Sergio Ramírez

Herodes y los chocolates

El 23 de marzo de 1982 el general Efraín Ríos Montt se hallaba predicando con la Biblia en la mano en un templo de la Iglesia del Verbo, cuando una patrulla militar llegó a buscarlo porque acababa de ocurrir un golpe de Estado y los cabecillas lo querían como jefe de la junta militar. Eso es lo que propagaban sus cofrades, que fue la providencia misma la que lo buscó para que cumpliera su misión de salvar a Guatemala de la subversión diabólica, y guiara al país hacia los brazos de Cristo.

Lo cierto es que él mismo dirigió el golpe, pero lo es también que para entonces era parte del consejo de ancianos, una suerte de obispos, de esa iglesia neo pentecostal y ultraconservadora, que el mismo año cumplía cien años de haber sido fundada en Eureka, California, y sus jerarcas vieron una señal de los cielos en el hecho de que por primera vez en la historia de Guatemala un evangélico pasara a ocupar la presidencia, aunque fuera de facto. A las once de la mañana de ese día, el escogido de la providencia comparecía en uniforme de campaña, rodeado de sus cómplices de la cúpula militar, para anunciar el golpe y hacer una serie de advertencias, la primera de ellas que quien fuera encontrando con armas en la mano sería fusilado, “fusilado y no asesinado, ¿estamos?”

Igual que décadas atrás lo había hecho en El Salvador el general Maximiliano Hernández Martínez, que se instalaba ante los micrófonos para explicar sus teorías teosóficas, Ríos Montt predicaba sus sermones cada domingo por la noche en cadena de radio y televisión, siempre aconsejando el buen camino de la fe, y advirtiendo contra los perturbadores. La nueva cruzada de redención sería militar, y de inspiración religiosa; y el buen cristiano, según sus palabras, era aquel que se cuidaba de mantener la metralleta en una mano, y la santa Biblia en la otra. Y también inventó la consigna “frijoles y fusiles”.

Por debajo de su prédica de pastor de ovejas descarriadas, que anunciaba la llegada de la era del amor divino, y la conquista del país para Cristo, lo que se montó desde el mismo día de su ascensión al poder, o es que se trataba de planes ya preparados desde antes, fue un programa de represión sistemática que involucraba el Ejército, a los cuerpos de seguridad, a bandas paramilitares, y a las recién creadas Patrullas de Autodefensa Civil.

El reinado de terror del elegido divino duró poco, apenas 16 meses, pues en agosto de 1983 fue derrocado por otro golpe de Estado, pero según el informe de Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas, y el informe de Recuperación de la Memoria Histórica, que costó la vida al obispo Juan Gerardi, se cometieron al menos diez mil asesinatos en las áreas rurales y cien mil personas debieron huir de sus aldeas, de las que casi quinientas fueron exterminadas del mapa.

Bajo la tesis ya tan recurrida de la contrainsurgencia de “sacar el agua al pez”, uno de los principales blancos fue al pueblo indígena itzil que habita en el Quiché, al nororiente de Guatemala, al que se buscaba diezmar, o acaso hacer desaparecer, señalado como colaborador de la guerrilla por los golpistas, y en eso no había tapujos. Uno de los voceros militares de Ríos Montt llegó a decir en público que lo mejor que podía hacerse para derrotar a los subversivos, era “matar a los indios”. Y con esto quería decir ancianos, hombres, mujeres, niños.

Hoy, tres décadas después, y a los 86 años de edad, el cruzado neopentecostal comparece por fin delante de un tribunal civil para responder por varios cargos criminales, el más importante de ellos el de genocidio, junto al general Mauricio Rodríguez Sánchez, entonces jefe de Inteligencia militar (G-2).

Los testigos, aún con el temblor del miedo en su voz, relatan atrocidad tras atrocidad, y sus palabras desafían a la imaginación más tenebrosa. Para entonces muchos eran niños que lograron escapar de la sentencia de muerte decretada contra todos ellos por el alto mando. Ríos Montt sabía muy bien de historia sagrada, y los planes que aprobó se parecen mucho a los del rey Herodes, solo que más sofisticados. Los niños itziles tenían un nombre cifrado en esos planes: chocolate. No había que dejar a un solo chocolate vivo.

Soldados que se comían los sesos de los niños después que sus cabezas habían sido abiertas a golpes contra las rocas. Niños lanzados al aire y ensartados en bayonetas. Vientres de mujeres abiertos a cuchillo para sacarles a los hijos en gestación. Niños quemados vivos.

Francisco Velasco cuenta que mataron a once familiares suyos y a su hija de doce años la encontró tirada en el piso de su vivienda con el pecho abierto y sin corazón. “Los soldados le sacaron el corazón, no sé si con cuchillo o machete. ¿Mi niña qué delito tenía? ¿Mi mamá qué delito tenía?”

