Leonardo Morales
Este próximo 14 de abril quedará despejada la incógnita sobre quien gobernará Venezuela por los próximos seis años. En las conversaciones propias de Semana Santa, aseguré que la estrategia de Maduro se limitaría a apoyarse en la figura del expresidente Chávez y que no nos sorprendiéramos si por momentos lo veíamos más duro que su mentor. Por lo que consideraba que esta contienda entre Capriles y Maduro, en realidad es entre Capriles y el fantasma de Chávez. El colmo del mimetismo de Maduro, al pretender ser considerado como Chávez, es tratar de hacerle creer a los seguidores de este, que habla con él, convertido hoy en un pajarito. Afirmación que lo ha convertido en el hazmerreír de la población del planeta. Por ello puedo asegurarles que el candidato de la oposición podrá pasarse el resto de la campaña retándolo a un debate, o que explique sobre cómo espera resolver los problemas que aquejan a los venezolanos y Nicolás Maduro jamás contestará, sino que continuará aferrado en explotar la memoria de Chávez, recordándole a sus seguidores que fue el difunto el que lo escogió para sucederlo. Ese fue su eje de campaña y nada lo hará separarse de él.
Lo que sí ha quedado demostrado en estos escasos días es que Maduro no tiene ni la capacidad ni el liderazgo de continuar con el proyecto del Alba y mucho menos lograr consolidar un nuevo orden político como lo pretendió en algún momento Chávez. Por lo que mi predicción es que todos esos beneficios que otorgaba Chávez a sus “aliados” de la región, tenderán a desaparecer, incluyendo a Cuba, aunque este demore un poco más en reducirse totalmente. Esto si llegase a ganar las elecciones, ya que de ganar Capriles ese mismo día mandará a sepultar los restos del Alba y todo lo que ello significaba incluyendo el sucre.
Sir Winston Churchill dijo en una ocasión que el mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante promedio. Y aparentemente a juicio de analistas políticos, periodistas y estudiosos de la materia, Venezuela no escapa a esa lapidaria afirmación del exprimer ministro inglés. El pasado 4 de abril LA PRENSA en su editorial de ese día sopesó los pros y los contras de un hipotético triunfo de Maduro y entre los pros más contundentes destacaba que sería este mismo el que se encargaría de destruir el mito del caudillo ante el desastre económico y social que se espera como producto de su administración, el que los venezolanos tengan que sufrir las vicisitudes de otro gobierno chavista para despertar y poner en su justo lugar a un caudillo que dilapidó el patrimonio de su pueblo, tiene forzosamente que llamarnos a la reflexión, tanto a gobernantes como gobernados, porque las consecuencias y secuelas de ese despertar ya lo conocemos. Para finalizar, solo espero que de ganar Maduro, tanto él como su gabinete y allegados no le apliquen al pueblo venezolano aquella máxima que los priistas aplicaban en México el último año de su mandato, al que bautizaron como el año de Hidalgo. Que quería decir, chingado el que deje algo.
El autor es exconcejal de Managua por el PLI.
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