En el discurso que pronunció con motivo del Día Internacional de los Trabajadores, Daniel Ortega dijo algunas cosas muy interesantes, que al parecer pasaron inadvertidas pero vale la pena rescatar.
Ortega no hizo ningún anuncio de interés socioeconómico para los trabajadores, como acostumbra en estos casos y lo esperaban algunos. Lo que sí dijo en ese discurso fue, por un lado, que Nicaragua tiene que seguir dependiendo de los programas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), porque “aún este país es dependiente de los organismos internacionales”; y por otra parte, Ortega reconoció que hay en Nicaragua grupos que han escogido la lucha armada como vía de oposición.
En cuanto a lo primero, Ortega prácticamente desmintió a su asesor económico, Bayardo Arce, quien poco antes había menospreciado la importancia de un nuevo programa de Nicaragua con el FMI, basado en los supuestos grandes logros de la economía nacional. Por el contrario, Daniel Ortega reconoció que su gobierno no puede prescindir de los recursos económicos que se obtienen en virtud de los programas con el Fondo. Y admitió el presidente ilegítimo de Nicaragua, que la cooperación que recibe del Alba es insuficiente para las necesidades del país, de lo cual se puede inferir que Ortega está considerando que es real la posibilidad de que los fondos que recibe de Venezuela, por lo menos se reduzcan con el gobierno de Nicolás Maduro, quien para enfrentar la grave crisis económica venezolana inevitablemente tendrá que disminuir los montos de la ayuda externa a sus aliados.
Además, de manera extraoficial se sabe que a Ortega le interesa continuar la relación con el FMI, y acordar un nuevo programa para continuar el que expiró en 2011, a fin de responsabilizarlo por la inminente reforma del Seguro Social. Reforma que, según las fuentes, tal vez no sea tan drástica como se ha planteado en el proyecto conocido públicamente, pero de todas maneras será lesiva a los intereses de los trabajadores.
Por otro lado, en lo que se refiere a la presencia de grupos armados Ortega reconoció que hay sectores que lo adversan y no ven una salida pacífica. “La amenaza de polarización, confrontación y amenaza de guerra siempre estará ahí presente”, dijo el presidente inconstitucional de Nicaragua, aunque no fue capaz de admitir que él mismo debe hacer cambios fundamentales en su forma de gobernar para desalentar la tentación de la lucha armada.
Hasta ahora el gobierno había negado rotundamente que hubiese en el país alzados en armas por razones políticas. De manera reiterada los voceros y mandos del Ejército han dicho que se trata de “bandas delincuenciales” (sic) armadas que están siendo exterminadas, lo cual es prácticamente lo mismo que la dictadura somocista decía de los guerrilleros sandinistas.
Sin embargo, representantes de la Iglesia católica han insistido en que sí hay rebeldes armados en algunas zonas montañosas del país. Y la mejor prueba de su existencia, aunque funesta, ha sido la muerte en combate o por asesinato de líderes guerrilleros como los denominados comandantes Yahob, Pablo Negro y Cascabel.
Es lamentable pero la sangre de hermanos se sigue derramando porque quienes ejercen el poder se empecinan en negar la libertad y los derechos de los demás.
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