Carlos Alberto Montaner

La buena educación

Menudo lío. Escribí que me parecía cínico que los estudiantes chilenos, gentes mayores de edad y presumiblemente responsables, se empeñaran en que otras personas les pagaran los estudios universitarios y, encima, pidieran la clausura de las universidades creadas con fines de lucro, y mucha gente no estuvo de acuerdo.

Al margen de los insultos y las descalificaciones personales, que nada añaden al debate, el mejor argumento de quienes rechazan mi criterio tiene que ver con el bien público. Al conjunto de la sociedad, dicen, le conviene tener buenos profesionales. Así todos progresamos. Es una inversión, opinan, no un gasto.

De acuerdo. Creo que la educación a veces es una inversión y no un gasto. En todo caso, no estoy seguro, exactamente, cuál es la ventaja social de graduar teólogos o filósofos, dos ocupaciones muy respetables, mas  escasamente productivas, pero hay varios asuntos que deben abordarse.

El primero es de carácter moral. El Estado, insisto, no debe otorgarles privilegios a los adultos responsables. Las ventajas en calidad de empleo y nivel de salario de los graduados universitarios son muy notables. La gratuidad de la enseñanza universitaria consiste en meterles la mano en el bolsillo a todos para favorecer a unos cuantos de manera permanente.

El Estado, en cambio, puede avalar los préstamos de los universitarios y estimularlos para que estudien. También puede otorgar becas a los mejores. La meritocracia es un factor clave en los sistemas en los que no se busca la igualdad de resultados, sino de punto de partida.

[doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
  • La manera de contar con buenos universitarios es formar buenos alumnos en los primeros grados. Es en esa época donde hay que suplirles alimentación adecuada y magníficos maestros, bien remunerados y dotados de buenos métodos pedagógicos, de manera que, cuando lleguen a la edad adulta, puedan tomar las primeras decisiones vitales que en gran medida definirán su destino: cómo se van a ganar la vida, qué estudiarán, qué actividad emprenderán, cómo y cuándo constituirán
  • sus familias.

[/doap_box]

Los padres, naturalmente, también deben responsabilizarse. Si los que los trajeron al mundo, y las personas que los conocen de cerca, no creen en ellos, ¿por qué el resto de los ciudadanos debe pechar con el riesgo de prestarle a quien acaso no va a cumplir sus compromisos?

Los universitarios que pagan sus estudios tienden a esforzarse con mayor interés y a exigirles más a sus profesores. Tienen más incentivos para trabajar y crear riquezas cuando terminan. Los fondos que devuelven sirven para educar a quienes vienen detrás. Es más justo.

Hay universidades públicas y gratuitas en América Latina en las que el promedio de años de estudio por alumno duplica al de las universidades privadas. Ya se sabe que la única ley inalterable de la economía es la que asegura que “cuando la oferta es gratis la demanda es infinita y el consumidor, además, no la valora”.

Por otra parte, los recursos disponibles por el Estado son siempre escasos y hay que emplearlos más inteligentemente. Si se quiere adultos responsables que sean buenos universitarios y mejores ciudadanos, donde hay que poner el acento es en la enseñanza preescolar, primaria y secundaria.

Es en las primeras etapas de la vida donde se forman el carácter y los hábitos, y donde se adquieren los valores. Ahí, además, comparece casi la totalidad de los niños y jóvenes. Para que la búsqueda de igualdad de oportunidades no sea un fraude, la función del Estado, por medios públicos o privados, es preparar a los niños para que puedan competir y sobresalir en la vida. Un niño de origen humilde, bien nutrido y bien educado, tendrá entonces la oportunidad real de abrirse paso.

La manera de contar con buenos universitarios es formar buenos alumnos en los primeros grados. Es en esa época donde hay que suplirles alimentación adecuada y magníficos maestros, bien remunerados y dotados de buenos métodos pedagógicos, de manera que, cuando lleguen a la edad adulta, puedan tomar las primeras decisiones vitales que en gran medida definirán su destino: cómo se van a ganar la vida, qué estudiarán, qué actividad emprenderán, cómo y cuándo constituirán sus familias.

