Alejandro Serrano Caldera

Valores sociales y cultura política

Diferentes medios de comunicación han estado informando acerca de las medidas adoptadas por la Alcaldía de Managua en relación con el tema de la basura, la recolección de la misma y las sanciones adoptadas contra aquellos que violentando las disposiciones establecidas al respecto, continúan ensuciando la ciudad, transformándola en un inmenso basurero y en un foco de enfermedades producidas por la falta de higiene.

A la configuración geográfica de Managua, predios vacíos en medio de urbanizaciones, se suma la indiferencia y falta de responsabilidad de quienes utilizan esos espacios para depositar toda suerte de desechos y desperdicios, los que deberían estar concentrados en sitios específicamente destinados a cumplir esa función.

La medida de la municipalidad, que merece el respaldo de la ciudadanía, debería completarse con el establecimiento de sitios apropiados para tal propósito y debidamente informados a la población, como parece que ya ha comenzado a hacerse, según señalan diferentes medios de comunicación, y, además, con un calendario para recolectarla, el que debería cumplirse en forma adecuada.

No hay que olvidar que la obligación de actuar, como corresponde, es de todos, autoridades, personas y comunidad; no obstante, en este caso la principal responsabilidad corresponde a la población, cuya actitud denota una cultura de indiferencia e irresponsabilidad que conlleva, además, a una ausencia del sentido de la vida social y del compromiso comunitario y a un déficit en la conformación misma de la identidad individual, formada, además de los caracteres propios del sujeto, de los elementos constitutivos que aporta la vida social.

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, dice Ortega y Gasset en las Meditaciones del Quijote en 1914, indicando que la circunstancia es constitutiva de la identidad individual y de la conciencia subjetiva. Por esta razón, una cultura de la indiferencia y la irresponsabilidad afecta no solo al contexto social, sino, además, a la propia condición identitaria del sujeto singular.

En consecuencia, la cultura y la educación tienen aquí un papel fundamental y su ausencia ha sido no solo para el caso específico al que nos estamos refiriendo, un factor negativo en nuestra experiencia histórica y política.

Entiendo aquí el concepto de cultura, no como privilegio de minorías, sino como las múltiples expresiones que caracterizan a una comunidad, tanto en sus rasgos positivos como negativos. Cultura, dice el Diccionario de la Lengua Española, en una de sus varias definiciones, es el “conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo”.

Podría pensarse que este hecho concreto forma parte de una tradición y una cultura y que como tal es, además, reflejo de una determinada conducta en el ejercicio político a lo largo y ancho de nuestra historia. Desde ese punto de vista no es antojadizo suponer que en los hechos puntuales y cotidianos se reflejan actitudes semejantes a las del acontecer político nacional, tales como indiferencia, irresponsabilidad, violencia, y la idea de que se puede salir a flote individualmente cuando el país naufraga.

Pienso que es indispensable una nueva cultura construida a través de una práctica y una educación en valores, pues si no hay un cambio cualitativo en la raíz de los acontecimientos, difícilmente podrá haberlo en los hechos que de ella provienen. Si la causa es la misma, los efectos también lo serán.

Nuestra historia ha reproducido incesantemente este cuadro, porque los nicaragüenses no hemos tenido, salvo en raras ocasiones, la intención de romper este cerco que aprisiona y hace de nuestro accionar una repetición casi mecánica. Creo que solo un proyecto estratégico puede permitirnos salvar los obstáculos que mantienen estancadas las aguas y dar un salto cualitativo que nos lleve a consolidar la democracia y la paz, y, luego, consecuentemente, modernizar el Estado, la sociedad y la economía.

Es imprescindible alcanzar un acuerdo integral que logre un consenso sobre la democracia, el rechazo a la violencia y la reafirmación de una cultura de paz, al tiempo que consolide una política estratégica en lo económico, lo social y lo que corresponde a la naturaleza, estructura y función del Estado y sus instituciones. Un proyecto que priorice el papel de la ciudadanía y que sea capaz de motivar la participación de los nicaragüenses, hoy desconfiados y escépticos por más de una razón, en la construcción del presente y futuro de nuestro país.

