Protestas alcanzan a festival literario en Brasil

La oleada de protestas que ha sacudido recientemente Brasil alcanzó la ciudad colonial y rural de Paraty, donde el viernes se efectuaba sin contratiempos el principal festival literario del país.

Brasil/AP

La oleada de protestas que ha sacudido recientemente Brasil alcanzó la ciudad colonial y rural de Paraty, donde el viernes se efectuaba sin contratiempos el principal festival literario del país.

En su undécimo año, el Festival Literario Internacional de Paraty reúne durante cinco días a diversos escritores locales e internacionales en esta tranquila ciudad portuaria para debates, lecturas, seminarios y discusiones.

La edición 2103 de esta muestra incluye diálogos con músicos brasileños importantes como Gilberto Gil y María Metania; el legendario cineasta brasileño Nelson Pereira dos Santos, el escritor estadounidense Tobías Wolff y el ensayista británico Geoff Dyer.

Los organizadores agregaron tres mesas redondas para examinar las protestas, que comenzaron en junio debido a un incremento de 10 centavos en las tarifas del autobús y el metro en Sao Paulo.

Sin embargo, esas movilizaciones escalaron rápidamente y se convirtieron en multitudinarias protestas nacionales contra la corrupción, los altos impuestos y los deficientes servicios públicos.

Aunque desde entonces, las manifestaciones han decrecido en número de participantes y de escenarios en el país.

Las protestas fueron tema en muchos de los debates. Las manifestaciones fueron las más grandes efectuadas en el país desde las de 1994 que propiciaron la renuncia del entonces presidente Fernando Collor de Mello.Durante un diálogo sobre «La cultura local y global», el cantautor Gil describió las manifestaciones como las «protestas de la fatiga».

«Hemos llegado a un punto en Brasil donde el estado ha dejado de representar el interés público y comenzado a representar el interés privado», dijo Gil, ministro de Cultura durante el gobierno del presidente anterior, Luis Inacio Lula da Silva.

Gran parte de la ira de los manifestantes ha recaído en la sucesora de Lula da Silva, que éste mismo escogió, Dilma Roussef. «Queremos un poco de descanso», apuntó.

Gil dijo que los manifestantes han aprovechado el espíritu de revuelta que ha sacudido recientemente al mundo, como la Primavera Arabe y los recientes acontecimientos en Egipto, el movimiento Ocupemos Wall Street, los Indignados en España y las movilizaciones multitudinarias en Turquía.

Sin embargo, las manifestaciones en Brasil son esencialmente brasileñas en espíritu, con toques de la tradición del Carnaval del país, agregó.

«Hay un millón de individuos detrás de un millón de máscaras», dijo Gil. «Es como un carnaval veneciano… política como entretenimiento», apuntó.

Dijo que la violencia que empañó muchas de las protestas de gran escala, en la que un número reducido de jóvenes aprovechó el anonimato de las multitudes para saquear y cometer actos de vandalismo, también derivó de una tradición brasileña arraigada a la que se conoce como «arrastao», o robos multitudinarios por parte de pandillas de ladrones que abruman a sus víctimas.

Gil, que ese encontraba en Paraty para promover su nueva autobiografía «Gil Close up» («Gil en acercamiento»), dijo que las manifestaciones son una fuerza a la que debe atenderse, aun cuando han menguado en los últimos días después de que el gobierno se apresurara a presentar algunas propuestas dirigidas a apaciguar a los inconformes.

«Las movilizaciones son una alerta de que ellos (en el gobierno) deben considerar otro tipo de agenda», dijo el artista ante la aclamación del auditorio, integrado por cientos de personas. «La lucha continúa», afirmó.

Una protesta fue convocada para el sábado en Paraty, que se distingue por sus calles empedradas e iglesias blancas elevadas. El festival concluirá el domingo.

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