Quienes hemos tenido la experiencia docente universitaria, sabemos la enorme diferencia que existe entre los estudiantes formados en buenas escuelas durante los primeros grados, y los que provienen de pésimas instituciones, casi siempre públicas, donde los maestros no tienen buena preparación, no están motivados o no están decentemente remunerados.

Una última e inteligente observación, hecha por el profesor Alberto Benegas Lynch desde Argentina: le parece curioso que esos universitarios que se oponen al lucro, cuando se convierten en profesionales rara vez emplean su tiempo en ayudar gratuitamente al prójimo.

Lo dicho: el lucro que les molesta es el de los otros.

El autor es periodista y escritor. Su último libro es la novela Otra vez adiós. ©FIRMAS PRESS

 

Ver en la versión impresa las páginas: 8 A

COMENTARIOS

  1. Denso
    Hace 13 años

    Buen articulo,lei el anterior a este que se podria decir «primera parte»,que tambien estaba muy bueno;hay una gran cantidad de esos alborotadores que reclaman «todo gratis» que pasan hasta mas del doble del tiempo «estudiando» en las universidades,solo pa’ hacer los alborotos,al final se graduan mas viejos que sus profesores y resultan pesimos profesionales,pero con buenos cargos en los gobiernos a los que han ayudado con sus relajos a subir al poder,por eso tenemos presidentes como ortega o Evo

  2. crescencio escoto
    Hace 13 años

    cuando yo era niño, escuchaba a otros niños hablar de caverniculas entonces me imaginaba figuras como nosotros, pequeños de estatura, barbudos y cubiertos con pieles de animales y con un garrote en mano como su arma para su sobrevivencia, todo esto era imaginario para mi, ahora bien cada vez que leo a este celebre escritor por su forma de pensar y no por lo fisico tiene mas de cavernicola que hombre moderno.

  3. Silvio
    Hace 13 años

    Si como este «iluminado» sostiene el fin de la educación es el lucro y «crear riqueza» la humanidad estaría sentenciada a la auto-destrucción. No existirían investigadores quemandose las cejas por encontrar la cura de muchas enfermedades, ni enfermeras formandose para cuidar enfermos y viejitos. No señor, su visión es
    bien estrecha y cavernícola.

  4. nada de irreal
    Hace 13 años

    A mi me parece muy coherente todo esto,he leído los dos artículos y creo que esto sólo le puede parecer descabellado,a los que se juntan a tirar piedras por el famoso 6%,hay quienes ya encontraron su medio de vida haciendo eso,tienen veinte años en la universidad o viviendo de ella sin graduarse,triste realidad.

  5. Norman Obando
    Hace 13 años

    Qué lamentable apreciación de Crescencio Escoto. No deberían publicarse este tipo de descalificaciones que no abonan al debate, más bien acentúan la ignorancia de quien los escribe. Me parece muy acertada la propuesta del Sr. Montaner, solo que siempre predominan los intereses de aquellos que golpean con mayor fuerza sobre la mesa y no la lógica del conocimiento. De lo único que no coincido es en obviar la teología y la filosofía. Son importantes, si no no tendríamos a un Alejandro S

  6. jose m. fernandez.
    Hace 13 años

    Exelente articulo mas q’ de acuerdo con usted.Mientras mas inteligente y dedicado un muchacho mejor oportunidad y ayuda del sector privado deberia de tener,evitando asi el cacareo y la quejadera al borde de la majaderia de los q’ por pagar impuestos demandan inconcientemente derrochar un torrente de recursos en malos estudiantes,mediocres y vagos.A ver si ellos emplearian a esos mediocres en sus empresas o se irian a buscar un medico mediocre para velar por su propia salud o la de un familiar..

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí