Leí una historia sobre dos personas que querían escuchar el eco de un abismo en la región donde vivían y emprendieron el viaje con tan mala suerte que oscureció rápido y perdieron el camino.
Decidieron regresar en plena oscuridad y un amigo le preguntaba al otro que supuestamente lo iba guiando: ¿Seguro que vamos bien? y el amigo le respondía: “Sí, no te preocupes, vamos bien”. En la medida que continuaban avanzando preguntó de nuevo: “¿Seguro que vamos bien?” y la respuesta fue igual: ¡“No te preocupes, vamos bien”!
Luego de caminar otro trecho, nuevamente el amigo ya inquieto y nervioso preguntó de nuevo: “¿Seguro que vamos bien?” y como respuesta solo escuchó un eco que decía: “¡Seguro que vamos bien ! ¡Seguro que vamos bien .!”
El final se presta a varias conjeturas. Una de ellas y la más probable es que la persona que guiaba se fue en el abismo y la otra se encontraba al borde del mismo solo escuchando el eco de su propia voz.
Traigo a colación esta historia después de leer algunos datos estadísticos del desarrollo económico de Nicaragua en un artículo del presidente del Cosep donde señala con datos el avance del país en la última década: estamos produciendo energía un 50 por ciento de fuentes alternativas sustituyendo el bunker, se ha incrementado la inversión extranjera, han aumentado las exportaciones, mejorado el Producto Interno Bruto, ha crecido el número de asegurados del INSS, la cantidad de teléfonos móviles en manos de la población, mayor usuarios de internet . etc. etc.
En otras palabras, vivimos una economía boyante lo cual contrasta con algunos informes internacionales sobre los niveles de pobreza, la desnutrición, la falta de empleo, los deseos de migrar de nuestra juventud, y la dramática caída de los precios internacionales de nuestros productos de exportación, entre los cuales el oro ocupa el primer lugar sustituyendo a los agropecuarios que tradicionalmente lo tenían.
En el artículo se olvidó comentar, de que si es cierto que se ha incrementado el número de los asegurados, esto representa apenas un 19 por ciento de la PEA lo que significa que casi el 80 por ciento de este sector de población se dedica al trabajo informal o están sin trabajo. Que si es cierto que cada día dependemos menos del bunker, cómo se explica que estemos pagando la energía eléctrica más cara y cómo en una economía boyante, miles de niños están desnutridos y no pueden ingresar a la escuela y más de la mitad de la población vive en pobreza o extrema pobreza.
Esta afirmación de que el país “va viento en popa” parece avalarla las estadísticas de la DGI, donde revela que el ingreso en concepto de cervezas, rones y gaseosa se ha incrementado en 2013 con relación al año anterior, por lo cual podíamos concluir, que vivimos sin problemas, porque nuestra población está consumiendo más licores, cervezas y gaseosas.
Una hipótesis quizás atrevida sería afirmar que estamos ahogando nuestras penas, frustraciones, la falta de empleo, la estabilidad laboral, el ocio y otras tragedias de este país, bebiendo más ron y cerveza.
Recordando la historia del comienzo, las preguntas que nos debemos hacer son: ¿Vamos en el camino correcto? Podemos encontrar este camino en la oscuridad o estamos a la orilla del abismo escuchando el eco que repite constantemente: ¡¿Seguro que vamos bien?! … ¡¿Seguro que vamos bien ?!
El autor es abogado y periodista
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A