Cuando la democracia surge en Atenas entre los siglos V y VI a.C. , se argumenta que el hombre es libre y supeditado al pueblo, pero por otra parte los aristócratas la mencionaban en forma despectiva. En el siglo XVI, Norteamérica es un refugio seguro para los perseguidos religiosos y marginados de la transformación económica inglesa y allí se establece una auténtica democracia. Sin embargo, hoy todavía existen países cuyos gobiernos no son democráticos, aunque dicen practicar una tal democracia popular, en el caso de los comunistas.
Una verdadera democracia tiene como base fundamental la elección de los gobernantes por medio del voto del pueblo, lo que viene a justificar que el pueblo tiene el poder para que alguien lo represente.
Los países que tienen gobernantes elegidos por el voto, también han creado las reglas por las cuales estos deben de encauzar su gestión y acciones. Y se considera que estas reglas que se denominan la Constitución, deben ser respetadas rigurosamente por los elegidos, quienes no pueden violarla porque dentro de su contexto están los procedimientos de los derechos y deberes que regirán para bien de la comunidad en general. Entonces, los electores que van pacíficamente a depositar su voto para que alguien los represente, cifran sus esperanzas en que habrá un buen gobierno, que se respetarán todas las leyes y que su país se desarrollará socioeconómicamente en forma positiva. Todo esto abona al proceso eleccionario como sustento de la democracia, pero siempre hay las excepciones cuando en el país donde se eligió al presidente de forma legal originalmente, después ejerce su mandato en forma autoritaria, dictatorial. Además, como de acuerdo a la Constitución no puede ser reelecto, entonces monta un proceso fraudulento porque tiene bajo sus botas al Consejo Electoral, cuyo titular es el más servil y desvergonzado funcionario de Estado entre todos los que están supeditados al dictador de turno. Esto es precisamente que lo que está sucediendo en nuestra pobre Nicaragua, donde para peor la oposición instalada en sus curules lo único que hace es devengar jugosos salarios, obtener prebendas y dejar pasar por lo alto todos los desmanes que se están cometiendo.
De manera que cuando las elecciones son fraudulentas, el proceso electoral se convierte en un tinglado mafioso para que el dictador continúe en el poder, quien se preocupa solo por hacerse cada vez más rico aunque pregona por todos los medios que se está trabajando arduamente por erradicar la pobreza. Lo cual no es cierto porque los pobres son necesarios para que el populismo se mantenga en el poder por medio del clientelismo político.
Antes, en tiempo de Somoza las turbas nicolasianas se tomaban las calles e infundían terror entre los desafectos al régimen que se atrevían a protestar. Pero las turbas nicolasianas han sido superadas por las de ahora, que han sido seleccionadas cuidadosamente y usan medios modernos de represión como lanzabombas y se transportan en motocicletas, que solamente con el sonido de los escapes sin silenciadores atemorizan a los que se manifiestan pacíficamente. Y la subliminal persecución contra los medios de difusión independientes, negándoles publicidad e información, mientras con el dinero que produce el negocio del petróleo pueden comprar o silenciar a algunos medios. Las violaciones a nuestra Constitución son tantas que en Nicaragua se ha creado un récord internacional. El despido de los miles de empleados públicos para poner a los serviles que quizás no tienen el nivel intelectual de aquellos, es también una violación de la Biblia en cuanto a que al trabajador no se le debe dejar de pagar su salario, pues son muchos millones de córdobas que no les entregaron a los corridos de sus trabajos.
Todo esto es producto de unas elecciones fraudulentas en nuestra tierra. Los demás países que conforman el andamiaje del Alba siguen el mismo patrón de no querer dejar el poder, y de explotar a los pueblos. Como Venezuela, donde se produjo un fraude eleccionario y para disimular un poco el margen de ganancia que le dieron a Maduro es apenas un l.8 por ciento. Pero se ha visto la reacción de la oposición que ha logrado que se haga una auditoría del 46 por ciento de los votos. Después que perdió el referendo constitucional, el chavismo montó un sofisticado sistema electoral para no volver a perder las elecciones. El autor es cooperativista, fue funcionario del BNN.
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