Nicolás Toma, de San Juan Cotzal, dice que una patrulla de soldados llegó a su aldea Villa Hortensia Antigua y mataron a todos los niños: “Les metieron bala en el pecho que salió por la espalda”. No habla español, y necesita del auxilio de un traductor. Los soldados violaron uno tras otro a las mujeres, ancianas y jóvenes, y luego las degollaron.

“No hubo perdón para ancianos, ni niños ni mujeres embarazadas”, dice otro, “en ocasiones los niños se iban vivos a las fosas en los rebozos de las madres. Cuando una fosa estaba llena de víctimas, le echaban tierra. Ellos los agarraban del pelo y los puyaban en el pecho, y después los empujaban a la fosa”.

Otro testigo declara que cuando fueron a buscar a su hijo Pedro de cinco años de edad, “ahí estaba tirado, mi chiquito muerto”. Tuvieron que dejarlo en la huida, y “ahora por fin está enterrado en el cementerio de Cunén”, después que los antropólogos forenses identificaron sus restos. Y dice otro: “Los soldados primero quemaron las casas y a los niños que estaban allí les cortaron el pescuezo con cuchillo, la cabeza la usaban como pelota, nunca se me ha olvidado y nunca se me va a olvidar”.

¿Quién puede olvidar esta guerra de Herodes para acabar con los chocolates? El autor es escritor. Masatepe, abril 2013.


COMENTARIOS

  1. Sergio Rafael Martinez Vega
    Hace 13 años

    El conflicto armado en CentroAmerica, Las guerras civiles,como extension de la Guerra fria, al lograr la pacificacion, debio realizarse necesariamente con una profunda investigacion historica, politica, etica y moral para lograr JUSTICIA, DEMOCRACIA Y PAZ. Las investigaciones de Comisiones de la Verdad y la Elaboracion de Libros Blancos contra crimenes de Lesa Humanidad, y el Latrocinio. Los Decretos de amnistia o indultos, fueron para lavarse las manos, la cara y la Bolsa. (Marasmo Moral )

  2. Román Alberti Gutíerrez
    Hace 13 años

    Excelente artículo, muy bien orquestado. La justicia de Dios tarda en llegar pero llega. Es increíble leer todas las atrocidades que se hicieron en Guatemala, este Sr. Rios Montt aunque ya es un anciano decrépito debería ser castigado con la cárcel y con torturas para que sienta en carne propia lo que sufrieron las víctimas. Igual pasó con Pinochet, detrás de la imagen de anciano venerable e indefenso se escondía un monstruo perverso. Aquí en Nicaragua tenemos uno y es presid

  3. Themys
    Hace 13 años

    Que espantoso, justicia para los inocentes aunque sea tan tarde.

  4. Manolo
    Hace 13 años

    Otra genial narrativa de Sergio Ramírez. Lo triste es el nudo de la historia. Esperamos que tenga un desenlace apegado a derecho y que se haga justicia con esos bárbaros promotores de genocidios. Espero que la pandilla de Ortega y su Chamuca algún día le llegue su turno. Paciencia, mucha paciencia, que el día les va a llegar. A eso póngale sello.

  5. CONCIENCIA
    Hace 13 años

    Al menos en esos paises democraticos se JUZGAN esos supuestos CRIMINALES, aqui en NICARAGUA, hay genocidas de los 80s que han sido premiados con billetes, mansiones, haciendas, se dedican a delinquir con el narco terrorismo escudados en su posiciones militares o con anuencia del dictador, y nunca se les ha llevado a la tal justicia que pregonan los piricuacos, TASBA-PRI, NAVIDAD ROJA, AYAPAL, EL TORTUGUERO, pedro el Hondureño; como fidel castro que FUSILABA, no ASESINABA al pueblo??

  6. Graciela
    Hace 13 años

    Pobrecito Rios Mont, que tristeza saber que vino al mundo a destruir el mundo, pero va a pagar , sino lo hace aqui, lo hara ante Dios; igual pasó y pasa en Nic. aqui hombres y mujeres malos y que quiza no estan matando niños ni mujeres con armas cortas o largas, pero los estan matando de tristeza de angustia , de dolor de hambre, pq su padre esta muerto o lo persiguen para matarlo, lo han denunciado como delincuente pq no acepta la corrupcion que hay en Nic y en los poderes del estado.

  7. Josefina Vannini
    Hace 13 años

    Sr. Ramírez:
    ¿Por qué algún día no escribe un artículo similar pero delatando todas las atrocidades que se hicieron en Nicaragua durante la época de los 80, mientras usted fungió como vice presidente?
    No estoy justificando a Ríos Mont, ojalá le den su merecido, pero sería igualmente ecuánime que se juzgara a los cómplices silenciosos de los crímenes y abusos cometidos contra los nicaragüenses. ¿O es que aquí tienen alguna corona?
    Me encantaría conocer su versión.

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