De entrada es necesario propiciar una actitud que permita dar los siguientes pasos en la reconstrucción integral de Nicaragua. Querámoslo o no, hemos entrado en una etapa que exige una búsqueda de valores sobre los cuales sustentar nuestra existencia histórica. Espero que los nicaragüenses seamos capaces de encontrar un plano de coincidencias mínimas, aún y cuando nuestras diferencias existan, o quizás, precisamente por eso. El hecho de ser diferentes y de pensar distinto, no es una razón para descalificarnos todos los días.

El primer reto es el superar esa situación, y, a sabiendas de las diferencias, encontrar los puntos comunes. ¿Nos hemos planteado alguna vez qué nos une por encima de tantas cosas que nos separan? ¿En qué punto, a pesar de las legítimas diferencias políticas, ideológicas, partidarias o religiosas, podemos decir que hay una comunidad de valores para reconstruir el país? Me parece, o al menos así lo espero, que hay más razones que pueden unirnos que pasiones políticas que nos separan y confrontan, y creo, sin pretender dar fórmulas, que habría que construir sobre valores culturales comunes, universales y particulares, que pueden servir como categoría ética y teórica para enfrentar la situación actual.

Por encima de las contingencias políticas hay que buscar lo esencial de lo nicaragüense, la Nicaragua profunda que subyace en el subsuelo de la historia, de la cultura y el corazón de nuestro pueblo.

Una condición indispensable para operar este cambio cualitativo es el respeto de parte del Estado y el poder político a la libertad integral de la persona, sin pretender condicionar, por cualquier medio que sea, la vida individual, familiar o social.

Creo que esos cambios que nuestra cultura política necesita deben iniciarse en los hechos concretos que atañen a la vida cotidiana, como en el caso que hemos tomado de referencia en este escrito. En la actitud de la ciudadanía se expresa la posibilidad de asumir valores como la libertad, la responsabilidad, el respeto a la privacidad, la dignidad, la estabilidad económica y social, la conciencia comunitaria y la participación, imprescindibles para la construcción de una sociedad más justa y libre. El autor es jurista, filósofo y escritor nicaragüense.

COMENTARIOS

  1. Hace 14 años

    la referencia es de caracter puntual, porque el cancer de la basura aunque de importancia dentro del contexto total de nuestro enmarque social/politico/economico/religioso, es tan solo una gota de agua, que aunque molesta como la mosca que abunda en abundancia en nuestro medio , la misma no es realmente el algido, aislado problema a resolver a traves de la aplicacion de la penalidad gubernamental sobre los infractores. Nuestra solucion debe ser integral, sostenible enmarcada por la actitud y

  2. Hace 14 años

    liderazgo sano, honesto y transparente de nuestros gobierno y sus lideres dando la pauta correcta a la ciudadania de nuestros valores culturales, las cuales como dice el articulista deberian de ser las bases para ese ordenamiento progresivo y de sano desarrollo de nuestra sociedad como grupo compacto y no aislado, como se le pretende ordenar en estos precisos momentos

  3. german rene mayorga lopez
    Hace 14 años

    Ya era tiempo que un libre y lucido ciudadano de las dimensiones de Alejandro intervenga para educar, aclarar y orientar, todo como un maestro y poner en orden a los polichanchos, dipuchanchos, ceguas y ratones y pseudo-intelectuales de pacotilla e intelectuales de pantalla chica graduados en la net,retrogrados,momias de xalteva y de Franca genesis camisa-parda -Gracias DR.Serrano Caldera usted es uno de pocos que no huelen feo en la pastocidad politica del pais, sea para usted mi mayor respeto

  4. Culturito
    Hace 14 años

    Muy bien, don Alejandro.
    Contonue martillando sobre este tema tan importante y tan ignorado por el comentariato nicaraguense.

  5. SI TIRA BASURA...TIRESE USTED PRIMERO!!!!!!
    Hace 14 años

    Hablando en pasta y sin dar un recital minucioso de nuestra identida
    colectiva, como ciudadanos inmundos que nos identificamos como
    un pais altamente incultos y terriblemente Chanchos», por la misma
    gracia de nuestra pobre idiosincracia, pervertida por el derroche de
    tanta indiferencia y amanado gusto por convivir con deleite en medio
    de tantas mugres. Propongo que se implemente a modo de ley corre
    ctiva un nuevo sistema innovador, para que todo consciente deposit
    su Basura en el lugar corresp

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