Cirilo Antonio Otero

El café: reflejo de la cultura social y política

El cultivo de café, la práctica de producción del grano de oro es un reflejo de la cultura social y política de los nicaragüenses.

Nicaragua ha producido café desde hace muchos años, y siempre hemos visto esta actividad como una producción que se da y se tiene que dar, es como un acto obligado de la naturaleza.

Las plantaciones parecen eternas, siempre han dado café, siempre sacamos café de las mismas, nada cambia, lo hacían nuestros abuelos y nuestros padres, y ahora lo hacemos nosotros. El café va y viene. Siempre se tiene que dar. Este es el pensamiento nuestro, milagroso, atemperado, atenido, mágico, y sin prevención, sin mirar al futuro, sin estudiar la realidad, siempre acostumbrados.

La actual crisis del café con la roya y otras enfermedades en el cultivo no serán las primeras ni las últimas en presentarse en el país. Tampoco creo que sean el fin del mundo, pues toda producción tiene siempre sus depredadores y limitaciones en el proceso. Lo que es vergonzoso es la actitud de los productores y del Gobierno, al estar lanzándose la pelota mutuamente. En la producción del café, como en toda actividad humana hay tiempos exitosos y tiempos adversos, lo importante es que el ser humano involucrado se adapte a la realidad y prevenga los efectos insuperables con inteligencia, dedicación e investigación.

Los productores de café en Nicaragua, cuando se encuentran en los tiempos exitosos, no tienen una mirada al futuro, ni a la realidad, tampoco a la historia. Actúan como autómatas, mecánicamente, y viven el momento, sin ser previsores, analistas, solo consumidores y gastones de las ganancias en forma desmedida e irresponsable, parecen niños glotones. Los llamados empresarios y productores de café, no lo son, lo que muestran es ser pulperos rentistas e intermediarios de la creación de valor en el campo.

El café al igual que todos los productos de agroexportación ha mostrado en su historia que se desarrolla en ciclos, tiempos altos y tiempos bajos, no es invariable ni eterno. Son cíclicos en el precio, en la oferta, en la calidad, en las actividades culturales, hay que reconocer que el café es parte del modelo económico agroexportador que ha llevado a Nicaragua a la pobreza, desigualdad social, y al desarrollo limitado. Son estos productos los que se han desarrollado a costa de los recursos naturales y el ambiente. Es una actividad agrícola extractiva y Nicaragua es más lo que aporta para producir café que lo que recibe de beneficios, mismos que unos pocos se lo consumen de manera egoísta y nada previsora, por eso ha sido empobrecedor este modelo económico: agroexportador.

El Gobierno y los productores de café deben actuar preocupadamente, cada uno en su área de responsabilidad y alcance. El cultivo de café hay que estudiarlo. En el cultivo hay que invertir. El café hay que renovarlo periódicamente. Las actividades culturales hay que realizarlas, no abandonar los cafetales. Las universidades deben proveer de jóvenes agrónomos, zootecnistas y biólogos para contribuir con los productores para aplicar la ciencia y el conocimiento. Los dueños de finca deben pagar competitivamente a los cortadores y trabajadores en los cafetales. Facilitar caminos y accesibilidad a los centros de producción cafetalera.

Es necesario ser enfático que la producción de café, su comercialización, sus costos ambientales, son un asunto de país no de empresarios solamente. El autor es Sociólogo e investigador social


COMENTARIOS

  1. Productor de TEOSINTAL
    Hace 14 años

    este genio con este articulo tan pobre e insipido lo unico que logra demostrar es que del cafe lo unico que sabe y conoce es que se hacen capuchinos y lates , por favor de estos expertos libranos senor , pobres ignorantes

  2. Lobo de Heredia
    Hace 14 años

    el modelo economico agroexportador empobrece……entonces para que invertir y el gobierno intervenir ….esta raro este articulo.

  3. jairo moncada
    Hace 14 años

    Conozco a los cafelaros y en su mayoria son exactamente a como el columnista escribe. Si no vayan a ver los campamentos a donde meten a los cortadores, donde conviven hombres, mujeres y niños hacinados. No invierten un peso en su gente, solo en sus queridas y malacrianzas de sus hijos. No saben que es responsabilidad social, ni como manejar una empresa

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