Irene López
Tradición y folclor
Enseñar a los niños nuestras danzas es una gran responsabilidad, ya que estamos formando un semillero para que conserve y transmita con responsabilidad nuestras más puras expresiones.
Los padres de familia han desechado la danza folclórica como parte integral de la educación de sus hijos varones. Debido a esa actitud, pronto nos quedaremos sin hombres para personificar nuestras danzas. En la danza folclórica nicaragüense, en especial la de marimba, la participación del varón es muy importante, se destaca por sus movimientos fuertes, zapateados, lenguaje gestual con movimientos de brazos y torso, es el que imprime fuerza a la danza, el que con su galanteo a la mujer va marcando el ritmo de la danza.
Los varones son elementos importantísimos en los bailes de El Güegüense, Toro Guaco y muchos otros, ya que son ellos los únicos protagonistas en estas danzas.
En el hogar, a los varones desde muy chiquitos se les inculca el machismo, y se les recalca que la danza en general es solo para las mujeres. Los padres de familia sin darse cuenta les están induciendo a rechazar y menospreciar su cultura, negándoles a sus hijos la oportunidad de cultivar actitudes positivas con respecto a sus raíces, incrementar el conocimiento de su cultura y desarrollar habilidades y destrezas que les ayuden a vencer todo tipo de obstáculo en la vida.
La danza incrementa aptitudes físicas como técnicas, cultiva percepciones y sentimientos estéticos, desarrolla la creatividad, el sentido del ritmo, la coordinación, captación, e imaginación, ayuda a la buena postura y al físico, la autodisciplina y la responsabilidad.
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