moscú, acusado de atentar contra la seguridad nacional de su país, causa estupor o risa porque cualquiera pensaría de que se trata de un mero acto de oportunismo político por los aprietos en que Snowden ha colocado a Obama o que simplemente quieren traer al espía cibernético para luego ponerlo en la frontera tica o hondureña alegando cualquier pretexto; además aquí estaría a solo un paso de ser llevado a los Estados Unidos por el tratado de extradición que existe entre nuestros países.
Esto estaría chiche siendo nuestra Policía tan eficaz que ha logrado en menos que canta un gallo poner a bordo de vuelos hacia Estados Unidos a norteamericanos que han cometido delitos en su país. Qué diferencia habría entre Snowden y el gringo capturado en Estelí acusado de pornografía infantil y entregado de inmediato al FBI donde se veían rostros satisfechos de oficiales de la Policía, o de otro gringo acusado de lavado de dinero y estafa capturado aquí con la velocidad de un rayo y puesto velozmente en manos de lo que algunos oficialistas llaman la “perversa justicia del imperio”. Ni nuestro himno se sabía dijo de él un oficial de policía al referir la captura de ese hijo del imperio como algunos lo llamarían.
¿Y Snowden? ¿Qué corona tendría para no ser tratado como sus compatriotas? ¿Este sería tratado como un héroe en relación al daño que aparentemente está haciendo a su propia Patria? ¿Qué diferencia tendría para el FBI el pedófilo, el traficante o el espía, gringos al fin pero acusados por su país? Pero además salta a la vista un problema logístico en relación con el súper espía: ¿en qué rincón de este país lo esconderían siendo que aquí el chisme y el cuecho es el deporte nacional y que más pronto que tarde se sabría donde está oculto?
¿Y Obama se quedaría cruzado de brazos teniendo a Snowden tan cerca? Aquí se podría aplicar aquella máxima de la candela para rezar: “Ni tan cerca que queme al santo ni tan largo que no lo alumbre”. Snowden estaría tan al alcance de sus captores como una palomita de una tiradora. Si los israelitas desataron una cacería mundial para aniquilar uno a uno a los integrantes del escuadrón palestino que asesinó a los atletas olímpicos en Munich, ¿qué menos podemos esperar de los norteños al tener a su presa prácticamente en el patio de su casa?
Si no fuera por temor a la reacción gringa cualquiera de esos presidentes golilleros que hablan mal de los cheles, pero que se entienden con ellos por debajera ya le hubieran dado asilo y pasar de las tapas a la acción. Pero tratándose de Snowden el show debe seguir. EL AUTOR ES DIRIGENTE HISTORICO SOCIALCRISTIANO.
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