Casi diariamente los medios de comunicación nos informan acerca de los acontecimientos que vienen conformando un comportamiento habitual en la sociedad nicaragüense. De estos hechos se deducen situaciones que podrían contener aspectos de una crisis, no evidente todavía, pero que conducen a suponer que de no ser atendidos adecuadamente, podrían llegar a establecerse como una realidad concreta.
Tanto en el plano político, como en el de la vida social y familiar se encuentran, desafortunadamente con demasiada frecuencia, informaciones que nos hablan de reiteradas transgresiones al Estado de Derecho, de la adopción de medidas que violan la Constitución Política, de la inobservancia de disposiciones que constituyen requisitos legales para actuar en determinadas circunstancias, de la politización de las instituciones, aun de aquellas que han sido consideradas en algún momento como referente de un comportamiento ajustado a la Constitución y las leyes.
Igualmente se informa de situaciones lamentables y censurables desde todo punto de vista, referidas a la violencia intrafamiliar, y el incremento de la agresión contra la mujer, lo que inevitablemente refleja un nivel de descomposición social que debe preocupar a toda la comunidad nacional.
Frente a lo anterior puede aducirse, y así se hace, que en Nicaragua hay una relativa tranquilidad política, libertad de expresión, que nuestro país es el más seguro de Centroamérica y su Policía Nacional la más eficaz en la lucha contra la delincuencia y el narcotráfico. Posiblemente esto sea cierto, más en algunos casos que en otros, pero aunque así fuese, eso no invalida los riesgos que anuncian las otras situaciones negativas anteriormente señaladas.
Es una realidad la existencia de elementos que nos indican la conformación de una situación de crisis, la que, a pesar de su complejidad, es expresión de causas más profundas que subyacen a los fenómenos visibles e inmediatos a través de los cuales se expresa. Si nos representamos geométricamente a la sociedad nicaragüense como una pirámide, el primer signo que observamos en ella es el distanciamiento entre el vértice que forman los sectores de poder económico y político del país con el resto de la pirámide, compuesto por los otros sectores de la sociedad.
- Ya que en este momento no parece posible una concertación nacional, considero que debería buscarse eso que me permitiría llamar una propuesta de ciudadanía que logre un consenso sobre los mecanismos de actuación de la democracia… un proyecto que precise el papel de la sociedad civil, que consolide una propuesta estratégica y que motive la participación de los nicaragüenses en la formulación de propuestas de políticas públicas.
[/doap_box]
En el cuerpo de la pirámide, en lo que se denomina sociedad civil, se produce también un fenómeno de disociación entre las diferentes organizaciones que en conjunto forman el tejido social, a pesar del compromiso y dedicación encomiable de algunas organizaciones de la sociedad civil ante los problemas nacionales. Parte de esa falta de integración se debe a la inexistencia de un sentido de pertenencia a un todo unitario, a la ausencia de un plano de coincidencias mínimas y de objetivos comunes.
La falta de integración suficiente del cuerpo social en nuestro país se debe, posiblemente, a tres manifestaciones principales: la fragmentación, la incomunicación y la abstención o falta de participación de la mayoría de los componentes de la sociedad civil en la búsqueda de soluciones a los problemas que padecemos.
Pienso que es necesario la búsqueda de un acuerdo de ciudadanía que permita formular un proyecto general de sociedad. Ya que en este momento no parece posible una concertación nacional que incluya al Gobierno, a los partidos políticos y a la sociedad civil, debido a la situación política del poder y los partidos de oposición, considero que debería buscarse eso que me permitiría llamar una propuesta de ciudadanía, que logre un consenso sobre los mecanismos de actuación de la democracia, la reafirmación de una cultura de paz, al tiempo que consolide una propuesta estratégica política, económica y social y una acción sostenida y coherente en lo que concierne a la naturaleza, estructura y función del Estado y sus instituciones. Un proyecto de ciudadanía que precise el papel de la sociedad civil y que pueda motivar la participación de los nicaragüenses en la formulación de propuestas de políticas públicas.
Hay que tener presentes que nos encontramos frente a una crisis de valores que exige la existencia de una ética de la solidaridad que sustituya a la que podríamos llamar ética del pragmatismo y el hedonismo que, marcando una línea de conducta universal, ha influido también en ciertas formas de comportamiento nacional. La búsqueda del enriquecimiento a toda costa, la ambición personal y el individualismo que actúan sin tener en cuenta los objetivos sociales del contexto y circunstancia, han hecho, en no pocas ocasiones, de la persona, gremio o sector, un compartimiento estanco, en el que se ha fragmentado el sentido de unidad ciudadana.
Recuperar el sentido de pertenencia a una unidad más amplia, sustituir el sentido de autarquía y autosuficiencia por otro integrativo y complementario, es parte del desafío fundamental que se debe afrontar y que exige una idea clara de que no deben existir núcleos cerrados sobre sí mismos, sino un mecanismo de relaciones múltiples, un sistema de círculos concéntricos en el que la existencia de cada uno esté relacionada por su pertenencia a otro de más amplio radio.
El establecimiento de algunos objetivos comunes puede contribuir a dar a la sociedad un sentido más unitario, frente a la desagregación que presenta actualmente como consecuencia de la ausencia de un común denominador y de la fragmentación interna.
La existencia de una propuesta de ciudadanía, que atienda desde la perspectiva de la población los problemas más relevantes que enfrenta y las posibles medidas para tratar de resolverlos, conlleva de parte de la sociedad civil una forma significativa de asumir sus responsabilidades mediante la puesta en marcha de un proceso de concertación democrática de sus diferentes organizaciones y componentes.
No se trata de pretender realizar las funciones del poder y de los partidos políticos, pues ni le corresponde ni puede hacerlo, sino de asumir su responsabilidad procurando contribuir a la búsqueda de soluciones integrales, más allá de intereses inmediatos y coyunturales.
El autor es jurista y filósofo nicaragüense
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A