La mano pachona que está detrás de las tarjetas que controlarán el acceso a los buses urbanos se está despachando hermoso con este apetitoso filete y de ipegüe pasa a tener el control económico y político del estratégico transporte urbano de Managua.
900,000 pasajeros al día (ahí me incluyo) pagamos C$$2.50 y abordamos una de las tantas rutas que operan en Managua. La suma diaria recaudada asciende a unos C$$2.2 millones de chancheros, que traducidos en kriptonita representan un ingreso aproximado de 33 millones de dólares anuales, un churrasco suculento que antes terminaba en el estómago de los transportistas. Para controlar esta comilona alguien inventó lo de las tarjetas y de paso se le olvidó convocar a una licitación, una molesta práctica de transparencia que aquí pasó al olvido.
El infalible color verde tenía que despertar el olfato a biyuyos de quienes manejan los hilos del poder en este saqueado país. Antes, cada moneda y cada billete iba a parar a los dueños de buses y cooperativas, que de esta manera se despachaban hermoso, ahora a través de la tarjeta se elimina esa loca distribución y lo recaudado se repartirá conforme a normas sicilianas generalmente aceptadas.
Como los buseros acarrean merecida fama de malos pagadores desde que destrozaron Enabus y hay que pagar los buses a nuestros hermanos rusos, que supuestamente nos los habían regalado, el abono del pago de los buses regalados de mentira lo hará la empresa dueña de la concesión de las tarjetas a la empresa que ahora aparece como dueña de los buses que, por supuesto, es Alba Transporte!
Antes, los transportistas hacían charanga con el combustible, pero como Venezuela ya alertó que la fiesta del petróleo puede terminarse, entonces mediante la tarjeta se controlará el ingreso de los buseros y se les deducirá el pago del combustible realmente utilizado. Con el abono esquilmado y el combustible controlado, queda la tajada de la designada Mpeso y la tajada de quien la designó, después de todo hay que recordar que estamos en un país de designados. Es más, ahora los transportistas no podrán disponer a su antojo de las unidades, porque estas están en posesión de Alba Transporte, igual que un reloj prendado en una casa de empeños, o sea que los buses y el transporte tienen un nuevo dueño.
Al menos los angelicales choferes ya no manejarán el efectivo y no podrán quedarse con los vueltos de cincuenta centavos, una maña que practicaban con cierta frecuencia cuando uno abordaba un bus y cometía la imprudencia de pagar con tres monedas de un córdoba.
De los casi 33 millones de lapas verdes, nada se va a revertir al usuario. Si no tenés tu tarjeta no te subís a los buses y con o sin tarjeta siempre sufrirás el trato grosero y abusivo de los choferes, de manera que el bienestar del usuario es nulo en este jugoso negocio.
Esto de las tarjetas entre Mpeso, Irtramma y los buseros es como una riña a cuchilladas entre gitanos, algo así como que entre bomberos no se pisan la manguera o que entre adivinos no se leen las manos. Es como una novela barata de detectives, cuya trama se adivina de antemano y cuyo desenlace sin ser de alarido, gusta, porque al final un asaltante resultará asaltado. EL AUTOR ES DIRIGENTE HISTÓRICO SOCIALCRISTIANO.
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