El general Julio César Avilés dice que el Ejército no fue, pero alguien en nombre del Ejército Nacional lo hizo.
Falsificar una orden es un delito y si se trata del Ejército Nacional, con mayor razón y con categoría de penal.
Lo que tiene que hacer el general Julio C. Avilés es usar su autoridad dentro de las filas de la institución armada e investigar a fondo el plagio que en nombre del Ejército Nacional echó de la conferencia de prensa que iban a brindar las autoridades de la institución castrense, al periodista del Diario de los Nicaragüenses, para que le den el castigo que de acuerdo con la ley merece.
Si el Ejército Nacional se queda sin ordenar una investigación y sin encontrar al culpable, está aceptando que la orden se originó dentro de la esfera de poder de los militares.
Si es así, ¿qué es lo importante e ilegal que el vocero del Ejército Nacional iba a comunicarle a la prensa oficialista? ¿Acaso los terrenos que están en la mira de la Procuraduría General de la República (PGR) para entregárselos a los militares retirados, o quizás las órdenes que se van a dar con respecto al problema de Venezuela?
Los ciudadanos tenemos todo el derecho de especular, puesto que alguien se atrevió a censurar al medio de comunicación más importante de Nicaragua, por razones absolutamente discriminatorias.
Esta es una buena oportunidad que se le presenta al Ejército Nacional para despejar las dudas que flotan en el ambiente con respecto a su lealtad para con la Constitución, o para con la dictadura y su dictador.
Todavía flotan en el ambiente las palabras del presidente de facto, Daniel Ortega, dirigidas al jefe del Ejército Nacional y a la primera comisionada, jefa de la Policía Nacional.
En dos palabras recordemos cómo les dijo al militar y a la Policía que no olvidaran de dónde vienen y su lealtad a la revolución popular sandinista. Pues parece que no lo olvidaron, porque el pueblo nicaragüense ya no cuenta con una Policía Nacional que vele ante todo por la seguridad ciudadana y con un Ejército de Nicaragua que cumpla ante todo con su juramento de defender la Constitución de la República, y solo está esperando para probarse en la disyuntiva de volver sus fusiles contra el pueblo que protesta, o contra el gobierno que oprime.
El general Joaquín Cuadra Lacayo, exjefe del Ejército Nacional, dijo durante su breve incursión en la política nacional que el Ejército de Nicaragua jamás iba a volver sus fusiles en contra del pueblo nicaragüense. Solo espero que esas palabras suenen en el cerebro de los generales, para que no imiten jamás las acciones fratricidas de la Guardia Nacional de Nicaragua. El autor es analista político.
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