Julio Portocarrero Arancibia
Retrocedo unos cuantos años atrás y me veo frente al “tele”. La mochila junto a la camisa del “cole” yace en el piso, no hay nada que me haga perder la concentración. Inclusive experimento sus poderes, sus movimientos. Siento que vivo en él y él vive en mí.
Y de pronto, cuando todo parece acercarme al momento en que al igual que él siento experimentar en mi cuerpo una transformación, llegaron los comerciales.
Ese segundo anterior es el más odiado por todos aquellos que de pequeños moríamos con las series de determinados superhéroes, ¿o no?
Sin embargo, es increíble cómo estos logran una gran identificación con nosotros, nuestra edad, ambiente, imaginación y sueños.
Eso le pasaba a nuestro lector Yamil Mejía, quien después de varias lunas ha analizado como su identificación con Wolverine de los X-Men —¿recordás?—, influyó en él de manera subliminal y directa.
“Yo creo que las caricaturas permiten que los chavalos vayamos creciendo con ideales, nos forman, y es increíble cómo influyen en nosotros”, comenta Yamil, quien actualmente estudia el último año de Comunicación Social en la Universidad Centroamericana (UCA).
A diferencia de él, Carlos Ñamendy, quien forma parte de la Escuela de DJ de Nicaragua, continúa expresando fidelidad a Spiderman. No se ha perdido de ver las películas que se han producido sobre ese superhéroe joven, es más, comenta que éste le ha motivado a ser un chavalo estudioso. ¡Qué cool! ¿no?
Y eso no es todo. Ella también recuerda a su superhéroe de infancia. Su nombre es Frida Montes y una sonrisa arrebata el segundo en que recuerda a Linterna Verde ¡ojo! y sus aventuras salvando el universo.
“De este superhéroe yo he aprendido a ser arriesgada y aparte de las imágenes o episodios lo que más recuerdo son sus actitudes”, comenta esta chavala quien afirma haber visto más de 20 veces la película de Linterna Verde con su hermano menor ¡Increíble! ¿no?
En mi caso, queridos lectores, aunque sea un anime, puedo decir que de mi superhéroe de infancia recuerdo la tranquilidad con que vivía sus días, el valor que le daba a la amistad, lo rápido que comía y por supuesto su “game game gaaa”. ¿Verdad, Gokú?
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