La falta de atención gubernamental a la demanda de los adultos mayores, de que el Seguro Social pague una pensión mensual reducida a los antiguos afiliados que no alcanzaron a cotizar el total de semanas que establece la Ley para tener derecho a una pensión completa, es a todas luces incomprensible e injustificable, inhumana y torpe.
Desde cualquier ángulo que se le mire, la demanda de los adultos mayores no solo es justa sino también factible. Desde el punto de vista legal, solo hay que modificar el artículo 50 de la Ley 539, Ley de Seguridad Social, publicada en La Gaceta No. 225 del 20 de noviembre del año 2006, el cual contempla el derecho a la pensión reducida y solo hay que adaptarlo a la demanda de la Unidad Nacional de los Adultos Mayores (UNAM). Y desde la perspectiva política, solo es necesario tener ética para hacerlo.
La misma UNAM ha presentado una propuesta de reforma legal para facilitar la satisfacción de su demanda. Además, la opositora Bancada Democrática Nicaragüense también presentó a principios de agosto del año pasado, una Iniciativa de Ley Especial de Otorgamiento de Pensiones Reducidas por Vejez, la cual podría solucionar el problema si el régimen orteguista tuviera voluntad de resolverlo.
Pero Ortega carece de sensibilidad humana para reaccionar positivamente ante las justas demandas populares, y a pesar de que algunos lo consideran como un político sagaz, tampoco tiene habilidad para prevenir conflictos en su misma base social, como es el que se ha creado en las últimas semanas y días por la falta de atención gubernamental a la reivindicación de los adultos mayores.
Desde abril del presente año y después de casi sesenta meses de lucha por la pensión reducida, los dirigentes de la UNAM advirtieron que iban a recrudecer y radicalizar sus acciones, que se tomarían la sede central y las delegaciones del INSS y que después ocuparían la Asamblea Nacional, donde retendrían a los diputados hasta que se resolviera el problema satisfactoriamente para ellos. “Los vamos a encerrar (a los diputados), pasaremos candados y los vamos a dejar salir hasta que haya promesa del día que empezará a regir nuestra ley” (de las pensiones reducidas), advirtió el líder de la UNAM, Porfirio García, el 17 de abril pasado, durante la ocupación de algunas rotondas capitalinas.
Pero el orteguismo, además de ignorar la justa demanda de los adultos mayores, también ha menospreciado su capacidad de organización, de lucha y de sacrificio; pretendiendo ignorar que este movimiento fue organizado por antiguos cuadros del Partido Socialista, muy experimentados en la lucha social, quienes se integraron al FSLN antes del triunfo de la revolución y estuvieron con el régimen sandinista de los años ochenta, pero después se distanciaron al ser despreciados y marginados.
Los adultos mayores que demandan la pensión reducida han demostrado que cuentan con una buena organización y gran capacidad de lucha, a pesar de las desventajas que se derivan de su edad y su condición física. Y han motivado con su movimiento un generoso respaldo social, al mismo tiempo que han puesto en jaque al gobierno orteguista que se niega a ceder solo por inhumanidad y torpeza.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A