Por Róger Almanza G.
Cuerpos sudados, agotados y algunos tirados en bancas tomando aire. Músculos inflados y abdominales definidos que se reflejan en paredes forradas de espejos. Es una escena que se repite en muchos de los gimnasios de la capital que se repletan de clientes desde uno o dos meses antes de las vacaciones de Semana Santa. El milagro que buscan, un cuerpo definido para lucir en la playa.
Los que llegan con esta intención no siempre lo aceptan en público. Pero en privado confirman que solo se han animado para bajar unas cuantas libras y reducir la panza. “La mayoría nos vamos a la playa y a fuerza hay que quitarse la camisa, si lo hago no quiero que me dé pena, así que vengo a matarme un mes al gimnasio”, comenta Carlos, quien cada año repite la misma rutina, terminando febrero busca el gimnasio más cercano y se inscribe. Luego de Semana Santa, el gimnasio es asunto olvidado.
Para instructores físicos y expertos en nutrición se trata efectivamente de un milagro que no muchos pueden lograr. Y para quien lo logra “esto es exponer su cuerpo a un estrés y desgaste peligroso e innecesario”, comenta Paula Andrea de Chamorro, especialista en nutrición.
Estos espacios de entrenamiento físico pululan en la capital. Para el entrenador Noel Sandoval, en Managua ya hay más de 4O gimnasios pero tan solo cuatro mantienen un alto perfil, donde además de entrenamiento con pesas, ofrecen al cliente otras actividades como spinning, pilates, zumba, aeróbicos, masajes y algo importante, “la presencia de instructores capacitados y pendientes de los clientes”, dice Sandoval.
Espacios los hay. Desde los más sencillos con máquinas “hechizas” y oxidadas acomodadas en garajes de piso de concreto y techo de zinc, donde cuelgan lámparas que aportan más al calor y ayudan más a sudar, es aquí donde los chavalos del barrio llegan a “pompearse”, hasta los más lujosos, con equipamiento completo de máquinas originales, piso totalmente alfombrado y siempre con aire acondicionado. El precio indica la gran diferencia, los primeros cobran una mensualidad de hasta 150 córdobas y así dependiendo del gimnasio hasta 350 córdobas, por otro lado, la membresía mensual de los gimnasios más completos ronda entre los mil y mil quinientos córdobas.
EN BUSCA DEL CUERPO PERFECTO
Las mujeres son las que más llenan los gimnasios, casi el sesenta por ciento, asegura Sandoval, quien es instructor del gimnasio Ilusiones, ubicado en uno de los repartos de clase media alta de la capital.
“Es que las mujeres son más constantes además de disciplinadas en comparación con los hombres”, asegura el instructor.
En otro gimnasio, ubicado en Camino de Oriente, donde los recuerdos de una vieja discoteca rebotan aún entre las máquinas y mancuernas, aquí abre sus puertas el gimnasio Fit Club, donde algunos clientes no se escapan del perfil de aquellos que creen en los milagros y solo llegaron para prepararse antes de la gira a la playa.
Pero los clientes poco frecuentes son las minoría. El cliente constante mantiene su perfil de exigente en su horario y con su rutina, además, con los resultados que obtiene. Es un cliente que exige higiene y seguridad en el lugar y espera apoyo del instructor.
Una chavala chelita de ojos claros y un peinado entrenzado, que no deja que el pelo le moleste el rostro, pasa de máquina en máquina en este gimnasio. Es de estatura baja, cintura pequeña y piernas anchas. Esta noche entrena las piernas. “Es lo que más quiero reducir”, comenta. Su nombre es Karina Jackman y apenas tiene 16 años.
Hace mes y medio inició en el mundo del gimnasio y nunca antes lo había intentado. Aunque le costó convencer a sus padres para que la dejaran entrar al gimnasio, Karina cree que es una de las mejores decisiones que ha tomado.
“No lo veo como moda y mucho menos lo decidí con la intención de que las vacaciones están cercanas y quiero verme mejor, creo más en que es el momento de cambiar mi estilo de vida y adoptar hábitos más saludables… entre mis amigos soy la única que viene al gimnasio y quizá motive a más de alguno para que se anime a ejercitarse”, cuenta Karina.
Aunque la mayoría de personas que asiste a los gimnasios son jóvenes mayores de 20 años, y solo pequeños grupos de personas en la tercera edad, el grupo de adolescentes que se animan a ejercitarse en estos lugares se vuelve más común. ¿Moda o cambio de cultura? Para la doctora Paula Andrea de Chamorro, el que los adolescentes estén llegando a los gimnasios tiene que ver con el estilo de vida que se vende en la publicidad.
“Se ven cuerpos atléticos, mujeres bastante delgadas y hombres con cuadritos, y a veces cada vez más jóvenes, esto es lo que puede estar influyendo… no necesariamente es que la cultura pueda estar cambiando”, opina la especialista.
El problema puede tener su efecto en el desarrollo del adolescente. “El adolescente no debe entrenar con mucho peso, porque esto le desgasta los cartílagos y evita que crezca más… una rutina de gimnasio o entrenamiento de pesas para un adolescente debe estar valorada por especialistas”, apunta la especialista.
