Ariel Montoya

El Tratado del Elíseo y Sapoá

Apesar de las disonancias entre políticos europeos de uno y otro bando, de las amenazas de una crisis económica que pueda torpedear lo ya avanzado en la integración del viejo Continente y de la endeble cultura de Paz que persiste en Centroamérica ¿aún atávica aunque menos pastoril?, ambas regiones, guardando las abultadas diferencias geográficas y culturales han logrado sortear las dificultades perentorias gracias a tratados externos que de una u otra forma fueron los puntales para el salto que dieron en la superación de la pobreza heredada por guerras, desigualdades ideológicas y conflictos geopolíticos, tanto en Francia y Alemania con el Tratado del Elíseo de Postguerra en 1963, como en Nicaragua con los Acuerdos de Sapoá en 1988, siendo este el primer resultado para la paz en el istmo luego de Esquipulas II.

Mientras las dos naciones europeas recientemente festejaron esos cincuenta años de paz, no exentos de cierta crítica de la prensa así como de sectores intelectuales incómodos porque a juicio de estos, los mandatarios de esa unión han demostrado más preocupación por las políticas monetarias, desempleos “estructurales” y autonomías fiscales recesivas que por una mayor beligerancia en la política exterior así como en búsquedas pragmáticas a la situación actual, en Centroamérica se evocó en el 2012 los 25 años de celebrada la firma de la paz que trajo desde entonces estabilidad primero a los países en guerras internas ¿Guatemala, El Salvador y Nicaragua?, y segundo a la región en general.

En Berlín, el pasado 22 de enero celebraron el presidente galo Francois Hollande y la canciller alemana Angela Merkel dicho cincuenta aniversario, en una ceremonia en la que además de recordar a aquellos líderes legendarios autores del tratado, el entonces presidente francés Charles de Gaulle y el canciller federal alemán Konrad Adenauer, la nieve al igual que entonces se hizo presente, así como las preocupaciones por el devenir de los nuevos tiempos, siempre enmarcados en la búsqueda de alternativas para las generaciones subsiguientes.

En Managua, en una ceremonia conmemorativa celebrada por los embajadores de ambos países, el francés Antoine Joly y el alemán Karl-Otto König recordaron esa fecha de vital importancia para Occidente, haciendo votos desde sus estrados diplomáticos, para que tanto la paz como el bienestar entre naciones de aquí y allá no se interrumpa.

En ese entorno, el representante francés rememoró los Acuerdos de Esquipulas II y el actual proceso de integración centroamericano, comparando lo trascendente de ambos tratados en regiones distintas pero ascendidas en su orden económico a raíz de los mismos.

Si para algunos europeos es común escuchar que la falta de cultura política y los “nacionalismos egoístas” arriesgan el rumbo de la Unión Europea, (a lo que hay que añadir la crisis actual del capitalismo), es de suponer que en Centroamérica con todas sus vicisitudes históricas y desavenencias actuales ocasionadas por los problemas del crimen organizado y la violencia que impiden un mejor impulso económico podríamos estar en una situación peor que la referida.

¿Qué sería de una Unión Europea desarticulada, fracasada en su proyecto integracionista, de una zona Euro dividida como ya la anunciara Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía?

Definitivamente que la de una región en retroceso marcando una pesada voltereta a todo lo avanzado en estos últimos cincuenta años.

¿Qué sería de una Centroamérica enfrascada en sus egocentrismos localistas? Más de lo mismo: Una región que se negaría a sí misma, a su desarrollo, a su plan de nación regional con todo y lo que ello representa.

Si el Tratado del Elíseo simboliza la torre de defensa para ese proceso integracionista europeo aún con las adversidades actuales, el Acuerdo de Sapoá, el proyecto pacifista más grande para los nicaragüenses, capaz de vencer la artillería del desistimiento entre sandinistas y contras por encima de los morteros y los misiles, representa esencialmente el punto de partida para la modernidad democrática, en la cual la integración regional es su principal soporte. El autor es escritor periodista.


COMENTARIOS

  1. bismarck
    Hace 14 años

    Es importante que los nicaraguenses sepamos mas de lo que fue la guerra, para los jovenes de hoy día ellos no tienen conciencia ni memoria, ojalá las universidades y el ministerio de Educación enseñen mas sobre nuestra historia. Felicidades Ariel por rememorar Sapoá.

  2. Silvio Avilez Gallo
    Hace 14 años

    Excelente enfoque y muy acertada la comparación de los bloques. Miremos dónde está Europa a estas alturas y dónde está Centroamérica el mismo lapso de 50 años. Nos falta cultura democrática y patriotismo del bueno para avanzar hacia las metas que nos hemos fijado. Comencemos por hacer funcionar plenamente la Unión Aduanera y una vez integrados económicamente, el resto caerá por su propio peso, tal como sucedió con Alemania en 1871.

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