El 10 de mayo de 2007, cuando Daniel Ortega dijo que “ni por todo el oro del mundo” se podría arriesgar el lago Cocibolca, habló como un estadista y en todo caso como alguien que respeta los recursos naturales de su país y valora su importancia para el presente y el futuro de la nación. Por cierto que, en aquella ocasión Ortega era presidente legítimo de Nicaragua, pues aunque había ganado la elección de 2006 gracias al pacto con Arnoldo Alemán, que redujo el umbral electoral al 35 por ciento, así se estableció en la Constitución y se tenía que acatar.
Seis años después, el 14 de junio de 2013, al firmar la concesión a la empresa de Wang Jing para que construya el Canal Interoceánico cruzando el lago Cocibolca, entregándole además al mencionado chino —o a quienes estén detrás de él— derecho ilimitado sobre todo el territorio nacional que consideren necesario apropiarse para impulsar el proyecto canalero, Daniel Ortega no ha actuado como estadista sino como un bucanero desalmado. Actuó como un vendepatria, según la calificación que diera Sandino a quienes pactaron el Tratado Chamorro-Bryan en 1914 y lo aprobaron en 1916. Y cabe señalar que ahora que ha vendido por el oro chino el lago Cocibolca y todo el territorio nacional y el orden jurídico que quiera el concesionario canalero, renegando de lo que dijo el 10 de mayo de 2007, Ortega no es presidente legítimo de Nicaragua, porque se reeligió violando la Constitución y además tuvo que realizar un fraude electoral para poder imponerse.
Ahora Ortega y quienes lo respaldan, dicen que la construcción del Canal no representa peligro para las aguas del Cocibolca y que será protegido por supuestas obras de restauración ecológica de la cuenca de los lagos. Pero esto solo es un decir de un gobernante codicioso e inescrupuloso, de un oscuro empresario chino, de algunas personas ambiciosas que piensan hacer el negocio de sus vidas al amparo del proyecto canalero, y de algunos “ambienta-listos”, como llama el doctor Jaime Incer Barquero a quienes se presentan como defensores del medioambiente pero son solo oportunistas que repiten la voz del amo.
Precisamente el doctor Incer Barquero —quien sí es un prestigioso y autorizado científico ambientalista— advierte que la construcción del Canal por medio del lago Cocibolca tendría consecuencias catastróficas para esta gran reserva natural de agua dulce de Nicaragua y de toda América Central. Incluso, en una declaración que dio a la agencia española de noticias EFE en diciembre de 2008, el doctor Incer Barquero aseguró que “el recurso del Cocibolca es tan grande que sus aguas pueden ser vendidas hasta en California”.
De manera que lo que manda la responsabilidad gubernamental es promover la inversión de recursos nacionales y externos en la descontaminación del lago Cocibolca y la rehabilitación de su cuenca fluvial, pues todavía hay tiempo para hacerlo. Sin embargo, lo que hace Ortega es sentenciar a muerte al gran lago a cambio de una cantidad de oro chino que solo ellos saben cuánto es o será.
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