Karina espera no dejar el gimnasio y lograr el objetivo que se ha planteado, verse y sentirse bien. Sumado a ello, deberá, antes de las 6:00 de la tarde, haber terminado todas sus tareas del colegio y mantener arreglado su cuarto para que sus padres continúen con el permiso que le deja ir cada tarde al gimnasio.
LOS MILAGROS NO EXISTEN
Al menos en el gimnasio, el lograr un cuerpo atlético, definido y con poca grasa, no le llaman milagro.
“Es el resultado de la dedicación, la disciplina y un buen entrenamiento acompañado con una buena alimentación”, comenta Alberto Herrera, entrenador en Fit Club.
Jorge Callejas tampoco cree en los milagros del gimnasio. Tiene 27 años y los últimos 11 los ha pasado entrenando a tal nivel que ha ganado lugares en competencias de fisicoculturismo y en el 2012 ganó en Estados Unidos el absoluto de la Organización 100 % Natural.
Su encuentro con las pesas, aquella tarde en su primera visita en el gimnasio, no lo olvida. Era un chavalo flaco frente a aquellos espejos que lo único que quería ganar era más cuerpo, verme más grande. Tenía 16 años y era un adolescente más en Chinandega.
“Me costó lograrlo, subir de peso no fue fácil, pero en el gimnasio aprendés que lo único que te asegura buenos resultados, y sobre todo prolongados, es la disciplina y la consistencia, es lo que te lleva día a día a tu objetivo”, comenta Jorge, quien luce un cuerpo definido sin ninguna exageración de músculos que parezcan que van a reventar en cualquier momento.
Desde el día en que Jorge llegó por primera vez al gimnasio, no ha dejado de ir, su cuerpo es el mejor testigo de su nuevo estilo de vida.
Cada domingo cocina grandes cantidades de comida, la suficiente que cubra con su semana de lunes a viernes. La guarda en recipientes etiquetados por día y una a una va consumiéndolas. Su desayuno, merienda, almuerzo, otra merienda y la cena. Todo lo guarda en su bolso del gimnasio y después del trabajo sale directo a entrenar.
Un estilo de vida, para muchos obsesivo, como le han señalado en algún momento a Jorge. “No creo que sea obsesivo porque lo disfruto y en realidad me hace sentir bien, me desestreza y es algo en lo que me concentro además de mi trabajo y mi vida familiar”, dice Jorge.
ESTILO DE VIDA O PROBLEMA DE SALUD
Para el doctor Hugo España, médico siquiatra especialista en adicciones, el ser humano puede volverse adicto a prácticamente todo, y el gimnasio o el entrenamiento no se escapa de la lista de posibles adicciones, por sana práctica que parezca.
¿Cómo identificar cuando este nuevo estilo de vida es un problema? El doctor España destaca que el primer parámetro es si la salud se ve afectada, también si el dejar de ir, aunque sea por un día, vuelve al sujeto irritable o de mal humor.
Un problema de salud es el llamado vigorexia, que no es más que la actitud compulsiva de hacer ejercicios para verte mejor. Para España, un problema cada vez más común en la sociedad nicaragüense, pero como la mayoría de problemas mentales, no son vistos o atendidos como tal.
Jorge trata de asistir al gimnasio al menos cinco días a la semana y si falta un día, solamente si le es posible, lo recupera con la mañana del sábado. Según España, mientras su actividad no limite su desarrollo con las demás facetas de su vida, entrenar en el gimnasio continuará siendo una actividad sana.
LOS SECRETOS DEL MILAGRO
“Sí hay quienes lo logran, pero a costa de mucho sacrificio y de su propia salud”, dice la doctora Paula de Chamorro, al referirse a aquellas personas que en uno o dos meses logran la figura que a la mayoría empieza a ver después de seis meses o un año de entrenamiento disciplinado.
“Es importante tener en cuenta que cada persona es un organismo diferente y por tanto no hay una fórmula mágica. Debe hacerse una individualización de la rutina de ejercicios como también de la alimentación saludable de cada uno. Existen lineamientos generales, pero estos se deben ajustar a las necesidades y gustos personales”, valora la experta.
Los suplementos, esos tarros grandes que ofrecen casi como productos mágicos para lograr resultados más rápidos, pueden funcionar en alguna medida, pero “el problema en nuestro país es que en cualquier lugar se venden y son recomendados por el mismo instructor o en el peor de los casos por un amigo y no precisamente por un médico”, comenta España. Junto con ello están los esteroides, con los que se pueden lograr cambios en menor tiempo, pero las consecuencias pueden ser letales para la salud.
“El ejercicio ayuda a liberar dopaminas y endorfinas, encargadas de la felicidad y el placer, así que generalmente quien tiene en su estilo de vida una rutina de ejercicios como el entrenamiento en el gimnasio se siente contento y bien, pero el problema es que si se liberan mucho de estos neurotransmisores se convierte en adicción y no pararás fácilmente como ocurre con cualquier tipo de drogas”, enfatiza España.
Seis meses es el tiempo prudente para ver resultados, valora el instructor Alberto Burgos, del gimnasio Total Gym, “siempre y cuando la buena alimentación vaya a la par, porque en el gimnasio no hay magia, y si ocurre es gracias al esfuerzo”, asegura.
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